Dilema

Ayer por la tarde vi una evidente infidelidad. No hay duda, una amiga mía tiene unos cuernotes descomunales y luego de un matrimonio más o menos reciente. Yo me sospechaba que eso pasaría pero en su momento nadie hubiera creído mi predicción.

Por un lado, no quiero verme como el chismoso que destruye un matrimonio o que por lo menos lo pone a tambalear. Tengo suficientes pesos de conciencia como para echarme uno más y sobre todo porque hay hijos de por medio.

Por otro lado, pienso en el momento en el que a mí me pongan el cuerno y yo en la baba sin saberlo. Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente (y algo hay de cierto) pero creo que el cornudo siempre tiene derecho a saber, si es que no ha aprendido a sospechar.

Además, mi amiga es buena bestia, mansa y de corazón generoso, no merece que le hagan una marranada de ese calibre (hay viejas que sí se lo merecen, claro).

Y ya. Ese es el dilema.

¿Me pasan una cerveza?






Justin Bieber - U Smile

O de cómo la música basura puede reciclarse y convertirse en un obrita disfrutable al reducir su velocidad 800%. Es imposible no relacionarlo con Sigur Ros...






Ese día a esa hora

Hace un par de semanas, murió un amigo cercano de mi madre. Murió por la complicación de una extracción de muela, increíble como suena. La historia corta: se infectó la extracción, la infección pasó a la garganta, a los pulmones, al cerebro, cayó en coma y murió después de 6 meses.

Días antes de su operación, su hermana lo encontró llorando. No tenía una razón aparente, no era miedo a la intervención o al dolor, ni siquiera sabía que la operación se complicaría de esa manera: era lo que creo que es ese puto presentimiento de muerte. Antes de entrar a que lo operaran, le dijo a su hermana que la quería. Nunca le había dicho eso.

Lo mismo en otro caso real: el padre de una mujer se comunica con ella desde otro estado, sólo para decirle después de años que la quiere aunque no haya cuidado de ella ni de sus hermanos. El tipo muere de un paro cardiaco, nada que pudiera predecir. Esa mierda.

Uno más y que me contó mi madre: ella era niña y estaba este señor que por todo se encabronaba y que no soportaba a los niños. A ninguno. Una tarde se sienta a pelar naranjas, un chingo de naranjas y las reparte por mitades... entre los niños. El tipo amanece muerto al día siguiente, también de un paro.

Estos casos y otros han hecho que entre mi madre y yo exista la broma negrísima, en ese sentido de ríete que es en serio, de que cuando alguno de los dos hace algo poco común por el otro o por alguien más, en seguida salta un "¿será que ya te vas a morir?". Y reímos, alargamos la broma, cambiamos al tema que nos ocupa y todo normal.

Pero no podremos evitarlo. Un día será cierto y tal vez nos saltemos la broma. Ella o yo (y ella prefiere ser ella) hará o dirá algo que el otro entenderá claramente como el signo de que pronto morirá. Nos quedaremos callados un momento, no alargaremos nada y seguiremos al tema que nos ocupa. Pero ya nada será normal.






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