Oiga, joven...

Si ponemos un poco de atención, nos daremos cuenta que la mayoría de los meseros que sonríen y dan buen servicio, lo hacen por que les gusta su trabajo. Es cierto, van por la propina pero hay mucho de amor al arte en cuestiones de aguantar al prójimo desconocido.
Un mesero que no sonríe, que saluda mecánicamente y que te trae en chinga para que comas y te largues, es obvio que no disfruta su chamba, que se queja por las bajas propinas y que no ha cogido en mucho tiempo. ¿Y quién quiere que lo atienda alguien así? Yo tampoco.
Todo encaja perfecto cuando el mesero es buena gente, amable, bromista moderado y atento a lo que necesitas. Cuando estas condiciones se dan y el universo mueve sus influencias para que el cliente también sea amable, bromista y atento con el mesero, ambas partes quedan satisfechas a tal punto que el cliente suelta una generosa propina y ansía regresar, mientras el mesero suelta un generoso servicio y desea atender de nuevo a ese cliente. Nótenlo: quiere volver a atenderlo porque le hace sentir bien poder dar un servicio de calidad, la propina es consecuencia lógica.
El problema es que en muchos existe la creencia de que un mesero es un gato que debe lamernos los pies, así, sin chistar. La confusión de servicio con servilismo puede llegar a límites ridículos. Y es universal.
Todos tenemos un primo mamón que ningunea a los meseros, que los trae a las vueltas y que les avienta besos (cúspide de la naquez) al pedir la cuenta. Es nuestro primo, caramba, es familia y hay que salir de vez en cuando con él. Sin embargo, nos está metiendo en un pedo. ¿Porqué? Porque los meseros pueden ser unos panes de Dios, sí, pero también unos reverendos hijos de puta vengativos.
Un mesero sobajado no dirá nada, no te tomará por el cuello con un cuchillo cebollero ni hará llamadas anónimas para extorsionarte. Lo que hará es escupirte en la sopa, estornudar en las salsas, pasar su pito alrededor de tu vaso o un dedo con buqué a mierda, toser en las tortillas, etcétera.
-jejeje ¿a poco trabajaste en el Hooters?
-sí
-¿y nunca le escupiste a la sopa?
-uuuh un chingo de veces si el cliente se ponía mamón. Nomás le daba vueltas para que no se viera la espumita y órale, trágatelo, cabrón! jajajaja!
(Esa conversación fue real, júrolo. Este pueblo está lleno de meseros, camaristas y bar tenders y quien viva aquí conoce mínimo a uno.)
Después de eso, el mesero tiene una sonrisa de satisfacción visible a lo lejos. Es parecida a la que tiene después de una propina que por mucho excede el famosos 10%. Si lo tratas mal y aún así sonríe, ten por seguro que estás ingiriendo fluidos meseriles.
Sé que todo esto ya lo sabías. Sólo quise recordártelo (y recordármelo) porque ya casi es la hora de la comida. Y hoy comeré fuera.

