Estoy completamente convencido de que la diversidad de fauna es lo que mantiene el equilibrio de la cadena alimenticia. La Señora Naturaleza, tan perra pero tan sabia, no aventó pincelazos a lo estúpido, no, no, no, sino que tenía perfecta conciencia de lo que estaba haciendo.
Sin embargo, las especies evolucionan como quieren (o como pueden) y a veces terminan convirtiéndose en los payasos de la cadena, tal como lo son los sublimes.
En el vasto universo (¿no adoran esa muletilla?) de los escritores, los sublimes ocupan un porcentaje alarmante, dominante, escalofriante. Desde el sótano de la ingenuidad, los sublimes escriben cuentos, poesías, ensayos, novelas, cartas, artículos y todo lo que se pueda escribir con el alfabeto que tienen a la mano.
Se caracterizan por apresurarse a declarar, con falsa modestia, que no podrían vivir sin escribir. ¿Y cómo escriben? usando un puñado de palabras cliché y sus derivados como amor, alma, eternidad, corazón, horizonte, palpitar, tristeza, profundidad, éxtasis, mirada, infinito, etc. y, sobre todas ellas, tienen un filia espantosa por la palabra sublime. Creen, no sé porqué, que sublime es la palabra que describe lo indescriptible y no tienen vergüenza en usarla al llegar al orgasmo de su escritura.
Así, los sublimes no dicen "Mi mamá me mima" sino "Mi madre me proporciona sublimes caricias desde su alma eterna". Y se duermen convencidísimos de que han escrito una línea fenomenal.
Los sublimes saben poco de puntos, comas, acentos y de ortografía en general pero saben mucho de inspiración. Son los campeones invictos de la inspiración y la encuentran, claro, en los sitios cliché: el campo, el mar, el amor, la primavera, la infancia, la nostalgia y su prima la melancolía, en el horror de la cotidianidad. Lo hacen así porque se dicen sensibles, y tal vez lo son pero ignoran que terminan escribiendo vil sensiblería.
¿Hay cura para ese mal? No lo sé a ciencia cierta. De la misma manera en que algunos alcohólicos se rehabilitan al tocar fondo y otros nunca se rehabilitan ni aunque por años naden en su vómito, así los sublimes pueden dejar de serlo o seguir produciendo infinitamente sus sublimadas.
Como sea, lo mejor es mantenerse lejos de ellos.
Notas vergonzosas.
1.- Si buscan en mi historial, encontrarán suficiente evidencia para afirmar que fui un sublime. No la borro porque es bueno recordar cómo escribía hace algunos años. Es como abrir esa caja de zapatos con los recuerdos de la secundaria.
2.- Esto es real, lo juro: anoche soñé con una canción que sonaba muy, muy bien. Logré retener, ya despierto, la melodía durante unos minutos. No era ninguna canción que haya escuchado y me sentí muy contento por tener un subconciente compositor de alta calidad. El problema no fue mi Jaime Nunó sino mi González Bocanegra: la canción se llamaba "You Are My Favourite Mountain". Así, en mayúsculas y en british.