Andar con un hombre casado
Digamos que en un bajón de la cordura tu corazón le abrió las piernas del alma a ese tipo que sabías era casado. No te importó, lo aceptaste feliz porque, coño, era ÉL.
Te trató muy bien, todo un galanazo. Supo decirte lo que necesitabas escuchar y fue delicado a la hora cachorra. Con las mañas que se alcanzan con el tiempo, te llevó al punto sabrosón de tus hervores. ¿Y tú? Pues nada, toda volcánica, toda entregada, toda convencida de que eso tenía que ser amor.
Ser la querida era un mote que sentías se quebraba poco a poco a medida que él te contaba las malas nuevas del día. Las peleas con ella, su clara manipulación con los hijos, su ambición por querer sacarle dinero, todo desvanecía esa etiqueta en ti, esa que está a un costado de la de las putas.
Hecha una bolita de ilusiones, le pediste que la dejara. O no se lo pediste, se lo insinuaste con una frase corta y con esa sonrisa que en las amantes peca de inocente. Él te dio largas: que sí, que no, que los niños se ven tristes, que el trabajo no se lo permite, que la crisis, las manutenciones. Razones que en el fondo te sonaron a pretextos pero que, ya casi muerta tu cordura, aceptaste con un poquito de esperanza. "Con el tiempo verá que yo sí lo amo" pensaste, segurísima de ti.
¿Y qué pasó? Nunca la dejó. Con el pretexto de ver a sus hijos, terminó revolcándose con ella de nuevo. Y cómo te purgó eso, cómo te hizo daño. La poca dignidad que te quedaba se la regalaste el día que aceptó que sí, que ellos dos cogían de nuevo, pero que lo hizo porque no tenía alternativa. Ajá, sí, claro. Y ahí estabas tú como buena pendeja para aceptarlo de nuevo. Pobre él, tan confundido, tan acorralado ¿Qué otra cosa podías hacer?
[Silencio]
Mira, yo no soy un pan de Dios y tú lo has visto, pero si una virtud tengo es que digo las cosas de frente. Y que ese pendejo te haya subestimado, no significa que yo también lo voy a hacer. Eres una mujer inteligente y capaz, vaya, admito que eres superior a mí en muchas cosas. Eso no me achica, al contrario, me confirma que no me estoy equivocando. Te amo, flaca, y te lo digo como es. Yo sí voy a dejar a mi vieja por ti, no como ese güey. Nada de largas, nada de hacerme la víctima, nada de pretextos para estar con ella. Te lo juro.
Bueno, pues ya llegamos.
Malviviendo.com
Uno de los descubrimientos que más me han agradado este año, es Malviviendo, videoblog español que ya lleva dos premios en la bolsa.
El producto final es de muy buena calidad (ok, con sus altas y bajas, como todo) y parece seguirá así hasta que alguna cadena de televisión los contrate para que todo se vaya a la mierda, como le pasó a Qué Vida Más Triste, quienes perdieron toda la chispa... aunque Borja, Josebas y Nuria sean unos personajazos simples pero bien construidos y los capítulos en los que aparece Bruce Willis sean demenciales.
Regresando a Malviviendo, vale la pena ver los 8 episodios y esperar por el noveno, seguir las historias dentro de las historias y ver que aún hay gente que hace cosas de puta madre por el simple placer de hacerlo.
Como ustedes saben, no es muy frecuente que recurra a poner videos en el blog. Hoy lo hice porque, siguiendo el perfil de un tipo en tuiter, llegué hasta un podcast en el que dice -vaya novedad- que la mayoría de la televisión nacional es basura PERO que le gusta ver Desmadrugados, ese programa mierdero de Jaitovich (o como se escriba, me vale verga), y que Ensalada de Locos era un buen programa de comedia. Y lo dice en serio, sin un puto dejo de sarcasmo. Háganme el chingado favor.
Aquí el primer capítulo de Malviviendo. Enciendan la mota y disfruten. Y aprendan.
Una fea, mientras más fea y más consciente de su fealdad sea, sabe que tiene pocas posibilidades de que eso se vuelva a repetir
Y el segundo capítulo de Qué Vida Más Triste, nomás para que no digan que soy culero.
No estarán esperando videos de Desmadruga2 y Ensalada de Locos, ¿verdad?
Tanques
Tan autóctonos, que exportamos el penacho
Tan musicales, que vomitamos álbumes de culto
Tan sobrios, que la ebriedad se torna ridícula
Tan ebrios, que la sobriedad adquiere sentido
Tan hambrientos, que le tomamos gusto a lo incomible
Tan administrativos, que gastamos a lo pendejo
Tan altos, que nos tuteamos con los macucos
Tan subterráneos, que se la vendemos al demonio
Tan ajenos, que nos la pela la empatía
Tan religiosos, que desgarramos vestiduras
Tan fértiles, que le rezamos al cytotec
Tan estúpidos, que mantenemos la esperanza
Tan críticos, que olvidamos la emoción
Tan nacos, que las indígenas se nos ponen con melindres
Tan suicidas, que reafirmamos la mentira
Tan dietéticos, que engordamos como chanchos
Tan flexibles, que perdimos el orgullo
Tan sutiles, que escupimos a la cara
Tan campantes, que encontramos libertad
Tan seguros, que lo arreglamos a patadas
Tan finolis, que olemos a Chanel
Tan escépticos, que imploramos abducciones
Tan ingenuos, que lo echamos al azar


