No sé si he dicho esto antes (tal vez sí pero no me voy a poner a buscarlo) pero creo que la imagen materna está irrazonablemente exagerada. No es que las madres valgan madre sino que el medio, la cultura, la gente bruta y los conservadores que vieron en la píldora una amenaza a la pululación de niños infelices las han convertido en un amasijo de virtudes y cero defectos. Según ellos, las madres son santas, son las dadoras de vida, las que han sufrido el mazazo destructor de la mentalidad machista y que por lo tanto, vaya, son dignas de comprarles una licuadora o rosas de semáforo.

Nadie se atreve a poner en duda ese mito de la madre santificada. Todos nos reímos de los tipos que llegan a secundaria y aún creen en los Santos Reyes o Santa Claus, pero nadie se ríe del que llegue a secundaria teniendo la imagen materna sobre un pedestal. Nadie se nos acerca y nos dice "hey, ¿ya te dijeron que tu mamá es simplemente una mujer?". Aunque nos lo dijeran, inmediatamente brincaríamos a los putazos creyendo que de algún modo hay un insulto inmiscuído en esa pregunta y responderíamos algo como: "¿qué te pasa, pendejo? ¡con mi mamá no te metas!".
No admitimos que nuestras madres son personas comunes y corrientes, que pueden ser tan envidiosas, estúpidas, cachondas (¿o cómo creen que nacieron ustedes, eh?), egoístas, ambiciosas, manipuladoras y todo ese largo etcétera que le endilgamos a la mayoría de las mujeres.
Es como si al parirnos obtuvieran un amparo incuestionable. Y lo chistoso es que muchas madres se tragan el cuento del pedestal y lo transmiten a sus crías, de tal suerte que cuando los chamacos les hacen ver un error, una falta, una contradicción, aquellas no dudan en soltarles una bofetada perfecta (de las que dejan el cachete rojo, caliente y palpitando) y cierran la discusión con un:
-¡Respétame y te callas, que soy tu madre!
O bien, se hacen las sufridas.
Pero yo creo que parir un hijo no las hace nada especiales. No hay un mérito en ello. Es decir, el simple acto de llevar la carga durante meses, soportar ascos y antojos, mareos y abstinencias, no las pone por encima de ninguna otra especie animal que padece lo mismo o cosas peores (el riesgo de ser comida por un depredador, por ejemplo).
El mérito, en todo caso, está en la educación que le hereden a los cachorros, y si tal educación se basa en los mismos mitos y rituales inútiles de siempre, entonces la Señora Tlacuache les lleva ventaja.

Por otro lado, es curioso ver que muchos desprecian y escupen y se cagan sobre los 14 de Febrero porque son "esa mierda mercadotécnica", sin embargo cada 10 de Mayo no dudan en canjear sus puntos de Soriana o endeudarse en Coppel para comprarle alguna baratija a la autora de sus días.
-Es que, Cani, no mames, no es lo mismo
-¿porqué no?
-¡pues porque se trata de tu mamá!
Viéndolo detenidamente, es exactamente lo mismo: mercadotecnia, sólo que el culto a la progenitora tiene unos cuantos siglos más de existencia y se nos repite hasta el cansancio desde la primaria, con esos poemas cursilísimos, las manualidades malhechas y los bailables forzados en los que hacemos el ridículo para hinchar el orgullo maternal.
Pareciera que no hay manera de salvarse.
En fin. Es 10 de Mayo, así que pueden ir y alterarle la tranquilidad a sus respectivas viejecitas. Total, hoy les toca...
Ah, sí, respecto a la mía, lo único que puedo decir es que si algún día se me ocurriera subirla a un pedestal ella sería la primera en abofetearme para que dejara de hacer esas idioteces. Lo jurito.