martes 31 de marzo de 2009

Cuando presionar ofrece resultados

Si ustedes creían que la denuncia no sirve de algo, se equivocaron.
Resulta que Rox me envió la prometida foto luego de que escribí el post del jueves. También me mandó el link de la premiación (que creí la había borrado, snif), helo aquí merengues.

El envio fue por correo ordinario (o sea, electrónico... admitámoslo: lo extraordinario ahora es enviar una carta ayudados por un señor en bicicleta y gorra chistosa). Desgraciadamente no pudo enviarme la esencia de las bragas sin lavar porque no tengo instalado el plug-in para recibir olores.

¿La foto? no, no la publicaré. La razón más poderosa que tengo es la del egoísmo: si quieren foto, deben ganársela... y con la pena pero el concurso fue hace un año.

Y pues ya, es todo.

lunes 30 de marzo de 2009

Urbanidad y buenas costumbres

El Manual de Carreño es una obrita destinada a sacar del salvajismo a toda la perrada que cree que debe seguir los códigos programados en su cerebro reptiliano.

Es un compendio de educación, buen gusto, elegancia y rituales apretaditos que, según el venezolano, hay que seguir en todo momento. Así, cuando todos dicen "¡a huevo! ¡a darle duro que es mole de olla!", Carreño dice "Sí, pero los cubiertos tomémoslos empuñando el mango con los tres últimos dedos, y adhiriendo a éste el pulgar por el lado interior y el índice por encima, por favor". De ese tamaño.

Carreño nos habla de cosas chistosísimas (Dios, la Patria y se saltó a la Coca-cola porque faltaban 33 años para que la inventaran) y otras seriosísimas (el aseo, la conversación y el tiempo límite para ir a dar nuestras condolencias tras un fallecimiento), pero nunca nos habla de la buena conducta, el buen gusto, la elegancia y los rituales adecuados a la hora de coger.

¿Porqué olvidó incluir eso? Ignórolo pero habría sido genial porque muchas personas, después de 156 años, seguirían creyendo lo que el tipín hubiera escrito al respecto, tal como lo hacen con babosadas como esta:

"Es enteramente vulgar y grosero el tutear a una persona con quien no se tiene una íntima confianza. Y aun mediando esta confianza, cuando por nuestra edad o categoría estemos seguros de que la persona con quien hablamos no habrá de tuteamos a nosotros, abstengámonos de usar con ella de semejante tratamiento, el cual podría aparecer entonces como una vana ostentación de superioridad. Está, sin embargo, admitido el tutear a los inferiores..."

Los casos más ridículos se dan en el medio laboral, en el que el jefe tutea (entiéndase: ningunea) al empleado, y el empleado ustedea (entiéndase: se arrastra por la papa) al jefecito al que por dentro le mienta la madre.
Esto, además de ridículo, es triste... pero cierto.

Ok, movámonos.

Las reglas de cortesía y buena educación en el ámbito sexoso, según yo -y mi opinión es indiscutible-, pueden resumirse como sigue:

-Un hombre jamás debe desvestirse y dejarse los calcetines. Un hombre, de hecho, jamás debe desvestirse: la mujer debe desvestirlo.

-Como acto de caballerosidad, las mujeres maman primero.

-Se considera una falta de respeto que, tras una mamada, la mujer haga buches y luego escupa el producto proteínico. Lo más cordial es que se trague la plasta, sin hacer ruiditos guturales y sonriendo al finalizar la acción.

-Para evitar molestar a los vecinos, debe taparse el hocico de la perra en caso de que sea muy pinche gritona.

-Una mujer tiene toda la licencia de patearle los huevos al tipo que grite como dinosaurio a la hora de venirse. Eso es algo que sólo Ron Jeremy tiene autorizado.

-Todo culo debe permanecer indescriptiblemente limpio: es desagradable coger de perrito a una mujer que tiene restos fecales odorizando el numerito.

-Por cortesía, si el acto se efectúa después de una sesión de excesos, un hombre debe permitir que la mujer esté más briaga/coco/mota/pasta/mona que él.

-Nada de pedorrearse a menos que coman puros pétalos de rosa.

-El nombre de la pareja se pregunta AL TERMINAR de coger, NUNCA ANTES.

-Si se coge en el baño de un avión, recordar que al terminar no se debe encender un cigarro. La Organización de Aviación Civil Internacional prohibe que manifiestes tu frutración disfrazada de satisfacción.

-En una orgía, si el número de mujeres supera al número de hombres (que nunca es así pero pues bueee, por si se da el caso), las mujeres restantes deben besarse entre ellas y manosearse fogosamente. En caso contrario (más hombres que mujeres), los hombres restantes deben limitarse a jugarse el chóstomo mientras esperan su turno.
El mundo porno está ampliamente documentado al respecto.

-En caso de orgía zoofilica, debe tenerse relaciones primero con el animal más viejo y luego con el más joven. Esto es para infundir confianza en la juventud.

-Los calzones de carpa y las trusas son de mal gusto. Aquí y en todos los confines del puto universo.

-Cada quien se limpia sus genitales con las hojas de las ramas más cercanas. Admitámoslo, sólo somos unos pinches primates.

-El que propone, paga el motel.


A grandes rasgos y porque ya está muy largo el post, creo que es todo... ¿o qué me faltó?

jueves 26 de marzo de 2009

Volvamos a la programación habitual

Hace un año, bueno, por estas fechas, hubo un guarriconcurso que consistía en escribir piropos groserones a Rox. Yo participé con un poema y tenía pocas esperanzas de ganar porque respeté la mitad de las reglas.

El premio consistía en una fotografía de Rox encuerada (como dicen las encueradas de las revistas: muy artístico, muy cuidado, nada de vulgaridades) que sería enviada vía email.

Bien, por azares del destino, resultó que gané pero no recibí la famosa foto del tatuaje. Desgraciadamente Rox borró todo su pasado en un clickazo y ya no queda evidencia de mis logros.
Ahora bien, decir que participé por amor al arte sería atentar contra el yo-porno interno; decir que lo hice por satisfacer el morbo sería atentar contra el escritor muerto de hambre que habita en mí.

Esa fue la segunda vez que participé en un concurso de escribir-algo. En el primero, lo hice con un cuento chafísima que envié a la Casa de la Cultura, con la esperanza de recibir -soy sincero- el premio económico. Confieso que el reconocimiento y los aplausos a la obrita me importaban un soberano pito en rodajas. Ahí no gané ni una sonrisa.

De todo esto aprendí algo muy importante (no es cierto pero finjamos que sí): hacerle caso a las corazonadas. Y mejor digamos "presentimientos" porque "corazonadas" se oye muy telenovelesco, cursi y medio maricón.
En ambos casos una vocecita, la misma que me dice "mata a tu madre", me decía que algo saldría mal. No le hice caso. Y me pongo a pensar que tal vez sea mejor que ahora siga sus directivas como el ciego al lazarillo porque al parecer ya comprobó su eficacia.

Si no tienen nada mejor qué hacer, pueden leer el poema.






Yo debo dejarlos por ahora. Una señora se llevará una sorpresa al rato.

viernes 20 de marzo de 2009

Látigo Erótico


Látigo Erótico era luchador exótico en Michoacán, en una arena de la que ya nadie recuerda el nombre. En unos meses se hizo de cierta fama y de algo de dinero, el suficiente para sobrevivir y mantener a una mujer preñada de un hijo del que dudaba el parentezco.

Cuando la oportunidad tocó a su puerta, Látigo la aprovechó y se coló a las filas de las grandes ligas: luchar contra los famosos que aparecen a nivel nacional en la televisión significaba mayor proyección y por supuesto dinero. Sin embargo, debía mantenerse en el bando de la flor, el rímel y los holanes, cosa que estaba dejando de ser entretenida pero que, como la mafia, parecía no admitir un paso atrás.

Esa cosa misteriosa que los ingenuos suelen llamar éxito comenzó a asomarse en el panorama a medida que los sillazos volaban frente a las pantallas y en arenas repletas; la fortuna fue haciéndole cosquillas en la cartera y todo parecía ir a las mil putas maravillas. Incluso el bebé tuvo la fortuna de nacer en un hospital aséptico, lejos de los focos de infección patrocinados por el gobierno.

Justo en ese momento de su vida, Labios de Fuego se le cruzó en el camino. A diferencia de Látigo, Labios de Fuego no fingía la mariconez y salió del clóset con todo y máscara (para doble sorpresa de sus padres).

Maldito el torzón pero bendita la forma: Labios entró al carril afortunado de Látigo la noche de una pelea en jaula, cacareada hasta el hartazgo, en la que desde una semana antes se había arreglado que ambos -junto a Divino Temblor- perderían la pelea. En los vestidores, mientras se ataba las botas, Labios le comentó a Látigo: "lo que no saben es que ganaremos, jijiji", como señal inevitable de que el arreglo se lo estaba pasando por la panocha en construcción.

El espectáculo fue genial; el desconcierto de los otros 3, que daban por ganada la primera caída, terminó en una furia y deseos de venganza que se tradujeron en una segunda caída ganada -contra lo arreglado- y en una tercera también perdida.

La desobediencia les valió que el respetable se desgañotara bajo la satisfacción de haber visto una pelea perfecta, con tanto apego a la realidad y a la técnica, que los que manejaban el dinero sólo se encogieron de hombros y aceptaron que la decisión de los rebeldes fue acertada. Pero lo que el público y los managers ignoraban era que Labios lo hizo inducido por la ilusión de una química personal, no profesional. Esa maldita mierda de siempre.

Labios de Fuego creyó en Látigo Erótico como tal, creía real el personaje creado a partir de la fanfarronería, la despreocupación, el valeverguismo y la putería. A pesar de saber que ya había nacido el hijo de aquel (que los comentaristas bautizaron como Chicotito Vengador), Labios estaba convencido de que Látigo fingía bajo el cuadrilátero, no en él.

Después de varias peleas ganadas, de que la fama derramaba de espuma el vaso de la billetera y los autógrafos, Labios de Fuego invitó a Látigo a una noche solos, en calidad de compañeros de peda, de hermanos de logros.
Cuando el alcohol ya había hecho su trabajo y ambos estaban en ese sabroso lapsus de desinhibición, Labios de Fuego acortó las distancias, regaló el abrazo y finalmente plantó el beso.

Látigo se quedó pasmado por una milésima de segundo, en la cual no hubo asco sino una sensación de una puerta diminuta que se abría: la de la duda. No dudó de su inclinación sexual sino de haber hecho lo correcto: haber decidido el bando exótico -por dinero-, haber firmado con la empresa monumental -por dinero-, haber aceptado la barrabasada de Labios de Fuego -no lo sabía pero presentía que desobedecer el arreglo de una pelea y salir airoso, significaba dinero-, haber aceptado más peleas junto a Labios, haberle mentido a su vieja para estar esa noche con el genio homosexual, quien justo en ese momento deslizaba la lengua para acariciar las comisuras del michoacano.

La bomba reventó en un vergazo contundente directo a la mandíbula del maricón. Otra milésima de segundo y la puertita de la duda se cerró: bien, era por dinero, pero no por eso tenía que aguantar los enamoramientos pendejos de una alma en pena.
Y a medida que Látigo descargaba los mazazos, Labios de Fuego se dejó aplastar, tal vez sólo cubriéndose lo básico, emulando ridículamente el dicho que reza "pégame pero no me dejes" como si tal cosa fuera aplicable en ese caso.


Se disolvió la sociedad. El cartel de las peleas de la siguiente semana se sustituyó por uno menos impresionante, menos exótico. Mantuvieron la amistad un tiempo. Procuraron enterrar el episodio pero lo dejaron en eso, en intento.
Látigo se cambió un poco de nombre (se quitó el adjetivo) y se pasó al bando de los rudos, con pésimos resultados. Labios de Fuego continuó con cierto impacto sobre el público pero estaba muy lejos de lo alcanzado junto a Látigo Erótico.

Chicotito Vengador, por su parte, se dedicaba a mamar como enfermo y a parecerse cada vez menos a su supuesto padre.


comentarios

viernes 13 de marzo de 2009

Aqui mero va un titulo apropiado

Sí, vayan a Recolectivo.



Yo me largo al DF. Mi vuelo sale al ratito y yo aquí puteando.

¡no quemé mi boleto! =D
así que si alguno de ustedes, lectores que ya perdí, quiere invitarme una chela allá, la acepto con sumo gusto antes o después del concierto del domingo.

Ahí se ven.