En mi cama
Si eres un mariquita (que apuesto a que lo eres) lo más seguro es que al morir quieras ver el túnel, la luz y los recuerdos. No te culpo, es normal en los mariquitas. Pero nada es gratis, mijo: para que tu cerebro active el modo "muerte feliz" debes seguir ciertos procesos, y esos procesos incluyen un muchito de dolor y de agonía.
En cambio, con la muerte instantánea -como el café, las fotos y las sopas de plástico- las cosas pintan muy distinto. Sin túneles, luces ni memorias sólo un ¡mocos! y estiras la pata. Sólo que el método es radical: que te explote la cabeza. Puede ser que te caiga una piedrota, que caigas desde un décimo piso, que te den un mazazo, o lo más común: que un auto te machaque ese cerebrazo que te cargas.
Sí, la escena es grotesca: sangre, grasa, carne y señoras que se tapan los ojos pero dejan rendijitas para ver lo que no quieren ver; sin embargo, los trámites son menores. Fila cero. Nada de vaya a la ventanilla, saque dos copias y regrese conmigo. Muerte VIP. Un poco escandalosa pero VIP.
"Yo quiero morir dormido, en mi camita" decimos todos. Yo lo he dicho. Y luego me descubro sentado a lado de otros borrachos en un auto a 120. Hay contradicción porque no hay contrato.
La muerte debería tener paquetes a elegir de la misma manera que los tiene el destino. Un día, también a tu elección, deberías poder sentarte con un empleado de la flaca, un tipo ojeroso pero festivo (gran vendedor), para decidir cómo entregar el equipo.
-Quiero morir por un piquete de mosco luego de descubrir unas ruinas egipcias
-Imposible: ese paquete ya se vendió.
-Mmm... bueno, tons que sea en mi camita, durante un orgasmo, mientras me empierno con Emily18.
-No disponible. Mire, así de ofertas tentadoras tengo: Asaltos con violencia, Muerte por Enfermedad, Accidentes y un chingo de lugares en Desastres Naturales.
-Accidente. Que mi cabeza reviente como una calabaza.
-Hecho. Fírmele ahí abajito, sin salirse del cuadro, por favor.
-Sí, ah y quiero que sea a los 64 años, como la canción de los Birules.
-Con la pena pero la fecha del evento no la vemos nosotros. Es con... -y apunta con el dedo hacia el cielo.
Pero Dios jamás soltará prenda. Mientras tú dices "dormidito en mi cama", él se caga de risa y dice "¡sí, Chucha, cómo no!" porque Dios te odia a pesar de que no existe, ve tú a saber porqué.
Entonces, estamos solos. No hay empleado que nos garantice nuestra muerte al gusto, ni hay simpatía por parte del Ficticio. Qué más nos queda que empinarnos otra botella, otro cigarro, caminar por la banqueta mientras cruzamos los dedos, agacharnos durante el tiroteo, decirle que sí al Diablo, confiar en nuestra suerte.
Y pensar que lo único que podemos hacer en nuestra camita es dormir, soñar y pedorrearnos. Porque para morir hay lugares mejores, y para coger, también.



