viernes 31 de octubre de 2008

Lulu.com y sus precios de envio

¿Recuerdan que les prometí un libro? Bueno, parece que la idea ya se puede ir por el caño, y no porque Lulu.com haya aumentado sus precios de producción: el libro les costaría -calculando que fuera de 176 páginas- $11.77 dólares (algo así como unos 150 pesos mexicanos). Hasta ahí, creo que todos podríamos pagarlo. El pedo es el envío.

Me puse a buscar un libro que tuviera el tipo de pasta, encuadernado y precio parecido al que quiero hacer. Lo encontré. Hice el proceso de compra solamente para ver en cuánto me saldría el chiste al momento de ya tener el propio.

Píquenle para verla en grande. Las cantidades están en dólares.



¿Alguien está dispuesto a pagar eso por leer un libro escrito por este muchacho guapetón? Yo no.

Es verdad que Lulu tiene la opción de vender la obrita como ebook (mucho más barato: unos 4 dólares, sin más cargos) pero ¿un ebook? ¿así qué pinche chiste?

Tengo dos opciones: esperar a que le bajen o ponerme a buscar otro lugar (¿bubok? ¡17 euros nomás los gastos de envío, jojojo!). Y tal vez sí le bajen... al menos ya hay gente quejándose en el foro.


Si conocen algún sitio que cobre menos por los gastos de envío y tenga buena fama, pásenme el dato. Les agradeceré enormemente.


Es todo. Ahora vayan a RECOLECTIVO, hay un cuento mío bien bonito.

viernes 10 de octubre de 2008

Otro blog colectivo

¿Alguien recuerda el éxito rotundo de Blog Promiscuo, Cuéntalo Tú y (acá en lo reciente) Metatextos? ¿No? Ah, pinches incultos...

Bueno, el post de hoy está en un blog colectivo en el que hay 16 blogueros. Se llama Recolectivo y a juzgar por el comienzo, todo pinta para que dure un poco más que los que mencioné allá arribita.
R E C O L E C T I V O

Vayan, lean y comenten.



Anónimo, no me falles.

miércoles 1 de octubre de 2008

Del encanto de los muertos

Todavía estaba tibia cuando la llevaron. Abrió la bolsa negra y no vio ninguna cara sino un manojo de carne molida a martillazos. Ninguna identificación en el dedo gordo del pie. Sonrió y se lamió los labios.

La puso sobre la mesa. Le hablaba, le contaba cosas. Le contó que un día se sintió tan solo que decidió platicar con un muerto, uno de tantos, un tipo gordo con tiro de gracia. Y la plática iba bien, se estaban entendiendo, pudieron haber sido amigos, pero el gordo se puso serio y hubo un momento en que sólo fingía escucharle. Y él no toleraba la indiferencia. Lo golpeó tanto que terminó con las manos deshechas, con el cuerpo temblando de rabia. En cambio tú, le dijo a ella, se ve que eres de las que escuchan.

Hablarle era parte del juego previo. Le hacía sentir que se creaba una atmósfera de sabrosa intimidad. Luego estaban los besos, las caricias a las heridas abiertas, hurgarle las entrañas con los dedos, lamer la piel curtida. Ayer te llamabas no sé cómo pero hoy te llamas Maribel. Y desnudarse ante el cadáver, untar sus pellejos viejos contra una juventud que ya no existe. Separarle las piernas porque de un escupitajo habría de meterle la verga en la carne fría. Te llamas Maribel y eres mi puta.

El numerito terminó después de unas cuantas embestidas.
Cansado, con el alma arrastrando desde las corvas, se sentó a ver a la amante inerte. Era igual a las otras maribeles, a esas perras sin nombre que no escaparían del olvido a pesar de los noticieros. Una más. O una menos. Qué más da.

Se sacudió el pito. Se puso la ropa de nuevo. Antes de cerrar la bolsa, vio detenidamente el amasijo de carne molida. Los hombros delgados. Los pechos perfectos. ¿La cicatriz en la muñeca izquierda? esa cicatriz...


-¡porque estoy harta de esta mierda de ciudad, de esta mierda de vida, de este trabajo de mierda que tengo! ¡por eso!
-pero... pero no es para tanto, puedes irte si quieres, a nosotros déjanos aquí, tú eres joven y tienes oportunidades...
-¿oportunidades? ¿no entienden que lo que quiero es morirme, carajos?


Pero no se alteró y buscó el lunar en el talón derecho.
Ahí estaba.


-¡Mira, papá, me tragué una hormigota con mi pie!
-No, hija, es un lunar.
-Ay, papá, ¡es una hormiga que me tragué con el pieee! ¡se ve claritooo!


Se quedó sin expresión. Si era una jodida pesadilla entonces el sobresalto de la vibración del celular debería despertarlo, pero no fue así.

-¿bueno?
-Pancho, estoy muy preocupada, Valeria no ha llegado y ya es muy tarde, qué tal que le pasó algo y...


Ni siquiera colgó, solamente cayó de rodillas directo a vomitar.