Buenas noticias

Estoy desempleado y dada la temporada baja me tomaré unos meses de vacaciones que aprovecharé para escribir eso que tenemos pendiente. Aunque no sé si unos meses sean suficientes: sé lo pinche necio que soy y lo voy a corregir chingo de veces.

Cuando esté listo lo venderé en Lulu.com, y no es que crea que con eso saldré de pobre o del anonimato sino porque tener un libro impreso, así, con su pastita y sus hojitas y sus paginitas numeradas, es algo que quiero desde hace ya un buen.

Aunque tengo un miedo fundamentado: será mi primera vez y, como todos sabemos, la primera vez duele. Espero que todo salga bien y les agrade el resultado. Y espero que les agrade porque habrán pagado por leerlo y yo, ténganlo por seguro, me compraré unas cervezas con su dinero, mujercitas.


Ahora cállense, bésenme y cojamos como perros.






Y mi mamá quiso matarme

Alguna vez tuve un sueño rarísimo: soñé que me habían condenado a muerte por algún delito que no logro recordar pero supongo que fue grave porque quien tenía que darme matarile era nada más y nada menos que mi madre. Eso fue feo aunque se tratara de inyección letal, supuestamente sin dolor.
Llegó el momento (ya saben como es el tiempo en los sueños) y ahí estaba yo, con la nalga pelona y viendo la cara de inmutable tranquilidad de la muy hija de mi chingada abuela. Yo estaba con los huevos en la garganta, sintiendo lo que mi subconciente supone que se debe sentir cuando ya se sabe que la flaca está a la vuelta de la esquina. Y mi madre como si nada.

-Mira, va a ser rápido. Nomás te la pongo y luego le jalo tantito y ya pasa el líquido- así, como si fuera penicilina.

Y me la puso.
Y -lógico- me morí. No me pregunten qué hay después de la muerte porque la verdad no logro recordarlo pero aunque lo recordara estoy seguro que no podría describirlo porque ¿quién puede describir lo desconocido? Yo no.

El caso es que el sueño terminó y desperté. Me limpié las lagañas. Fui a mear. Me lavé las manos y la cara. Luego pasé al comedor y ella (la que minutos antes me había matado) estaba desayunando quitadísima de la pena, la muy cabrona.

-¿Quieres desayunar?
-esteee... sí
-Espérate, yo te sirvo
-ok

Eran bisteces a la mexicana, con frijolitos. Los puso sobre la mesa. Y no sé porqué pero me dio por inspeccionarlos detenidamente; incluso los jugueteé un poco con el tenedor.

-Ay, Luis, tú te vas a morir envenenado y ni cuenta te vas a dar- dijo, sin voltear hacia mí.


Sólo atiné a clavarle la mirada, todo pinche lleno de asombro y de terror.






Una limosnita, por favor...

Un post más en Triond:

Cuando entre críticas te veas


Van a decir que soy un hijo de la chingada por haber perdido completamente el estilo. Bueno, sí, lo soy pero escribir ese extenso comentario con forma de post (y en ese estilo), era necesario. Por un lado porque en Triond son muy persignaditos, y por otro lado porque la verdad allá se escribe más pinche basura que aquí.

Y no olviden aplaudir, esa es la limosnita.


Espero no me odien mucho, snif...






Aqui en breve

Ya vi la película del muerto, al que todo mundo le echó flores porque ps no mames actuó como nadie se lo espera y ps no mames son cosas que uno no se espera luego de verlo girándola de vaquero puto soplanucas. Mi opinión es simple: lo hizo bien. Así, sin tanta pinche flor. Lo hizo bien, no lo hizo extraordinariamente, magistralmente ni invaluablemente perfecto.

Se me despertaron las sospechas luego de que hasta Doña Gorda (que es un monumento viviente a la ignorancia) llegó haciéndole reverencias al difuntito (que Dios lo tenga en su santa gloria, claro). Algo tiene que haber chueco, pensé. Y luego de verla (a la película, no a Doña Gorda) confirmé que la opinión popular tiene mucha influencia sobre la opinión particular. Al finado lo clavaron en un pedestal porque precisamente por eso: por finado. Si el tipo estuviera vivo no le harían tanta faramalla. Desgraciadamente, no podemos comprobarlo.

También llegué a la conclusión de que ustedes son unas niñas fácilmente impresionables (eso me conviene) y cuando llega un tipo haciendo su trabajo como debe de hacerlo, piensan que hizo algo irrepetible. Y no las culpo: la enorme falta de talento actoral que impera en las películas, les ha hecho caer en ese error.

Lo que me sorprende es que ninguno de los que bramaron y vomitaron mieles a favor de Heathcliff, haya dicho algo del trabajo (también bien hecho) de Javier Bardem en No Country For Old Men.

¿Una escenita?



Si no entienden lo que dicen los actores, vayan al blog del Huevo: tiene una publicidad insistente para que se inscriban a inglés sin barreras.
O bien, chútense este copy&paste que hice del archivo de subtítulos.

-¿Cuánto?

- 69 centavos.
- ¿Y la gasolina?

-¿No tuvieron
lluvias viniendo de allí?

- ¿De allí dónde?
- He visto que es de Dallas.

-¿Por qué le iba a
interesar de dónde soy... Amigo?

- No me interesa.
- "No me interesa".

-Es para pasar el rato.

-Si no lo acepta no sabría
qué más hacer por usted.

- ¿Necesita algo más?
- No lo sé, ¿hay algo más?

- ¿Le ocurre algo?
- ¿Con qué?

-Con lo que sea.

-¿Eso es lo que me pregunta?
¿Si hay algo malo con algo?

- ¿Necesitará algo más?
- Ya me preguntó eso.

-Bueno, voy a ir cerrando ya.

- ¿Va a cerrar?
- Sí, señor.

- ¿A qué hora cierra?
- Ahora. Cerramos ahora.

-Eso no es ninguna hora,
¿a qué hora cierra?

-Normalmente cuando oscurece.
Al anochecer.

-No sabe de lo que está
hablando, ¿verdad?

-¿Señor?

-Dije... que no sabe
de lo que está hablando.

- ¿A qué hora se acuesta?
- ¿Señor?

-Es un poco sordo, ¿no? Dije a qué hora se va a la cama.
-Diría que a las 9:30...
Más o menos.

- Yo podría regresar a esa hora.
- ¿Para qué? Estaremos cerrados.

-Sí, ya lo dijo.

- Bueno tengo que cerrar.
- ¿Su casa es la de atrás?

-Sí, vivo ahí.

-¿Vivió aquí toda su vida?

-Esto era de mi suegro, señor.
Originalmente.

-¿Se casaron aquí?

-Estuvimos viviendo en Temple Texas
por muchos años. Criamos a nuestra familia ahí.
En Temple. Vinimos aquí hace cuatro años.

-Se casaron aquí.

-Es una manera de verlo.

-No es ninguna manera de verlo... fue así.

-¿Qué es lo más importante que perdió
al apostar con una moneda?

- ¿Señor?
- Lo más importante que perdió... al apostar con una moneda.

-No sé, no sabría decírselo.

-Adivine.

- ¿Que adivine?
- Sí.

- ¿Para qué?
- Sólo adivine.

-Bueno... tendría que saber
qué nos apostamos.

-Usted tiene que adivinar.
No puedo hacerlo por usted...no sería justo.
- Pero no aposté nada.

-Sí lo hizo. Lo ha hecho durante toda su vida.
Sólo que sin saberlo. ¿Sabe de qué fecha es la moneda?

- No.
- 1958. Ha estado viajando 22 años
hasta llegar aquí. Y ahora está aquí...
y tiene una cara y una cruz. Y usted tiene que decidir. Adivine.

- Necesito saber qué voy a ganar.
- Todo.

- ¿Cómo es eso?
- Está para ganarlo todo. Adivine.

-Está bien. Cara, entonces.

-Bien hecho. No la guarde en el bolsillo, señor. No se la guarde en el bolsillo:
es su moneda de la suerte.

- ¿Donde quiere que la ponga?
- Donde sea excepto su bolsillo.

-O se mezclará con todas las demás
y se convertirá en una moneda común... Lo cual es.




Insisto: son fáciles de impresionar.






Test 6 Para saber si ya estoy listo para casarme

Casarse es un error. La mayoría de la gente se casa por amor y por coger... y no siempre en ese orden. Muchos chamacos calenturientos ignoran que el amor(1) dura 3 años, luego siguen dos años de miseria y que finalmente se avecina el divorcio (que también se lleva sus años: dependiendo de qué tan ojete sea la pareja, si hay hijos, si son bienes separados o vienes y te chingo, etc). Creen que en ellos será diferente, que ellos son especiales y que su amor sí será eterno. Pobrecitos.

En fin, para saber si ya estás listo para echarte la soga al cuello, he aquí un monito test que acabo de idear y que yo sé que es bien pinche infalible y que por lo tanto puedes confiar en él para tomar esa decisión que te quema las hormonas.
Anda, aguántate esa timidez y contesta...


1.- El matrimonio, según tú, debe ser:
A. La felicidad en tonos rosas, con hijos corriendo por el patio mientras juegan con un perro llamado Chester.
B. Compartir nuestros sentimientos, nuestro dinero y nuestros problemas.
C. No sé, morirnos hasta que lleguemos a viejos... no sé.
D. Cani, no mames. Ninguna de las anteriores.

2.- Cuando te quitas los calzones:
A. ¿Qué importan los calzones cuando hay amor?
B. Los dejo perfectamente acomodados en la sesta de ropa sucia.
C. Pues lo normal, creo, dejarlos pendientes para lavarlos luego.
D. En el piso y con el canelazo a la vista. A huevo.

3.- La pasta dental la aplastas:
A. Como mi pareja la aplaste, soy capaz de cambiar mis hábitos con tal de conseguir la felicidad.
B. Desde el centro o el extremo.
C. No me acuerdo.
D. ¿pasta dental? ¡no me chingues! Sólo los putos usan esas madres...

4.- En el sexo te gusta:
A. Soy complaciente. No importo tanto, me adapto, porque nada me hace más feliz que verla feliz.
B. Dando y dando. Los dos satisfechos, mi cani.
C. Da igual cómo se haga ¿no?
D. ¡A cogeeeeeeeer! ¡pues qué más: que afloje chido, que sea caliente, que aguante por el culo!

5.- ¿Qué opinas de tus futuros suegros?
A. Hago lo que ellos digan, no sea que mi pareja sienta que no los quiero.
B. No estoy de acuerdo con ellos en muchas cosas y se las hago ver, educadamente, eso sí. Deben aceptarme con mis ideas.
C. Ni los conozco
D. Esos viejos controladores hijos de puta. Ni me los menciones, Cani, ni me los menciones que me hierve la sangre.

6.- ¿Cuántos hijos te gustaría tener?
A. Los que mi amorcito diga. Creo que quiere 5 pero no hay bronca, yo le demostraré que puedo hacerlos feliz.
B. Uno, y ya es mucho.
C. Esteeee... los del prevenimss dicen que con dos.
D. ¿Hijos? No me revientes el culo, pinche negro, ¿yo pa qué vergas quiero problemas con ese desmadre de los pañales, la leche, levántate en la madrugada? No, no, no, hijos ni madres.

7.- ¿Son compatibles en cuestiones religiosas?
A. No mucho pero pues te repito: yo me adapto. Es más, si quiere que vayamos a un retiro premarital, voy. No me hace menos el pensar en darle todo de mí.
B. Un poco, pero lo que importan son las ideas, Cani, las ideas.
C. Mñeh... creo que sí.
D. Esa pendeja cree en Dios, no mames.

8.- ¿Soportarías una infidelidad?
A. Le perdono lo que sea: mi amor es a toda prueba.
B. Depende de las razones que haya tenido para hacerlo. El cerebro es traicionero.
C. Ps igual.
D. ¿ps no vamos a ser swingers? Aaaah, pinche vieja...

9.- Supongamos que tu pareja tiene un accidente y pierde una pierna, queda quemada de la cara y además pierde un ojo. Ya no es la misma belleza con la que te casaste ¿seguirías con ella?
A. Definitivamente sí. Te repito: mi amor es a toda prueba.
B. Sería un caso difícil. Necesitaría terapia (yo) para poder sobrellevar el trauma. No lo sé, no puedo saber la respuesta ahora.
C. ¿quedó muy feíta?
D. Ni madres, en vez de calentarme me va a asustar. La que sigue.

10.- ¿Crees que valga la pena llegar a viejos estando juntos?
A. Eso ni se pregunta: es mi meta.
B. Me pone de nervios pensar en eso pero también me da ternura.
C. Se.
D. ¿Coger con la misma hasta que me salgan canas en el pito? jajajajaja! está chida tu broma...



R e s u l t a d o s

Mayoría de respuestas A
Estás pero pendejísimo(a) y lo único que encontrarás es una enorme plancha de concreto. No te cases, espérate unos años. Si te anda anda anda por coger legalmente y por darle tooooooodo ese pinche amor que tanto tienes, tons fúgense juntos, cásense por lo civil (bienes se-pa-ra-dos) y vivan su cuento de hadas lo más pinche lejos posible de mí. Me empachan.


Mayoría de respuestas B
Métete tus razonamientos por el culo. De nada te servirán. Eres de la gente que todo lo resuelve platicando, ay sí, ay sí, el cerebro tiene la respuesta ¡mis huevos qué! como si eso lo fuera todo. Si te casas nomás le harás la vida miserable a tu marido o marida. Tú no sientes amor: PIENSAS en sentir amor. Y si tu pareja es igual que tú, nomás competirán para ver quién tiene la razón. Llégale, me castra que sigas aquí.

Mayoría de respuestas C
Ps cásate. O igual no. O mejor espérate...
Pinche indeciso. Si lo que quieres es tener algo qué hacer con tu vida, mejor cómprate unas pincitas y arráncate los pelos de las nalgas. ¿Qué ganarás con hacerle perder el tiempo a la que se supone (pero todos sabemos que no) es tu media naranja?
Llégale a la chingada. O igual no. O mejor espérate...

Mayoría de respuestas D
¿Puedo ser tu padrino?



(1) El amor es un proceso químico cerebral en el que se liberan cantidades obscenas de feniletilamina, que es una anfetamina que trabaja para el diablo y a la que hay tenerle miedo o respeto, asegún se crea conveniente. La secreción de esa barbarosidad dura 18 meses y luego se va ahuevonando, hasta que finalmente el individuo (o individua) siente que pues ya pa qué seguir y que lo mejor es buscarse a otro alguien con quién fornicar. Fornicar, nunca sobra decirlo, es parte importante de la felicidad. ¡Yes!






¡Le echó a Burundanga!

Hace poco me enviaron el viejo hoax de la escopolamina, sólo que en versión cancunense y según es el testimonio de una tal Ericka Guevara, estudiante de la Unversidad del Caribe. Me llegó como cadena y con la dirección de la tal Ericka; le mandé un correo solicitándole información pero nunca respondió.

En lo único que cambia, es en que ella dice que fue un señor sin piernas y en patineta, quien le pidió ayuda para marcar el número, justo en la avenida Tulum. Tanto la avenida como el tipo en patineta existen. De hecho, ese wey es parte del paisaje y de la larga lista de limosneros que se dispersan por dicha arteria.

Para aquellas mujercitas a las que también les llegó y están convencidas de que el wey de la patineta es un peligro, les dejo un retrato para que puedan reconocerlo y surtirlo a bolsazos.
De nada, lo hago por el bien de sus hermosos cuerpos rechonchitos y para que no salgan en la portada del De Peso.




Los puntos a considerar son:
1.- Papelito con escopolamina. La escopolamina, como sabemos, es una cosa letalísima que si la tocas, no mames, caes redondita y lista para que abusen de tus carnes. Y no queremos eso. Lo que siempre me he preguntado es cómo le hace el que lo entrega para no caer inconsciente; se supone que también toca el papelito. En fin, son gente mala y fuchi y mañosa.

2.- La guitarra es pa' convencerlas en caso de que no quieran agarrar el papelito. Abran bien los ojotes porque se sabe todos los Romances de Luismi. Si no aflojan con los boleros, aflojan a guitarrazos. El tipo es un cerdo sin escrúpulos.

3.- Los piesitos. Son cortos, no es que se los hayan amputado. Nunca trae calcetines ni calcetas ni tines, en el retrato aparece con unas vendas para darle realce dramático (sí, según yo son vendas, no rasguños ¬¬).

4.- Patineta. Aunque, si no mal recuerdo, antes andaba en una sillita de madera. Era hipnótico ver cómo se mecía para que avanzara la mentada silla... quién sabe, a lo mejor ni era hipnótico sino pura escopolamina. Después lo descubrí manejando un mototriciclo. ¡Mámense esa!

5.- Sonrisa malévola de "¡te voy a chiquitear!". Y chiquitear es la onda, pero cuando lo hacen los malos es algo muy vil y feo. Nunca le sonrían ni por pura caridad y en chinga llámenle a la polecía (que polea contra la gente mala).

Según Ericka Guevara, el mochito éste es parte de una red de traficantes de órganos, así que en cuanto se les acerque a pedirles que marquen un número pónganse bien vivarachas, amárrense bien los calzones y griten con ese par de ovarios que Dios les dio. Sí, ajá, qué favor ni qué los huevos del mudo, ha de ser para comunicarle a su jefazo que ya tiene a otra víctima para estiparle los riñones.

¡No se dejen, mijas, no se dejen!






La amistad se fincó en las bases sólidas que da el exceso de confianza: sabes todo de mí, sé todo de ti. Y aunque por ratos se odiaban, no por eso necesariamente sentían la atracción suicida de la pareja promedio, aún respetaban los colgajos de alma que arrastraban en la treintena.

Habían hecho de todo. Se habían metido de todo. Las pedas interminables en Puerto Madé eran un álbum del que siempre se podía echar mano en otras pedas. Ser la envidia de los amigos en común. Se conocen tan bien, se llevan tan bien, ¿porqué no tengo una mejor amiga así? Y sin contratos bajo el agua, sin letras chiquitas.

Ella era un perra astuta, de cuerpo pequeño y ademanes adictivos: una erección mental asegurada, lo supo desde el principio. Y aunque ante la fauna común aparentaba no tener un corazón invaluable, él sabía que en ese cuerpo diminuto estaba compactada la ternura acumulada durante las tres décadas de soledad que le otorgó la inteligencia.

Así que lo vio venir. Las mujeres, pensó, son tan predecibles. Un café en el Starbucks de la 77 y Moctezuma. Capuccino. Y una conversación que intentaba ser normal y lo sería si no fuera por los nervios casi imperceptibles del tengo algo importante qué decirte pero sólo le doy vueltas a esta plática pendeja. Paciencia, ya se animará. Sorbos pequeños. Hoy tuve un pésimo día porque ese maldito jefe de mierda me trata como a su criada. Sí, seguro. Sorbos pequeños. Y una noche hermosa que se irá al carajo.

Casi una hora después, cuando aquel bajó los brazos en señal de que se rendía, aquella levantó la vista y le soltó la gorda:

-Quiero tener un bebé y que tú seas el padre.

No fue un petardo en el culo y con la mecha encendia pues alguna vez en Madé, ebria hasta las narices, le dijo lo mismo. También la noche de los hongos en Real de Catorce. Pero esta vez iba en serio.

Nada de responsabilidades ni tiempo para encariñarse con la criatura. Pisa y corre y huye tan lejos como tu chingada madre. No le encabronaba que lo pusiera en calidad de animal sin alma sino que lo dijera así, queriendo tanto aparentar que había alcanzado la madurez, como si tal cosa existiera.

No hubo dimes y diretes: despues de los capuccinos, se fueron a coger.
Fue la última vez que cogieron y la única sin pasión. Los besos eran secos, las caricias parecían fingidas y un pésimo guionista escribió los gemidos. Terminaron hechos mierda, completamente vencidos.

Ella se regresó a su ciudad natal, para estar bajo los cuidados de su madre en lo que nacía el bebé. Él se quedó enrollado en las sábanas, a pudrirse en la cama, pensando en qué sería mejor: si callar o decirle que se iba doblemente vacía pues sus mocos no cuajaban ni metiéndolos al refrigerador.

Optó por una botella de vodka y mendigar de nuevo.






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