¿Porqué los hombres son así?

No lo sé, pero la gran mayoría son unos idiotas. Comprobado.
Lejos del discurso feminista, habría que aclarar algunas cosas. Primero, ninguno de ellos, por más lindo que sea, logrará ser nunca una mujer -Ok, ok, mis desplantes lésbicos, lo sé- y caminar libre entre nosotras. Tendrán algunos méritos, algunos muy altos, pero ser una mujer implica muchas cosas que estos animalitos nunca entenderán... y que, siendo sincera, ni falta que hace. Segundo, detrás de este telón no hay un corazón roto, sino uno en espera... aunque ya no sé muy bien de qué.

Y vamos a lo nuestro.
Los hombres, quitándoles el miembro, son unos imbéciles. Decía mi madre, que en paz descanse, que todos sirven para lo mismo y que no hay mucha diferencia de uno a otro: todos tienen un pene y sirven para coger. Sentenciaba: "Escoge entre un hombre o pasarte la vida comiendo chocolates" Y me encanta el chocolate, sin embargo siempre preferiré a un hombre que a un trozo de cacao.
El único problemilla es que les das todo, te las ingenias para estar con ellos, te tragas sus mentiras como si no supieras que lo son, y obtienes siempre lo mismo: nada. O bueno, casi, porque tampoco es tan así. Hay unos muy detallistas que te bajan el cielo y las estrellas. Y hay otros, los más hermosos, que hasta se casan contigo, te empanzonan y te mantienen a la criatura. Simplemente unas joyitas. Pero lo joyita no quita lo pendejo.

¿A qué me refiero?
Cuando por alguna razón discutes y las cosas se prenden, tienden a hacerse bolita y tirarse a la fregada. Te dejan en ascuas. No supiste en qué momento pasó pero pasó, y el fulano ya está más cerrado que las piernas de una monja. Mientras tú tienes veinte mil argumentos qué exponer, Mr. Silencio hizo acto de presencia y sus respuestas son monosílabos. Odio los monosílabos.

Otra: feelings... nothing more than feelings...
A los hombres no les pusieron sentimientos sino un sustituto comparable al Canderel: endulza pero no es azúcar. Ellos juran que es amor, que de verdad se desviven por nosotras, que caminan zombies por calles oscuras cuando no están a nuestro lado. En realidad, caminan por esas calles oscuras cuando no están encima de nosotras. Porque aman al sexo más que a su madre. Nosotras también nos volvemos locas con el pecado, pero podemos prescindir más que ellos. Y no por puritita fuerza de voluntad, porque el cuerpo siempre pide lo suyo, sino porque nuestras necesidades básicas son otras. Vaya, no pensamos con la vagina.
Ahora, eso que llaman amor es sólo una dependencia edípica. Son unos niñotes, incluso los que no lo aparentan (esos son buenos actores).

Una más: Son manipulables.
Eso es un arma de dos filos. A veces conviene mucho pero muchas otras da hueva porque ya te la sabes: jalas este hilo y alza una pata, jalas este otro y mueve una mano. Con los que no son tan fáciles de monigotear, las cosas se complican un poco y como que se te sale de control. Eso es bueno, le da emoción al asunto, aunque luego se convierte en lo mismo: rutina.

Hay otros detallitos parecidos que también agobian. No los recuerdo con claridad en este momento pero es cosa de tiempo y se los digo. Como sea, mujeres, no confíen tanto en ellos, no sean ciegas ni mensas ni se entreguen a la primera. Háganlos sufrir un poquito por ustedes, que les cueste, que sepan lo que valemos.
No se abaraten ni mendiguen.


¡Arriba, muchachas!



Atte:
Una mujer cualquiera.
(Perdonen el pleonasmo)






Aqui no es





No tengo lo que buscas ¿para qué hacerle a la mamada?

¡Asi que a chingar a su madre!


Y ni comiencen a joderme por correo con que los habilite de nuevo.






Gigante

No pude evitarlo: de un brinco me salté la barda, con toda la intención de salir a matar gigantes, mi deporte favorito. Mis hienas, esas pobres perras quejumbrosas, se aplastaron en un rincón a comadrear sobre los machos... aunque nunca hubo un macho en sus vidas de hembras alfa.
El caso es que me dejaron solo.

Ese fue un dia largo. Caminé y caminé y no encontré ni un solo gigante en sus áreas comunes. Todos se habían ido o se habían muerto. Pero después de varios kilómetros, al borde un barranco, encontré uno. Era bastante joven, casi tierno, de unos veinte metros de alto y pinchemil toneladas de peso. Apestaba a mierda, como todos ellos, pero tenía la particularidad de no ser un bárbaro. Era eso o era la juventud que se cargaba.

Me acerqué por detrás, en silencio como un depredador, con mi setélite espía cuidándome y un ramillete de explosivos en la diestra. El gigante ya sabía. Y si no lo sabía, por lo menos lo presentía, lo cual viene siendo lo mismo.
Yo tan estúpido.

Total, que le caigo y de un giro me manda a la casita de la verga. Un giro hábil, señores, hábil, nada qué ver con las mamadas a las que esos hijos de puta me tienen acostumbrado. Y caí de culo al piso. El azote, descomunal, me abrió en gajos la cabeza, dejando ver una herida enorme, sangrante. Las hebras de dolor se extendieron de mi cabeza al centro de mi pecho, ahí, donde sé que habita un perro flaco y carcomido por la sarna.

-¿dolió?- me preguntó
Pero ya no pude contestar como debía, pues estaba muy ocupado vomitando a borbotones mis anémicos litros de sangre.

-No es tan fácil, Canito, no es tan fácil- y miró bien pinche puto emo hacia el barranco.

Vete a la mierda, le contesté cuando recuperé tantito aliento. Pero para ese entonces el gigante ya estaba lejos, muy lejos.


Frustrado, tomé mis cosas, regresé a casa y maté a todas las hienas ¿qué otra cosa podía hacer?


Necesito una sutura.






Las morras de la secun 23

El viernes caí en la cuenta: tengo la edad que tengo.
Snif...


Carmen me lo dijo "wey, estás en la edad del fornicio por deporte" aunque en realidad ni fornico ni hago deporte pero, viéndolo detenidamente, el mensaje es más culero de lo que aparenta: significa que no estoy fuera de las etapas naturales propias de mi sexo.
De eso me di cuenta el viernes.

Me encontré con entes de la secundaria, tipos a los que no había visto en aaahmmm ¿12 años? sí, 12. Y ps bueno, casi nada, que todos nos volvimos unos borrachos y nadie se quiere casar. Sólo unos pobres incautos que cayeron en las garras femeninas, que ya tienen hijos y son señores muy rectos en su hacer, rectos rectos como el conducto por el que defecan.
Eso fue un gancho al hígado, que de por sí ya se está deshaciendo con tanta mierda que le echo últimamente. Y me gustaría decir que abrí los ojos a la realidad, pero no fue así, nomás me cayó un veinte que sospechaba pero no quería aceptar: tengo 27 y me comporto de 27.
¡God-motherfucker-damn-it!

Si juntamos eso con el fin de semana más emo que he tenido, me pongo a pensar en varias cosas. La primera, que Sarah Connor tenía razón: "No hay destino" pero tu comportamiento está regulado por tu edad, lo cual más o menos te crea un destino. Sarah Connor, pinches ignorantes, es la madre de John Connor, quien nos defenderá cuando las máquinas se rebelen.
Uno de mis excompas de chaquetas de secundaria dijo "es que eso de casarte te llega, no es algo que planees" Y le doy media razón. Explico: querer casarte significa una voluntad por hacerlo, la cual está manipulada por la experiencia y la observación. Yo, borracho y perdedor de tiempo, puedo decir que no quelo, no quelo y no quelo, pero al rato me canso de esta vida, de sus altas y bajas, de tirar dinero y coger con quien no me deja nada y digo "mierda, creo que mejor siento cabeza (sin albur) y busco algo estable y una vida normal" Y valió verga todo. O al menos valdrá verga desde esta perspectiva, porque en ese momento me parecerá la decisión más pinche puta sensata.
Entonces, la eterna búsqueda de la pucha será con otros fines, no sólo el atravesarla. ¿Y porque fue? Por la edad.

Aunque, ya que estamos en confianza y que esto no saldrá de aquí, les confieso que mantengo la esperanza de que eso no suceda. Tengo mi fe puesta en que un día me encuentre a la Virgen de la rosa y pueda sonreír tranquilamente, sin ninguna preocupación. Sí, ya sé, es tan irresponsable como poner tu fe en un tipin al que crucifican, resucita y luego te salva, mientras el único mérito que tienes que hacer es decir que eres fiel, apoyar a tus líderes pederastas y tener el suficiente cinismo para presumir tu doble moral.

Pero seamos claros: la Virgen no te pide tanto trámite pendejo (el trámite, no tú).
Mantengo la esperanza.

Seems like yesterday we were 16,
we were the rebels of the rebels scene...






¿No se te hace una mamada seleccionar texto para ver si encuentras algo interesante?





Hoy no hay post. Vuelve mañana.






Fan from hell

-Hola, oye... ¿eres...?
-Sí, sí soy...
-no manches, ¡qué emoción conocerte!
-jeje no es para tanto...
-¿me dejas tomarme una foto contigo?
-Va que va
-¡gracias!


*** ¡click! ***


-oye ¿sería mucha molestia que aparte de la foto me regalaras un autógrafo?
-no, para nada ¿cómo dices que te llamas?
-Kalimba
-¡Qué pinche nombre más feo!
-Ya sé :(
-Ok.... "Para Kalimba. Desde las alcantarillas de mi puta existencia. Con gran repulsión: Caníbal"
-¡Gracias! ¡Gracias! No manches, he leído todo tu blog, eres la onda, me gusta mucho el post en el que hablas de...
-Ya tienes lo que querías ¿no? ¡sáquese de aquí que estoy en horas de trabajo!
-perdón, Cani...
-Chales






Y antes de que empiecen con sus mamadas: Kalimba es el de gafas.






Mi blog favorito

En la rama de concursos inútiles (bueno, casi, porque la publicidad siempre será buena) me acabo de enterar que Nancy me propuso para uno: Mi blog favorito. Gracias, Nancy.

¿Qué ganaré si soy el elegido? ¿unos 3000 euros, acaso? ¿un viaje a Cancún con todo pagado? ¿una noche de placer oral y anal con Andi Pink? Nada. Si, nada. Jojojojo pero estaría bueno ver cuántos creen que este culito de blog vale la pena.
Vayan y propónganme, créanme que les tendré el agradecimiento listo en unos 3 meses. Y no sólo por proponerme, sino por el tiempo que se han tomado para leer tanta mamada junta.

¿Valgo la pena? Pon a este blog de candidato

Juar juar! Ya que no tengo el Thinking Blog Award, con ser Tu Blog Favorito me conformo, snif snif snif...

Nancy, gracias de nuevo.


Estaré en Querétaro el fin de semana. Si consigo una conexión pirata, postearé un par de cosas desde allá.

Cuídense, morros...






R5 103




Relaciones públicas
Viajar en camión es símbolo de un estado superior de naquez. Yo soy naco, tú eres naco, él es naco. Pero lo bonito de esto es que a veces te encuentras dos que tres caras desconocidas que luego se convierten en conocidas. Vaya, tú esperas el camión a las 6:15 y otras 3 personas también lo hacen. Al principio no se hablan, sólo se miran de reojito con tremendas tijerotas: "chales, este wey trae la misma camisa que ayer... se le ve la misma manchita" Cosas así. Luego la rutina rompe el hielo y comienzan a darse los buenos días, los cómo estás y los nos vemos luego. Animales sociales, a fin de cuentas. Y de ahí puedes sacar una bonita amistad... sabiéndole rascar, claro.

Acoso
Hermoso es, también, que te subas en tu esquina y que a cierto número de cuadras ya tengas fichada a una nalga. Es delgada, nariz perfecta y el cabello hecho una mierda, pero te encanta. Como todas las mujeres, se sienta lo más cerca a la puerta; tú te mantienes a las vivas para cuando se baje.
Luego de serpentear por medio pueblo, la víctima se baja. Pero te dices que estás retrasado y decides que es mejor esperar otra oportunidad. Sí, claro, porque jamás admitirás que te cagas de miedo.


Eclecticismo melómano
Más hermoso aún, es la música ambiental. Desde los soporíferos lamentos josejosianos y la cumbia colombiana, hasta la más reciente producción de una tanda de sombrerudos, tripones y bigotones (¡como los choferes, qué casualidad!).
¿Llevas -como buen naco- tu aipo para escuchar a tu banda nopalera favorita? Mamas, porque los chofis viven obsesionados por que sus gustos los conozca hasta el último pendejo que va colgado en la puerta trasera. No hagas berrinche, tómalo como una lección de crecimiento a tu tolerancia hacia el prójimo.


Cachondeo
¿No desayunaste, morrita? ¿Qué tal unos tallarines de camarón? Una de las ventajas del transporte público, es que puedes discretamente untarle tus miserias a desconocidas. O ni tan discretamente.
Lejos de la aceptada opinión popular, esto no es tan puerco como suele pensarse pues hay mujeres que disfrutan que les den talloncitos. Se lo juro, señores. Generalmente son feas, eso sí, pero sí hay marranas de camión. Recuerdo mucho un diálogo que escuché hace años; las dos chavas iban paradas y un tipo pasa por detrás de ellas:
-¿lo sentiste?
-sí
-no estaba muy grande
-y no estaba duro jijijiji
-jijijiji

Y yo de unos 10 años y tan pinche inocente que no sabía de qué hablaban esas mujerzuelas. Diosito nunca quiso que me pervirtiera tan temprano.


Entrenamiento nasal
En la mañana, todo mundo huele a limpio.
En la tarde/noche, todo mundo apesta. Los choferes deberían regalar bolsas para el vómito.

Mercado móvil / Centro de rehabilitación
Son la onda: drogadictos que se hacen pasar por ex-drogadictos en nombre de Dios para venderte una pluma y regalarte un volante de la casa de rehabilitación en la que ellos encontraron la luz, el camino correcto, porque bienaventurado es el que cree con los ojos cerrados en la palabra de nuestro señor jesucristo, hermanos. Cómprenme una pluma, no sean ojetes, ya no quiero robar para conseguir la piedrita.
Snif...


Pudientes con salario mínimo
También me sacan de onda los que contestan a gritos su celular de 50 mil pesos, como diciendo "hey, miren pinches muertos de hambre, tengo un celular poca madre!... sí, sí, sí, viajo en camión y me visto como pordiosero, pero con mi sueldazo de vigilante en Chedraui, miren lo que puedo comprar, putos" Siempre son animalitos parecidos.




Conclusión
Usar el transporte público es una aventura que no vale la pena vivirse. Siempre será mejor tener un auto propio y chocar, atropellar perritos, volarse los altos, pagar mordidas, mentar madres, ser tu jaime, ser el jaime de tus cuates, etc.



Bien, voy bien.
Ahora sólo me falta el auto.






Deambulantes

Con eso de las 10 de la madrugada, todos los pinches putos días, pasa un viejito vendiendo no sé qué fruta- verdura- chingadera comestible. Golpea con un cuchillito en su triciclo haciendo un ruido tan insoportabe que un día de estos va a provocar que yo salga hecho la verga con una espada a mocharle las manos.

Yo sé que el viejito tiene que trabajar y ps tá viejito y no hay asilos y bla bla bla pero que no putas chingue con tanto ruido. Y el colmo es que las vecinitas de enfrente son sus clientes. Es decir, no conforme con el traca traca normal, se detiene frente a la casa de las susodichas y se avienta otro más castrante, en el que oigo claramente un "cani cani cani cani chinga chinga chinga tu madre madre madre madre"

Y, bueno, se me ocurren dos soluciones, ambas sensatas:
1.- Salir con mi Hatori Hanzo y de un tajo cercenarle sus manitas, tomar los retazos, azotarlos contra el suelo y decirle "A ver, sigue con tu pinche ruido, cabrón" Si toma el cuchillito con la boca y lo golpea contra el triciclo, le vuelo la chompa.
2.- Salir a ver qué vende. Digo, tal vez es algo tan sabroso que vale la pena aguantar su desmadre. Y más le vale que sea algo que supere a las jícamas con chile y limón, porque de lo contrario que se vaya despidiendo de sus extremidades.

Aunque lo más seguro es que en noviembre se lo lleve la flaca. En noviembre me iré de puta en las noches con mi peluca azul y mis medias negras, y regresaré a mi casita como a las 8 de la madrugada. Así todo el mes. Esto significa que a las 10 mi sueño estará en pleno REM y si es interrumpido, la cosa acabará mal, muy mal.

Que lo proteja el Dios de lo Viejitos Ruidosos.




Otras amputaciones pendientes:
El del agua purificada (que pregona en español)
El otro del agua purificada (que pregona en maya, aunque no lo crean)
Los de Z gas (pinche canción pinche)
Los del gas Tomza (deprimente, casi emo)
El viejo que vende queso
La señora de los tamales colados
Los choferes de Bimbo que venden pan caducado
Los testigos de jehová
Los vendedores de cablemás


A la única que dejaré vivir es a la señora que vende natilla. Explico porqué:
Para empezar, la natilla es aplastantemente deliciosa. La pruebas y te enamoras de ese saborcito dulce y caneloso. Ya le pregunté si nos hizo brujería o qué chingados pero ella lo niega todo, se declara inocente. Además, tiene un excelente trato al cliente, se lo sabe ganar, echárselo a la bolsa. Colmilluda, la doña.
Y lo más chido: pasa casi cada mes. Sí, leyó usted bien, cada mes. Entonces, cuando llega, nos tiene tan ansiosos por el producto, que le compramos masivamente y le hacemos reverencias por no haberse olvidado de nosotros. Eso es marketing, señores, y no mamadas.


Bueno, ahí se ven. Cualquier cosa, estaré sacándole filo a la espada.
Literalmente, puercos...






Cruda

Sólo quiero morirme y resucitar mañana.

¿Es mucho pedir?






Cibiqueta

Aprendí a andar en bicicleta como a los 5 años, que es la edad de las ilusiones. Me daba un miedo terrible pero recuerdo que me divertía horrores romperme la madre a cada pedaleada.
Era una de esas chopper, llanta chica infierno grande, y tenia unos resortitos que yo estaba seguro que eran amortiguadores: Ja, pinches adornos piojos... Y a mi hermano mayor, quien nunca me ha querido por quitarle la atención materna desde los 3 años, le fascinaba aventarme desde una lomita (pa que agarrara vuelo) y luego ir a levantar los pedacitos de mí que quedaban esparcidos por la calle. Y lo peor de todo es que yo no lo odiaba: yo encantado de la vida, la velocidad y el desmadre de mi hermano- ejemplo- a- seguir. Después comprendí que lo quería era matarme y hacerlo parecer un accidente, grandísimo cabrón.

No recuerdo que haya sido mi viejo el que me enseñara a manejar esa cosa del diablo y con dos ruedas. El viejo nos enseñó a jugar trompo y a hacer papalotes. Yo siempre fui una vaca para eso de las manualidades (hasta que entré a la adolescencia y desarrollé la habilidad jojo) y mis papalotes quedaban descuadrados y tenian tendencias suicidas: tantito se elevaban y luego luego se iban de pique a la mierda.
Mi hermano era bueno para los papalotes. También era bueno para los putazos y nunca le aprendí nada. Yo peleando como vieja y siempre terminaba madreado.

Luego a mí se me ocurrían cosas muy pendejas como intentar volar mi papalote suicida mientras andaba en bicicleta. Nada podía ser peor, porque aparte del putazo que me ponía por ir viendo si la chingadera volaba o no, la chingadera terminaba destruída y el proceso de restauración me resultaba largo y tedioso. Lágrimas al doble en mi tierno corazón.

Creo que no he tenido muchas bicicletas. Tal vez tres, a lo mucho. La última terminó en manos de un borracho buena onda al que le hacía más falta que a mí. No se la regalé, ni madres, pero tampoco lo reventé con el precio.

Hoy tengo ganas de treparme de nuevo a una cosa de esas, usar la ciclopista y vomitar a los 5 kilómetros. No quiero ir a la playa, quiero andar en bicicleta. Sentarme a platicar con buena compañía, tomarnos unas chelas y regresar a casa a bañarme y a dormir.




Y qué mejor si la buena compañía fuese mi carnal.






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