¿Porqué los hombres son así?

30 de octubre de 2007

No lo sé, pero la gran mayoría son unos idiotas. Comprobado.
Lejos del discurso feminista, habría que aclarar algunas cosas. Primero, ninguno de ellos, por más lindo que sea, logrará ser nunca una mujer -Ok, ok, mis desplantes lésbicos, lo sé- y caminar libre entre nosotras. Tendrán algunos méritos, algunos muy altos, pero ser una mujer implica muchas cosas que estos animalitos nunca entenderán... y que, siendo sincera, ni falta que hace. Segundo, detrás de este telón no hay un corazón roto, sino uno en espera... aunque ya no sé muy bien de qué.

Y vamos a lo nuestro.
Los hombres, quitándoles el miembro, son unos imbéciles. Decía mi madre, que en paz descanse, que todos sirven para lo mismo y que no hay mucha diferencia de uno a otro: todos tienen un pene y sirven para coger. Sentenciaba: "Escoge entre un hombre o pasarte la vida comiendo chocolates" Y me encanta el chocolate, sin embargo siempre preferiré a un hombre que a un trozo de cacao.
El único problemilla es que les das todo, te las ingenias para estar con ellos, te tragas sus mentiras como si no supieras que lo son, y obtienes siempre lo mismo: nada. O bueno, casi, porque tampoco es tan así. Hay unos muy detallistas que te bajan el cielo y las estrellas. Y hay otros, los más hermosos, que hasta se casan contigo, te empanzonan y te mantienen a la criatura. Simplemente unas joyitas. Pero lo joyita no quita lo pendejo.

¿A qué me refiero?
Cuando por alguna razón discutes y las cosas se prenden, tienden a hacerse bolita y tirarse a la fregada. Te dejan en ascuas. No supiste en qué momento pasó pero pasó, y el fulano ya está más cerrado que las piernas de una monja. Mientras tú tienes veinte mil argumentos qué exponer, Mr. Silencio hizo acto de presencia y sus respuestas son monosílabos. Odio los monosílabos.

Otra: feelings... nothing more than feelings...
A los hombres no les pusieron sentimientos sino un sustituto comparable al Canderel: endulza pero no es azúcar. Ellos juran que es amor, que de verdad se desviven por nosotras, que caminan zombies por calles oscuras cuando no están a nuestro lado. En realidad, caminan por esas calles oscuras cuando no están encima de nosotras. Porque aman al sexo más que a su madre. Nosotras también nos volvemos locas con el pecado, pero podemos prescindir más que ellos. Y no por puritita fuerza de voluntad, porque el cuerpo siempre pide lo suyo, sino porque nuestras necesidades básicas son otras. Vaya, no pensamos con la vagina.
Ahora, eso que llaman amor es sólo una dependencia edípica. Son unos niñotes, incluso los que no lo aparentan (esos son buenos actores).

Una más: Son manipulables.
Eso es un arma de dos filos. A veces conviene mucho pero muchas otras da hueva porque ya te la sabes: jalas este hilo y alza una pata, jalas este otro y mueve una mano. Con los que no son tan fáciles de monigotear, las cosas se complican un poco y como que se te sale de control. Eso es bueno, le da emoción al asunto, aunque luego se convierte en lo mismo: rutina.

Hay otros detallitos parecidos que también agobian. No los recuerdo con claridad en este momento pero es cosa de tiempo y se los digo. Como sea, mujeres, no confíen tanto en ellos, no sean ciegas ni mensas ni se entreguen a la primera. Háganlos sufrir un poquito por ustedes, que les cueste, que sepan lo que valemos.
No se abaraten ni mendiguen.


¡Arriba, muchachas!



Atte:
Una mujer cualquiera.
(Perdonen el pleonasmo)