
De asesinos y perras mentirosas
Doña Gorda preguntó en el comedor, con esa inocencia que sólo se logra con años de concienzuda pendejez, si creíamos a Erika o Karina [o como se llame] capaz de matar "a sus propios hermanitos". La respuesta es obvia pero con el ánimo de joder soltamos una carcajada y luego un "pus claro que no, Doña Gorda, porque creemos en la bondad natural de todos los humanos."
Ya no dijo nada, entendió el comentario mordaz, terminó de comer y se fue a la chingada.
Este caso del asesino de cumbres es genial. Y no es que apoye la matanza a cuchillazos de niños de zonas residenciales, por su pollo que no, sino que hay un par factores que a mi gusto lo hace interesante: la complicidad de la novia y el regocijo del asesino al haberse cogido a su suegra-amante.
Mientras todo mundo sataniza al pobre tipo que no es más que un monigote, como todos nosotros, yo me emputo hasta las talegas porque sienten pena por la novia y se tragan enteritas todas las putas mentiras que profesa sin desviar la mirada. Y que quede claro: no es ella la que me encabrona, sino la pendejez de la gente que le cree.
A esa perra deberían coserle la pucha y meterle una lámpara de seis pilas por el culo, pero por mala actriz. Me importan un pito los niveles de su maldad, pues la maldad es algo que todos tenemos, que transportamos con el temor de ser descubiertos y quemados en la hoguera, y que tan pronto admitimos que somos portadores, nos persignamos y se lo confesamos a fray Papilla. Lo que me saca los pedos es que esta vieja ni siquiera pueda fingir tristeza y que se la pasa escupiendo rencor, y que así y con todo, medio mundo esté convencido de que la tipa es una víctima del títere que tuvo por pareja. ¿Ps no que las viejas son expertas en mentir? ¿tons qué pasó con esta?
Y por el lado del asesino, todo bien. Entró, amagó, amenazó y salpicó de sangre los rincones prudentes. Huyó, se escondió, tiró la evidencia y cuando lo agarraron se confesó culpable. El único detalle que podría incomodarme es que no es un sicótico, pero ps estoy conciente de que no se puede tener todo en este putero de adelitas llamado México, snif.
¿Lo chido? Se cogió a su suegra. Ya sé que no es la gran cosa, pero me causa admiración porque yo never de limón me he tirado a una mujer que me lleve ni siquiera 10 años de ventaja en el ámbito fornicario. De algún modo y por extrañas razones que estoy seguro tienen que ver con mi karma, sólo he estado con morritas a las que no tiene mucho que le salieron los pelos de la panocha. Y aunque eso es la delicia de cualquier viejito sesentón, uno padece las molestias que implica la inexperiencia.
Coño, qué estúpido fue eso...!
En fin, el caso es que el tipo ya se codea con los malos de a deveras y con los que no son tan malos pero que están adentro, que los ñiñitos ya están petateados, que la morra a la menor provocación presume la rajada que supuestamente le hizo su ex, y que la suegra se deshijó por andar de caliente y por otros detallitos igualmente escabrosos.
¿La moraleja? Nada, que el odio rifa. El odio es un sentimiento chido pero mal evangelizado, presume de fuerza y voluntad propios, acarrea a las masas, procura acción, procura valor y procura coquetearme más y no reparo de lo que te haré. Pero la gente ha dicho que es malo, que el amor es la respuesta y que debemos ser sosos e idiotas por la enorme comodidad que ello brinda.
Odien, chicuelas, vale la pena. No anden desperdigarndo sus energías en cosas poco volátiles como la negociación y el diálogo. La negociación es para los empresarios, y el diálogo es para los actores. Ustedes deben odiar, sacar su cuerno de chivo y salir imparables a matar niños en las zonas adineradas de su localidad, o si sienten que al gobierno no le importan los pobres, maten niños a la salida de las escuelas públicas, en cualquier caso le harán un favor a su país.
Y ya dejen de ver tanta televisión, porque sino al rato me van a salir con la megamamada de que la mataviejitas merece la silla eléctrica por lo que hizo, cuando en realidad lo que merece es un reconocimiento en Los Pinos, un desfile y una estrella en el firmamento por atreverse a hacer lo que todos queremos: deshacernos de los inútiles ancianos.
Lárguense y regresen en seiscientos años. Seguiré ausente.



