Se suponía que hoy, a esta hora, estaríamos toda la banda de puñales del trabajo, en la playita, echándonos las chelas, jugando tochito -que ni sé jugar, pero me vale madres-, diciendo mamada y media y la verga. Pero no, resulta que todo mundo se abrió a la chingada y estoy en un ciber y me emputa porque yo quería comer ceviche.

Pinche bola de putos.





Ora sí, entremos en materia:


No recuerdo con qué pendejo discutía que no es lo mismo que una mujer te guste, a que te atraiga. El tema es la mamada, lo sé, pero yo defendía mi punto a capa y espada, mientras el pobre cabrón hacía lo suyo con sus "es lo mismo, wey, no mames: si te gusta te atrae, si te atrae te gusta". La verga, qué!

Como aquí nadie me la hace de pedo y el que me la hace se bota a la verga, procedo a deshebrar un hilo simple, muy simple, acerca de los gustos y atracciones.
Defino "gustarme una mujer" como el hecho inmediato de que los ojitos me bailen cuando la veo, ya sea por su bonita cara, su bonito culo, o ambos. Si la nalga en cuestión solamente me gusta, no siento ningún impulso por hablarle, conocerla, hacerle cariñitos, regalarle una rosa, decirle que la quiero y meterle dos dedos ensalivados en la panocha, lo cual sucede si la perra me atrae.

La atracción rifa porque te importa una soberana verga si la mujer es fea, lo que quieres es saber cómo es, qué piensa, cómo chuparía tus miserias, si es inteligente o pendeja, si le entra al desmadre o tendrás que comportarte de otra manera ante ella -mis huevos!-... cositas así.


Hace poco me eché a la banda encima al decir que una nalguita de seguridad me gusta. Ahora no dejan de castrarme con mamadas estilo "ve a saludarla! ya le preguntaste cuándo descansa? tiene wey? mira, ese cabrón te la está bajando! no vas a ir? uuuuuh, se nos hace que eres puto". Con esos vergas es imposible exponer una diferencia tan sencilla como el "gustar" y el "atraer" -eso me recuerda al amar y querer, de José José- porque aunque la entienden, no dejan de castrar. Aparte, esa pinche morrita es nomás una calientahuevos.

Hay una chavilla que está dadísima en su madre de la cara pero que me quiero coger... o ya ni sé si quiero; hay otra que está dos tres y es escorpión -cosita! ya con eso tengo bastante!-; y hay otra que, cada que se despide de mi, me dice "que Dios te bendiga" y la neta siento chido, pero es una chingaderita de mujer -a la altura de las circunstancias, jojojojo!-.

Puras mamadas. De todos modos, tendré que seguir viviendo de puñetas mentales porque me corté la barba y ahora sí me veo feo. Perdi mi atractivo y lo poco que tenía de masculinidad.

A la verga!, ya crecerá de nuevo...






Ayer recibí una invitación de mi borracho favorito para empedarnos en el Tabasco 2000. Con todo el dolor de mi alma, tuve que declinar la invitación.

Mañana es día de carnitas/peda en casa de un camarada que acaba de titularse.

El sábado es día de ceviche/peda/cascarita en Playa del Carmen, con toda la banda.

No me preocupa estarme convirtiendo en un alcohólico, claro que no, lo que me preocupa es beber y llegar a tener una razón de las así llamadas profundas para hacerlo, y no por el simple hecho de la diversión que ello implica.

Primera alerta, pendejo.






Tal vez, algún día, usted y yo, querido lector, tengamos la oportunité de ponernos hasta el culo de pedos. Yo me apunto si usted no raja; yo rajo si usted empieza con sus puterías.

Y para eso, pa' el convivio etílico, es necesario saber con qué clase de bichos se sienta uno a decir "salú!", a hablar de mujeres y traiciones, y a mentarle la madre a los de la mesa de a lado.

A continuación, y en plena sobriedad, pongo a su disposición mi perfil de borracho de mala muerte, el cual espero sea de su total agrado y, sobre todo, le convenga.

Estando pedo:
-hablo con Dios, Buddah, Kukulkán y Kurt Cobain, al mismo tiempo.
-a todas las mujeres las veo hermosas
-soy repentinamente guapo
-...y muy conversador
-...aunque algo conservador, si llevo pocas encima
-todos son mis amigos
-meo fuera de lugar y no me siento culpable ni avergonzado
-fumo como chacuaco [¿qué es un chacuaco?]
-levito
-me vuelvo un político de grandes ideas
-obtengo la respuesta de para qué estamos aquí
-...el pedo es que, sobrio, no la recuerdo
-mis bíceps y pectorales se hinchan tanto que tengo la fuerza de diez mil leones
-soy cúbicamente más gracioso
-saco pasitos de baile que aún no se han inventado
-el dinero crece en mi cartera
-me sé la letra de todas las canciones
-padroteo a quien se deje
-olvido los rencores
-...pero si los recuerdo, ya te llevó tu puta!
-me convierto en barman
-... y en Batman!
-me da por manosear a todo lo que parezca ser una mujer
-llego triunfal al fondo de la degradación
-Y, al final de todo, duermo como un Jesús en su pesebre

Releyendo la lista, creo que no está de más inscribirme de una buena vez a alcohólicos anohónimos. Me vendría bien hablar con otros como yo... o al menos hacerme creer que ellos sí son como yo.

Snif!






Caminaremos por los mismos callejones, tú de puta y yo de narco. Ayunaremos un par de días, jugaremos a los ascetas. Nos pondremos piercings en los pezones y te perseguiré mientras corres desnuda por toda la habitación. Un par de horas sentados platicando pendejadas en una banqueta. Te curaré las heridas, me llamarás por mi nombre.

El diablo dejará su huella en nosotros y procuraremos no privarnos de ninguna perversión. Un látigo de siete puntas, un vibrador con velocidades. Y con el paso del tiempo, me enamoraré perdidamente de tu madre, y a sabiendas del peligro, me echaré unas chelas con tu padre. Un secreto tras otro. Una retahila de confesiones.

Amaneceremos en el charco de nuestros fluídos. Inocentes, libres del mundo, sin sangre en las manos. Y yo estaré ahí por la simple razón de que sabré que no encontraré otro rincón igual en el que pueda guarecerme del peligro inminente que represento para mí. Pinche niñito miedoso que se caga en los calzones.

Pero me cubrirás con la sabiduría natural de las mujeres. Comerás de mi carne, descansarás en mi cuerpo, porque mi corazón es la fruta que te dará las sensaciones que necesitas.


Pasarán los años y envejeceremos, y pasarán otros tantos antes de que me olvide de ti. Me habrás mentido, te habré engañado. Y pesar de todo, mantendremos esa vieja mirada de complicidad en el delito. Para esos entonces, y con los vergazos que ello implica, ya habremos aprendido a decir "te amo" con los ojos, pero no lo haremos: los "te amo" siempre se quedan cortos.

Caminaremos a cuestas, mujer, tú de puta y yo de narco.
Mierda, seremos invencibles.






Un monito araña, artista de circo y con un sueldo miserable -tres plátanos al día, un bote de agua caliente y nada de aparearse-, cansado de los maltratos de todo mundo, decidió cierto día prenderle fuego a la carpa, con todo y el público adentro.

En ese momento, los payasos montaban el número en el que a Pepillo le daban de patadas en el culo cada que decía "sí, capitán!" pues, asegún la historia, Pepillo quería ser héroe de guerra y llegar a los altos mandos de la milicia y para eso tenía que aguantar toda la mala vida que el capitán le daba.

El monito araña daba vueltas en su jaula, encabronado hasta los huevos ya que estaba seguro que esa historia se les ocurrió una noche que los payasos estaban ebrios y platicaban acerca de la vida de mierda que le daban a él, al monito, y que sería muy bueno adaptarla para un acto con Pepillo, quien siempre se quejaba de que nunca le daban estelares.

-síganse burlando, cabrones -decía entre dientes el monito-, por mí no hay pedo, si ya los aguanté tantos pinches años, puedo aguantarlos un rato más. Ya te veré al rato, pinche Pepo, saltando como pendejo cuando te meta tremendo regalito por el culo, a ver si vas seguir con tus mamadas de "sí, capitán! sí, capitán!"

¿Que porqué trataban tan culeramente al monito? sabrá Dios. Tal vez así como hay gente a la que dan ganas de estar chingue y chingue, también hay monos araña a los que dan ganas de joderlos todo el tiempo. Es lo único que se me ocurre, no encuentro otra explicación.

El colmo de la humillación era que incluso los demás animales lo trataban de la chingada. Las jirafas eran una mafia. Los liones eran una mafia. El tigre de bengala, ni se diga: capo de los capos. Traían en chinga al monito, llevándole zanahorias a las jirafas, llenándole la panzota a los leones huevones, limpiando las cacas de las guacamayas...

Por eso -y por toda la lista interminable de chingaderas-, ese día le prendió fuego a la carpa. El domador lo vistió con su trajecito azul y su sombrerito rojo, con el que se sentía el changuito más putete sobre el planeta. "Una peluca, puto, es lo único que me falta para que me conviertas en una changa ramera -murmuró por lo bajito-; pero esta es la última vez, cabrón."

Al salir a la pista, hizo las maromas de costumbre, dio las vueltas en la bicicletita, brincó la cuerda, pateó la pelota y cuando le tocaba caminar sobre la cuerda floja, madres!, que saca un pinche cuchillote y se lo mete en el hocico al domador.
Los niños empezaron a llorar y los padres se quedaron con la bocota abierta. Los payasos, quienes eran los más cercanos al homicida, trataron de inmovilizarlo, pero aquél en chinga sacó una barra de dinamita, encendió la mecha, le bajó los pantalones a Pepillo y se la metió por el culo. Los pedazos del Pepo quedaron regados por todo el público, mientras el pánico se hacía general.

De un saltote llegó hasta las bancas, les roció petróleo y les prendió fuego -¿que de dónde sacó el petróleo? ¡yo qué chingaos voy a saber!-. También le echó fuego al público y a los animales en sus jaulas, a las bailarinas, a los marabaristas, al presentador, a los que hacían el numerito de Dragon Ball, a la mujer barbuda, al enanito patiño, al fortachón, al faquir, al ventrílocuo mamón, a los muñecos del vetrílocuo, a los contorsionistas, a los trapecistas, a los de la dulcería, a los del estacionamiento... pinche monito!

Se alejó unos metros, contemplando su obra, riéndose a muajajadas y con una mirada de profunda satisfacción: había cobrado venganza.




Cuando pasó el éxtasis del placer, se encontró de nuevo con la realidad. Caminó sin rumbo, hundido en sus pensamientos. Revoloteó los botes de basura, encontró algunas sobras. Y se echó a dormir debajo de una camioneta, allá, quién sabe dónde, cuando le agarró el sueño.
Al día siguiente, en su ruta sin destino, una viejita loca lo encontró y se lo llevó a su casa, creyendo que era el hijo que le robaron hace 43 años en un tianguis. Lo baño, lo mimó, lo alimentó.

Después de una semana de cariñitos, la viejita se dio cuenta de que su hijo se había convertido en chango y no sabía qué hacer. Finalmente, decidió meterlo a una jaulita y seguir queriéndolo mucho, pero su corazón ya no estaba para esos trotes y le dio el patatús, dejando encerrado al hijo peludo.

A los nueve días, nuestro pobre monito pendejo se murió de hambre y de sed.






Estoy enfermo. Tengo gripa, calentura -de la que no se disfruta- y una cantidad tan enorme de mocos, que soy la envidia de cualquier actor porno.

No hay novedades que pueda contarles ni historias gore -que les debo, lo sé- para que consuman. Estaré en recuperación, es mejor así. Además, tengo más visitas y más comentarios cuando estoy al borde de la muerte.

Por favor, quiero un epitafio chido, usen su puta imaginación.






Cuando la gente me ve por primera vez, cree que tengo, a lo mucho, 18 años. En los tugurios, aún me piden mi credencial de elector y no pueden creer que no haya escapado de una guardería mientras la señorita puericulturista se echaba una pestaña.

Es curioso ese fenómeno de aparentar menos edad de la que se tiene, porque cuando se enteran de que tengo 25, en seguida me incluyen en la plática y mi opinión es solicitada, tanto como mi atención. Con eso, me queda claro que si tuviera la edad que me calculan, lo que tenga que decir o escuchar, no tendría la menor valía.

Yo jamás digo mi edad a la primera, siempre espero a que, si les nace preguntar, pregunten. Es un pendejómetro que tengo y uso con cierta regularidad.

Recordé esto porque sucedió de nuevo hace un par de días, cuando en charla de tiempo muerto mis nuevos compañeros de chamba -la mayoría son pinches chilangos, castigo divino- estaban preguntando de qué año era cada quien.

-y tú, fulanito?
-no pues, yo soy del 75
-jajaja etonces sí te tocó la época de Timbiriche!
-jajaja, sí, sí me tocó
-y tú, canibal?
-del 80
-no mames! ¿del 80? te ves bien morro

Y luego el tipo ya se dirigía a mí cuando hacía cualquier chistecito o comentario. Yo sólo me sonreí...


La gente que anda entre los 17-20 luego luego me incluye en sus pláticas, porque cree que soy de su generación. Los 20-25, 25-30 lo piensan dos veces antes de platicar con un morrito de 17, pero cuando resulta que tengo 25 entonces todo cambia, oh, santísima virgen de los caníbales!

Recuerdo también que alguna vez, mientras hacía mi servicio social, una maestra de primaria me dijo que tengo vocación de profesor, porque "tratas a los niños muy bien". A lo que respondí con un simple "ah, ¿sí?" y no con lo que merecía: "no es que tenga voación de profesor, estúpida, es sólo que tú los tratas como si fueran unos retrasados mentales".

Tal vez por lo mismo, jamás he medido lo interesante que una persona puede llegar a ser, calculándole la edad o confirmándola. Mido lo interesante de una persona por su manera de hablar, de sonreír, de joder a los demás, de guardar silencio, de mentar madres... y nunca por su edad, escolaridad, lugar de origen, datos de cultura general que se haya dedicado a acumular, nivel de coeficiente intelectual o el libro que esté leyendo.

Y cuando encuentro una persona interesante casi siempre sale de mi vida por causas que son ajenas a la voluntad de ambos, y a la vuelta de la esquina me topo con alguien que me pide mi credencial de elector para evaluar si valdrá o no la pena entablar una conversación conmigo. Y se queda a mi lado el resto de la tarde, hablándome de quién sabe qué pendejadas, pues hace tanto ruido que no alcanzo a escuchar una palabra. Y esa es otra: todos están muy dispuestos a soltar sus peroratas pero nunca están dispuestos a escuchar, es más, ni siquiera saben qué es eso.

Dios, vaya sarta de gente imbécil que me rodea...


P.D. Escribo este post para olvidarme un poco del montón de deja-vús que he tenido últimamente. Sí, son chidos, pero creo que excedí la dosis recomendada por mi médico y ahora estoy en problemas. Antes de opinar al respecto, por favor, háganse 20 puñetas en un día para que tengan una idea de lo que estoy hablando.






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