sábado 29 de octubre de 2005

Yo sobreviví al huracán Wilma

[Post largo. Si tienes cosas mejores qué hacer, llégale]



¡Jojojojo!
No nos abastecimos. Creímos que iba a ser la misma chingadera que el Emily y nos confiamos completamente: nada de agua, nada de atún, nada de nada. El miércoles por la noche estaba rascándome mi hermoso par de huevos, bien quitado de la preocupación y haciendo cuentas acerca de cuánto tiempo me llevará comprarme un auto y poder dedicarme a secuestrar niñas de primaria e inducirlas mediante dulces y mentiras a que me chupen el pito oxidado y cuasi muerto que cargo entre las piernas. No pensé, y lo juro por Buba, que el putete huracán nos arrancaría hasta los calzones y se iría cagándose de la risa a partirle el culo a los de Florida, aunque, eso sí, en menor grado.

Todo empezó leve, con chubasquitos meadores y rafaguitas de viento tan pinches que nos arrancaban un contínuo "no mames, no va a entrar". Pero luego se aferró...

A las 6:40 p.m., Mia, quien también vive en este rancho, me llamó para desearme un feliz huracán, jojojo!, detallazo chido de esos que sólo a ella se le ocurren. Lástima que no pudimos comunicarnos los días siguientes, pues se le jodió el teléfono, y el servicio de hot-line que sólo a los elegidos nos provee, quedó deshabilitado. Estuve preocupado por tí, mi vida, pensé un montón de pendejadas producto de la autosugestión y del exceso de alcohol barato y caliente que consumí para olvidar hasta tus penas. Fue aliviante saber que estás sana, salva y lista para seguir diciéndome kamasutradas por teléfono, jejeje!. Gracias por la llamadota, mi bendito TH.

A las ocho de la noche , cuando la cosa agarró sabor y se dejó de pendejadas, mi casa tronaba chingón y justo en ese momento creí que el gerente del Infierno había olvidado las promesas que me hizo aquella noche en la que le entregué mi cazuelita del placer.
Como el aire no nos pegaba de frente, estábamos parados viendo por la ventana cómo se mecían los árboles y cómo volaban los proyectiles. Ese sonido del aire a esa velocidad, es algo que recordaré por un buen tiempo, pues aunque viví el huracán Gilberto en 1988, no tengo recuerdos claros debido a la corta edad de esos ayeres y al sueño profundo del que disfruté toda mi infancia.

El cielo se veía de un azul muy oscuro, casi negro y poca madre. Sólo esta veladorita nos alumbraba




A las diez y media y en pleno despapaye, recibí desde Monterrey la llamada -no nos cortaron la línea- de Cinthya, quien bien preocupadota por mí, estaba atascándose una bolsota de Chichos, prometiéndome su presencia en la intimidad de mi cama y recordándome, así como si nada, que las amistades que valen la pena conservar son aquellas que te dan una patada en el culo cuando lo mereces, y una sonrisa de aliento cuando estás agarrado hasta con las uñas a un árbol para que la puta Wilma no te aviente de un mega vergazo hasta Yucatán.
Gracias, mujer.

Los vientos sostenidos estaban, dicen, a 180km/h, y las ráfagas a 240km/h. Yo no sé si esos datos sean ciertos, lo que sí sé es que un árbol cayó en la casa del vecino de enfrente, que se hizo una laguna de 200 metros de largo y metro y medio de profundo en el tramo Cancún-Playa del Carmen, que saquearon casi todos los súper mercados [y los Oxxos ¡a huevo!], que tuve que aguantarme las ganas de cagar tanto tiempo que seguramente tengo un récord mundial no incluído en el libro Guiness, que no podré sobrevivir más de quince días sin escuchar música, que los de la PFP están pasando casa por casa para identificar a los saqueadores [¡puta! ¿qué voy a hacer con los dvd, los dos refrigeradores y la tele de plasma?] y chiquitearlos a macanazos, que voy salir en la tele por hacerla de ciudadano solidario [si ven en la caja idiota a un canibalito trepado en un avión bajando despensas para los damnificados, grábenlo y enamórense de él]...

Mención aparte merecen las fogatas y las guardias nocturnas.
Como nos quedamos sin energía eléctrica durante, a ver.. viernes, sábado, domingo... mmm... míercoles... 7 días, y seguridad pública no se dio abasto para madrear a todos los culeritos que atracaban al que se dejara, la raza emprendió un hermoso plan de autodefensa, como dijeron los del periódico !Por Esto!. Se encendieron fogatas en cada esquinas y los vecinos, machete en mano, se paraban en ellas a hacer guardia toda la noche, con turnos perfectamente organizados y cafecito y galletas de animalitos pa' sopear.

Yo ni siquiera una vez hice guardia. La primera noche que se encendió el fuego, me quedé hasta las once y pico, escuchando el relato más verga de un testigo de la guerra zapatista, un tipo que vivió doce días encerrado en su casa, con una mujer con la panza cesareada y una niña de tres días de nacida:

"La sangre, vecina, la sangre se veía así como usté ve ese charco negro, y a los muertos los apilaban pa' luego llevarlos a una fosa y echarles lumbre, y nadie podía salir ni siquiera tantito porque los militares se soltaron matando gente, al que vieran que asomara la cabeza por la ventana, le metían un plomazo."

Y luego me boté a la chingada a dormir.

Toda esa mamada de las fogatas se debió en gran parte a un rumor en el que se aseguraba que 600 reos se habían escapado del cereso. Aunque fue cierto que encontraron un boquete de metro y fracción en la barda de la prisión, sólo dos reos escaparon: uno que robó unas bicicletas, y un teporocho [según fuentes confiables que tengo en seguridad pública y los medios locales de información -!ah, cabrón!-.] Lo demás se debió al efecto de teléfono descompuesto que sufre cualquier incidente que vaya de boca en boca, y a los asaltos de los chemitos que parasitan en nuestras colonias.

Sin agua, sin luz y sin comida, la tribu de mi casa no sufrió preocupación alguna. A decir verdad, abusamos de la protección de la que siempre hemos gozado. Mientras todo mundo [hasta mi cuñada] traían tono de damnificados y los ánimos por los suelos, como si de verdad se hubieran quedado en el completo desamparo, nosotros estábamos muy campantes platicando con los vecinos, pateando borrachos, proponiendo sandwichitos -¡ay, chiquita, ojalá y te animes!- y observando con atención milimétrica el espectáculo estelar que ofrecía una ciudad a oscuras.

Niñas, lo que han visto por televisión es cierto, pero tengan en cuenta que esos weyes tienen que poner la parte más dañada de este pueblito. Entre más muertos, damnificados y pérdidas materiales difundan, mejor alimentados crecerán los que dependan de los medios de comunicación.
No nos fue tan mal como parece, pero tampoco quedamos en la gloria. Mucho se perdió y un buen de gente está desempleada -no hay turistas: no hay dinero- pero existe una enorme voluntad para levantar una vez más los pilares de esta gran ciudad, trabajando duramente, con la frente en alto, con la esperanza bien puesta, bla, bla, bla, bla... y todo para que se lo lleve la verga de nuevo el próximo huracán que ya viene en camino, jojojojo!

No escribo más porque acabo de recibir un mensaje de mi borracho favorito, invitándome a echarnos las chelas que ya, por supuesto, merecemos. Aparte, creo que ya ha sido suficiente.

Ah, el título de este post es la leyenda de las playeritas de moda, cien pesitos cada una, ¡llévela, joven, llévela!

miércoles 19 de octubre de 2005

¡Puta, ahora resulta que soy más porno de lo que creía!

Alguien llegó a este basurero desde AQUI

Bueno, aunque es publicidad engañosa, no deja de ser publicidad...

domingo 16 de octubre de 2005




Hace como un año, cuando me compré una camarita digital que salió bien pinche chafa, tenía la ilusión de iniciar un fotoblog. Como tema inicial pondría fotos de perros atropellados, pues, casualmente, fue la época en la que me los encontraba muy seguido.

Ya no me los encuentro; creo que ya mataron a todos los candidatos que pudieron ser modelos para mi fotoblog -¡cuánto dinero dejé escapar!- y lo único que veo en la calle es a un montón de chapitas. He rezado mucho para que desate una ola de chapitas atropellados y así tener un buen tema para iniciar un fotoblog. Pero al parecer, mis rezos no dan resultados o los putos chapitas son indestructibles.

Y ahí van, con sus camisas a cuadritos, sus pantalones de mezclilla morados y metidos en los botines recién boleados. Se sientan en los bares de mala muerte en los que suelo hacer reservación, y se toman mi cerveza, ven a las putas que me gustan y pagan obscenas cantidades de dinero por untarles sus cueros apestosos a cal y cemento.

A las cuatro de la mañana, ebrios hasta el culo y con el ídem empeñado para poder pagar la cuenta, salen a perderse a las cuarterías de la 66. Doña Martha ha guardado a las muchachas y los más aferrados continuamos en plática de banqueta, hermosa plática de borrachos.

Algunos chiapas han caído de unos hoteles en construcción, les digo, pero ninguno ha sido atropellado. Los alarifes voladores no son fotogénicos, sus cadáveres no lucen; bonitos se verían luego de haber sido molidos por un par de llantas, como los canes con los que solía encontrarme casi a diario, hace un año.

-Ya estás peda, morena- me dice mi ángel de la guarda. Y es verdad, estoy hasta el culo. No distingo entre lo que pienso y lo que digo. Hablo solo. Me río solo. Y entonces me digo que ya es hora de pegar la oreja. Habiendo aportado mis opiniones producto del alcohol, puedo descansar tranquilo, morir tranquilo y resucitar como si nada.


Y no, por lo pronto no habrá fotoblog. Se acabaron los perros y pululan los chapitas, quienes ya ni tan secretamente se están formando una cultura de vuelo desde el 17vo. piso, y yo, a Dios gracias, aún no tengo fases pro-indigenistas.

Pinches locos y sus costumbres extrañas, me cae...

[Escuchando: Los_Perros_Cuadrados_02_Acelérale_chofer.mp3]



Ha sucedido de nuevo. El aire se ha puesto con sus cosas y su temperatura descendió. Anda simple, ligero, eléctrico, y en su carrera deja un rastro de sangre que he sabido perseguir como a Los Diciembres y a sus putas banquetas plagadas de recuerdos.

La Pulga toma su lugar a medida que pasa el tiempo. Yo no digo nada, nomás me quedo viendo. Sella los papelitos y se muestra concentrada, con su maquillaje ficticio y sus extinguidores a la mano pues sabe bien que un conato de incendio le arrancaría tremendo susto del cual no le será fácil reponerse.

Entonces recuerdo: debí matarla sin rodeos cuando descubrí que es una pirómana sin compasión. Debí guardarme mis estúpidos principios, tragarme mis argumentos infantiles y olvidarme de las huídas a juicio. Yo tuve el corazón dispuesto, flamante, pero eso no era suficiente, hizo falta el impulso criminal de hacerla pedazos y repartirlos como baratijas en el mercado negro. Un aplauso enorme se habría escuchado desde los palcos hasta la fila de enfrente.

Pero Lucifer actúa de forma misteriosa...

Ahora sus costumbres incendiarias se sacian en edificios que me son ajenos. Ya no cargo amuletos, ni en el alma ni en la punta de la verga. Ya no soy la niña cursi que escribe poemas y alimenta a las palomas, es cierto, pero el precio por devolver la mentira a sus estantes, ha valido la pena.

Tal vez, quizás, y cuando el aire se ponga igual que hoy, intentaré de nuevo dibujarme esa línea en la mano, aún cuando sé que tal esfuerzo es por completo inútil y que sólo sirve para manchar con mis hemorragias a una atmósfera que no me pertenece.

Volveré al carril derecho, señoras; me dejaré de peligros. Aprenderé los reglamentos que intentan controlar una vialidad transitada principalmente por sicarios y rameras. Luz verde, luz ámbar, luz roja. Me estacionaré correctamente. Y en las mañanas, una sobada de pito a nadie le cae mal. Fantasías recurrentes, programas de emergencia. Con equipaje simple, ligero y eléctrico, los traslados se hacen menos complicados.

Anda, retoza con tranquilidad, que las niñas continuamente vagarán por aquí, generalmente con las tripas sobre el pavimento, para recordarme que yo nomás busco pretextos pendejos para envejecer a la menor provocación y que al diablo siempre lo tendré en el cuerpo.

Guarda silencio, cada quien a lo suyo.

sábado 8 de octubre de 2005

Ahorita vengo, voy por cigarros.




Oh, sí,
sí que se nos salen los ojitos cuando vemos un buen culo. Es extraño, es algo que traemos en los genes desde los tiempos bíblicos en los que el hombre cayó en las garras femeninas y dejó de jugarse el pollito a escondidas de su padre, advirtiendo en el proceso que la redondez, calidez y suavidad del trasero de la mujer, no tiene comparación.

Las mujeres creen estar conscientes del armamento nuclear que cargan en el trasero, pero en realidad, sin contar a algunas raras excepciones, no lo están. La única información que poseen al respecto es que nos gusta mucho verles las nalgas y en seguida sacan la etiquetadora y nos plantan en la frente el papelito con la leyenda "Cuidado: Pervertido"

Según estudios, y lástima que no tengo el número del Muy Interesante en el que lo leí, cuando una mujer ve una escena explícita de pornografía, se activan sectores del cerebro asociados con las emociones/sentimientos. En nosotros no, quesque porque semos unos animales salvajes, sucios y pitoflojos. Tal vez lo somos, pero tales estudios demuestran que cuando una mujer dice "qué bonito trasero" está viendo algo diferente a lo que un hombre ve al pronunciar la misma oración.
Juar! algo similar sucede con las palabras "te amo", pero ese es tema de otro post.

Sinceramente, creo que no nos ponemos selectivos en cuestiones de traseros: desde la señorita ejecutiva hasta la chacha bajada de la sierra son dignas de nuestro morbo, mientras cuenten entre sus filas con los requisitos mínimos para la exploración visual. No nos importa si sus peinados se los hizo su peluquerito puñalín y talentoso, tampoco nos importa si sus bolsas son Gucci o del local 42 del tianguis de la 95, no, no, no, lo que nos importa es que tengan una buena curva, nalgas firmes, redondas, que se vean antojables, mamables, cogibles. Eso es lo que cuenta para una excelente puñeta mental de cinco a diez segundos, el tiempo que nos lleva torcernos el pescuezo cuando las vemos pasar, dejando su estelita de olor perfumado que a gritos nos dice "disfrútame, cabrón, ¿verdad que se te antoja?"

Y claro que se nos antoja. Y también se nos antojan los culitos de las mujeres potables con las que tratamos todos los días, sólo que a ellas las vemos con disimulo, ya sea por cuidar un empleo, una amistad y/o la buena imagen que hayamos construído. Sí, acertaron, también nuestros halos tienen un alambrito que los une a nuestras cabezas.

En el terreno de la práctica, lo único que puede derrocar con facilidad al imperio de la buena nalga, es una buena boca, una que sepa hacer su chamba y no cargue con melindres de aquí para allá, una que acepte con dulzura nuestras extensiones y sonría ampliamente una vez finalizada la sesión. Pero en el ámbito visual, estrictamente visual, no hay boca que supere a las formas de un trasero y sus líneas perfectas.

¿Que somos unos cerdos? Si. ¿Que ya ni la chingamos al querer com(g)ernos con los ojos a medio ganado? También. ¿Que somos unos entes desalmados, descorazonados y sólo queremos tenerlas de cuatro? Vamos, ustedes saben perfectamente que eso no es cierto, también tenemos nuestro corazoncito... ¡y vieran qué bonito nos palpita!

Así que, por favor, no nos juzguen tan duro cuando vemos a sus congéneres directamente al burrazo, recuerden que sólo seguimos una vieja ruta trazada en nuestro mapa genético y que podemos disimular si nos lo piden, pero ello seguirá ahí.
Mejor, pavonéense, luzcan ese par nalgas y luchen entre ustedes en el lodo, como saben hacerlo, pues así nos mantienen atentos y con la capacidad de asombro intacta.

Háganlo. Por favor. Por caridad.

martes 4 de octubre de 2005

Completamente gratis! Hasta la puerta de su hogar!


Este post está dirigido a todo aquel que tenga un blog y ya lleve algún tiempo escribiendo en él. Si tú, lector de este muladar, no tienes un blog y nomás gustas de leer las barrabasadas ajenas, este post no es de tu incumbencia. Y me cae de madres que no lo digo por ser grosero, neta, sino porque sé que no lo entenderás.

Cuando uno lleva cierto tiempo de mantener activo un blog, resulta imposible no mancharlo con la sangre de nuestras vísceras. Podrás contar una mentira tras otra, pero incluso ellas tendrán de esa sangre embarrada con brocha gorda o con pincelito quesque finolis, coño, es lo de menos, el caso es que andarás dejando pedaceras tuyas independientemente de lo que escribas... jojojo! y te sientirás harto orgulloso de eso.

Uno piensa, ingenuo error, que las mamadas que se redactan en un blog, mientras reciben el aplauso de los tres lectores con los que se cuenta, son presumibles en la vida real, con la gente que uno conoce, trata y, ejem, quiere. Generalmente, la imagen que se proyecta en un blog, por fortuna o desgracia, ya ni sé, es diferente a la que uno proyecta en la vida real. Un blog es un pozo peligroso y sólo quien escribe en él sabe dónde está y qué hay en el fondo.

Hace ya algún tiempo, por ejemplo, escribí un poema que empezaba así:

Cómeme el pito antes de que anochezca,
haz buches de leche y te diré que te amo,
pues darme tu pepa y también tu ano,
es buen pretexto pa' que mi amor florezca.



La carcajada general no se hizo esperar, todo el que comentó dijo que el dichoso poemita estuvo cagadísimo y que le gustó. Yo, como el buen niño educado que soy, agradecí las flores que me aventaron, pero sabía que ninguno tenía idea de que esa primera estrofa era un completo y vil azote por una situación por la que había pasado meses atrás.

El punto de esto, pues, es que a pesar de que sabes que en tu trinchera hay cosas tan pinches incomprensibles a la primera, como esa, terminas por darle la dirección a la gente que quieres que te conozca mejor o que simplemente se ría con las estupideces que escribes.
Si tienes suerte, lo que puedes recibir luego de que te lean, es una sonrisa condescendiente. Pero pueden pasar cosas peores, tales como perder una amistad, una pareja potencial o establecida, o ¡Buba nos proteja!, un cartón de chelas.

Y es que hay demasiada información en un blog. Lo que tú escribiste durante, no sé, seis meses, la gente se lo chuta en dos días, y generalmente la impresión que les causa no es muy favorable que digamos. Consideran que tan variados o tan repetitivos estados de ánimo son dignos de terapia profesional, que algún tornillo en tu cabeza necesita ajuste o que, simplemente, estás pero bien pendejo.

Esto no es ficción, hay casos documentados por muchos blogs, en los que sus autores tienen problemas por las cosas que escriben en sus changarritos. Es verdad que un tugurio como éste también te regala mucho, te puede regalar amigos a distancia [lo que me recuerda que tengo que ir al DF y a Monterrey a ponerme un par de buenas pedas] y ofrecerte puntos de vista tan pinches chingones, que difícilmente encontrarías en la gente que frecuentas. Curioso, ¿no?. Pero también está presente ese otro lado, que no deja de ser la navaja filosa al alcance del niño incauto.

¿Un consejito? No le digan a nadie de su entorno que tienen un blog. Manténgalo celosamente en secreto, disfruten a sus tres lectores y agradezcan que Blogger aún no nos cobra por postear. Les será menos complicado, créanme.

Y si quieren que alguien los conozca, coño, llévenlo a un hotel y déjense de mamadas.

Jojojo! ¿saben qué es lo chistoso? que no seguirán el consejo, pues nadie experimenta en cabeza ajena, y de todos modos repartirán folletos con las direcciones de sus blogs. Pero, bueno, luego no digan que no les dijimos...


Este post llegó hasta ustedes gracias a
Producciones Petardo Decembrino ©2005 y
Producciones Canibalitum ©2005,
preocupados siempre por la estabilidad
emocional de sus lectores.

sábado 1 de octubre de 2005

Breves


* La clausura del festival de jazz, en mi humilde y sagrada opinión, fue una mierda que ofrecieron como si se tratara de un pastel preparado por un chef italiano. Los músicos locales creen que tocar muchas notas por minuto equivale a ser un buen músico. Idiotas, no pusieron atención a aquella ruquísima canción de jazz que dice "it don't mean a thing, if it ain't got that swing", o lo que es lo mismo en el idioma de Chespirito: valen pa' pura verga si carecen de, snif, alma. Se quieren sentir virtuosos y olvidaron que la música, además de demostrar virtuosismo, es para divertirse.

* He conseguido un excelente nuevo empleo. Oh, Buba!, estoy tan pinche contento que esta sonrisita de putete no se me borra de las jetas. Bueno, todavía no debo cantar victoria, pues aún falta ver si apruebo el examen que me aplicarán después del curso... ¡jojojojo! ¿a quién quiero engañar? ¡a huevo que lo paso!

* ¿Será que el Mulderse la come?

* No he puesto el trackback porque, tal como lo dice el Huevo [pinche blogstar, no necesita link], nadie sabe para qué sirve. Aparte, es mucha mamada. Digo, si quiero escribir algo acerca de un post de cualquier bloguero y quiero que se entere de ello, nomás voy a su changarro y le digo "hey, checa mi blog, opiné acerca de tu porquería de post" o se lo digo por MSN [pa no verme tan pepena-visitas] y me ahorro tanta chingadera. ¿O no?

* Tuve un sueño extraño cuyo monólogo final es digno de llevarse al celuloide:
- Yo soy como las putas: te daré el placer que necesitas y aceptaré sonriente las monedas que usualmente me ofreces como pago. Pero no me tendrás, no seré tuyo. Y cuando lo sea, dudarás profundamente al respecto.

* Siempre he sido un no-lector de libros. El número de libros que he leído por mi voluntad no pasa de 6 ó 7, neta, y la mayor parte de ellos fueron muy malos. Tal vez por eso mi afición a la lectura murió rápidamente y no le di tiempo de desarrollarse y saber diferenciar entre un autor bueno y otro no tan bueno, y todos terminaron pareciéndome de la verga. Así es eso: te toca un mal hombre, golpeador y mujeriego, y luego otro y luego otro, y en seguida levantas la teoría de que todos somos iguales.
Hace unas semanas, en un intento por reencontrarme con el gusto de leer, bajé 52 ebooks [¡bendita piratería!] pero sólo me interesaron dos: Paula, de Isabel Allende, y Los Hombres son de Marte y las Mujeres de Venus, de John Gray [con el que he concluído una verdad irrefutable: las viejas están bien pinches locas!!!]

* Si eres un fanático del futbol, esto te interesa:

¿Viste algo extraño en la imagen? ¿no? Si no viste algo así como que medio rarón, disfrutas mucho de los arcoiris y crees que los de RBD son muchachos muy talentosos, eso sólo significa dos cosas:
1.- Estás viendo el fútbol por razones equivocadas
2.- Debes largarte ahora mismo de este blog, pinche marica de mierda.


* Ayer hubo compras de pánico en este pueblo, quesque porque la gasolina estaba escaza y no sé qué más mafufadas. Dicen que tardabas hasta tres horas en las colas de las gasolinerías y que todos los conductores se comían las uñas del miedo de quedarse sin el preciado líquido.
Yo, por eso, nomás viajo en transporte público: dice mi abuela que los camiones andan de puritito milagro. ¿Ven? ellos no necesitan gasolina, jojojojo! ... ¿qué? si quieres buenos chistes, paga por ellos, maldito lector malagradecido!









III
El pelo en la sopa


Necesitábamos
un plan y descansar un poco. El viaje, largo de por sí, me hizo hundirme más en esta chingada vejez prematura que ningún hechizo puede deshacer; ya está igual que la puta calvicie....

Nos despedimos en la entrada del Lago del Suicidio y cada quien jaló para su casa. Nos reuniríamos tres días después para saber qué planes tenía cada uno para poder obtener el pedazo de príncipe que nos había pedido Mondongo. Bueno, en realidad, yo ocuparía esos tres días para descansar, era lo justo, pus ¿a quién le urgía que Bacelis se convirtiera en vieja? a mi no.

Mientras me quejaba de un profundo dolor en las corvas y con dos días de reposo luego del viaje de vuelta, llegó Aurora a mi choza, brincoteando de alegría, carcajeándose y agitando las manos.

-lo tengo, maguito, lo tengo!
-¿qué tienes, chamaca?
-un pelo de Bacelis!
-¿qué...? pero... ¿cómo le hiciste?
-me ayudaron
-¿quién?
-jejejejeje, no, maguito, se dice el milagro pero no el santo
-me la pelas!

Y le lancé el hechizo de la verdad. El hechizo de la verdad me lo enseñó Eloína luego de mentirle varias veces sobre mis ausencias al curso. Harta de eso, un día me dijo "Suficiente, ahora lo dirás todo", murmuró las palabras mágicas, le dió unas vueltitas a la varita y, sí, lo dije todo.
Resultó que yo tenía un amigo, el Chucho, quien tenía la mente más retorcida que se haya conocido sobre esta tierra. Bueno, pues él tenía una novia llamada Porfiria. Cuando me enteré de los detalles del noviazgo y de las libertades que implicaba, no dudé en decirle al Chucho que me diera chance con su novia. Me miró como miran los sicóticos y dijo "Eres un cerdo" pero aceptó.
Porfiria se convirtió en mi vicio. Sexo, sexo, sexo. El maldito llamado de la naturaleza no tuvo piedad de mí. No iba a mis clases de magia por estar con ella, siempre con ella. Chucho rápidamente la dejó y se buscó a otra, pero yo no pude, simplemente no tenía las fuerzas para desprenderme del placer que me daba y que no se cansaba de darme.

Cuando Eloína lo supo, me miró con sospecha. Me dijo "yo no conozco a ninguna mujer llamada Porfiria. O estás mintiendo a pesar del hechizo, o estás cogiendo con la vaca de don Ruperto" Y la cara se me cayó de vergüenza. Bruja al fin, me hizo el favor de salirme de esa barranca y me enseñó, por supuesto, el hechizo de la verdad.

Así que, ya bajo los efectos de la magia, Aurorita me tenía que decir cómo había conseguido el mentado pelo de Bacelis. Y al escucharlo, coño, no podía creerlo...

-Ayer fue jueves, ¿cierto? Bueno, como todos sabemos, los jueves, el menor de los Bolbruche, o séase mi hermoso Bacelis, sale a dar un paseo por el que próximante será su territorio. Sale sin guardias y sin una ruta fija, a pesar de que la reina le dice que eso es arriesgar su vida y la estabilidad de la monarquía. Pero a aquel le importa, ahora sí, un soberano cacahuate y hace como que va a enterarse de las condiciones en las que vive la plebe. Todos sabemos que va al Círculo a echarse su palito. ¿Que porqué no coge con Sofía? no lo sé, tal vez aquella quiere seguir fingiendo que es quintita y darle la sorpresa la noche de bodas. O tal vez, simplemente, la muy zopenca no sabe cómo se mama un pito, o qué se yo! El caso es que este jueves no falló y estuvo puntualito a las 7 de la noche en el Círculo y escogió, como siempre, a Valeria.
-¿Valeria, Valeria, la güerita ojiazul?
-aaaaah, picaróooooon !
-bueno, bueno, la he visto cuando voy a visitar a Cristina, no te creas que voy a echarme uno como la gente
-¿o sea que ya no...?
-oh, mierda, eso no te importa! sigue con el relato!
-jejeje, bueno, pues quise ponerme de acuerdo con Valeria en que le cortara una uña, que se diera sus mañas y lo convenciera, y me dijo: "a ese pinche pelón es más fácil arrancarle un pelo que robarle una uña" Y yo:"¿un pelo? no chingues, Valeria, está pelón y se rasura las pelotas, según me dijiste, ¿de dónde le sacarías un pelo?" Y ella:"del culo"
-¿neta?
-neta
-Y era algo que no había pensado, pero que es bastante cierto: lo hombres, cuando se rasuran sus miserias, jamás se rasuran el culo. Recuerdo que una vez un cliente me dijo que me quería rasurar todita de allá, y luego que me pone de cuatro y que arrasa con mis pelillos de la coliseo! Después me enteré que todas en el Círculo se rasuran mono y fufuy, y pues ¿cómo negarme en futuras sesiones?
-no pus si... Entonces, Valeria consiguió el pelito. ¿Se lo arrancó directamente del...? ouch! eso debió doler!
-no me dijo la muy cabrona cómo le hizo, sólo dijo: "fue un problema, pero neta que fue más rápido que intentar convencerlo de cortarse un cacho de uña. ¿Es puto o qué?"
-jajajajajaja!
-Así que, maguito, aquí está el pelo

Y sacó una cajita y dentro de ésta estaba un pelo negro, feo, retorcido y, supongo, bastante apestoso. Lo vi de lejitos, no quería tener esa chingadera cerca de mí y que me impregnara con sus bacterias o ladillas o cualquier porquería que el fulanito tuviera en el ano.
Sonreímos, ahora sí, victoriosos.


Había que regresar con Mondongo y llevarle el chingao pelo, pero yo estaba molido por la madriza, pues ya no estoy tan jovencito como aparento y hacer viajes tan pinches largos no es el mejor ejercicio para mis oxidadas bisagras.
Aurora se fue sola. No corría ningún peligro, ya que los caníbales son caníbales pero no pendejos, y no se atreverían a comer tanta grasa, independientemente de lo generosa de la ración.

Al tercer día, Mondongo hizo el wiki waka y por todo el pueblo, el bosque, la pradera y más allá, se escuchó el grito desesperado de Zarina Bolbruche, la reina y señora de estas tierras, al ver que en el lecho de su hijo yacía una mujer pelona, encuerada y con facha de plebeya.
Llamó a los guardias y la sacaron del castillo, a pesar de las súplicas y las razones que la pelona daba: "Soy Bacelis, mamá, soy Bacelis! ¿no me reconoces? Por favor, no me hagas esto!" Pero fue sacada a punta de patadas.

Mi ex-maestra Eloína, desde lo alto de su torre y con la mirada casi nublada, presenció todo el numerito. Tomó su vieja vara [no tan vieja como ella] y vino a mi choza, con una botella de tequila en la mano; botella que, cuando la ví, pensé era para estrellármela en la cabezota y mandarme directito a los infiernos.

Entonces sudé frío...