Tomé mi 30-30, me apreté bien el rebozo y al grito de "Que viva la revolución, hijos de su puta madre!" inicié la gresca. ¿El resultado? 400 pesos de finiquito por tres días. ¡Puta, ni para reponer lo que gasté en comida, pasajes y corajes!


Así es, niñas, mi nuevo trabajo se ha convertido en mi nuevo ex-trabajo, y que conste que todo fué en contra de mi santa voluntad pues en realidad me presenté con ganas de trabajar y con actitud positiva. El pequeño problema fué que me pusieron por jefe a un pinche mayita ignorante, un chamaco pendejete de 20 años de esos que creen que ser jefe es ladrar órdenes a los gatos y lamerle el culo a sus superiores y, pues, esteeem, yo no aguanto semejante monumento a la pendejez...

No es por nada, pero la neta es que estoy acostumbrado a trabajar con gente que tiene sentido común y que sabe negociar con sus subordinados. Ese tipo de gente me late y me puedo entender a la perfección con ellos, la relación fluye natural y cuando hay algún problema se puede resolver hablando. Pero, con el señorito en cuestión, fué imposible dialogar una estúpida regla acerca del horario de comida que él, por sus sagrados cojones, impuso a los de nuevo ingreso y quiso que este hermoso caníbal, con las tripas chillándole a todo volumen, siguiera diligentemente y con la cabeza agachada...

Bueno, el caso es que terminó haciéndole caso a la Popis y me acusó con su mamá; me mandaron llamar, me dijeron que muchas gracias pero que el niño había dicho que ya no quería que este genio trabajara con él; yo respondí, acá bien culo, "no hay problema, de todos modos yo tampoco quiero trabajar con él. Estaba dispuesto a aguantarlo solo por el tiempo que durara la capacitación, pero ya me enteré de que él será mi jefe definitivo y no quiero tenerlo por jefe".
¡Asústame, calzón!

Es una verdadera lástima el que me hayan pateado, porque en esos días conocí a tres gentes que me cayeron de huevos: David, un cabroncete que parece hermano del Chango#100 [hasta le pregunté "oye, wey, ¿no eres de los Lomelí?" jojojo!] y que es muy, muy buen pedo; y Jaime y Chema, unos chamacos que son bien pinches borrachos, cascareros, desmadrosos y que saben ser camaradas. Gente así es la que hace falta en este mundo, Dios mío, y no más mayitas con poder...

Lo chistoso de todo esto es que la mujer que me contrató me dijo que yo podía aprender un poco de esa experiencia, dándome a entender que, finalmente, el pendejín tenía la razón al imponer su voluntad con reglas por demás mamilas y sin la menor amabilidad [porque hasta eso, si me dicen "hey, Cani, sé buen niño y por favor vete mucho a chingar a tu reputa" me cae que obedezco, JA!]. Afortunadamente, aún no tengo la necesidad de aguantar a pendejos de ese calibre; necesito trabajar, como todo mundo, pero aún puedo darme el lujo de escoger las condiciones que considere pertinentes.

Psss, una evidencia más de que lo que sobra en este planeta es gente pendeja. Lo único que hizo que ese día me fuera leve, fué que me encontré con Jessi: Oh, Buba, había olvidado lo bonito que se siente ver ese rostro y esa sonrisa... aaaaauuuuuuu !!!






Se está impartiendo un curso para gente aficionada a la escritureada, suena bien si uno está dispuesto a desembolsar 2500 pesotes por 2 sesiones de 2 horas por semana durante 2 meses ¿se entendió? Bueno, pues el pedito es que con mi nuevo trabajo [aplausos, por favor, porque es una bronca conseguir trabajo] no podré asistir ni a ese ni a ningún otro curso en el que se me guíe por este mundo lleno de vicios y perdición.
Jejeje, en realidad, ese es sólo un pretexto porque, a decir verdad, no sé qué vergas pasa conmigo que no puedo terminar ni un solo curso. Tomé clases de guitarra en tres cacademias diferentes: en ninguna llegué al final del curso. Tomé clases de inglés: el niño se salió quesque porque no le gustó cómo daban la clase. Y lo mismo pasó con mis clases de salsa [azúcar!] y computación [en lugares distintos, niñas, no vayan a pensar que me daban salsa computarizada]: bebé no se sintió a gusto y se largó.

Por un momento pensé en ir a la selva a recibir instrucciones para convertirme en un buen escritor, regalar 2500 pesos y tener un librito terminado a finales de Noviembre. Pero luego lo supe: no terminaría el curso, así que no tenía caso.

Durante algún tiempo pensé que tales numeritos se debían a falta de fuerza de voluntad, luego pensé que era indecisión, y al final me dió por echarle la culpa a los maestretes que he tenido la poca fortuna de pagar. Pero, ahora que lo pienso, tal vez es solo inadaptabilidad de mi parte. No congenio con la gente. Bueno, sí, pero siempre hay algo que me hace falta. Entro a los curso buscando gente que apunte hacia el mismo lugar que yo y cuando veo que no la hay, bajo decepcionado la cabeza, pierdo el interés y preparo mi clasiquísimo coitus interruptus.

Es patético, no crean que no lo sé, y no es que yo sea un perro antisocial que avienta la mordida tan pronto alguien se le acerca, oh, no, al contrario: me muestro sonriente y más pinche social que una puta hormiga y muevo la cola como los canes cabrioleros sin fingida alegría. Pero luego algo pasa, algo se pierde y la gente deja de parecerme interesante y termina cayéndome de la verga. Comienzo a hilvanar planes acerca de matar niños en escuelas públicas y afino mi puntería con aquella vieja resortera de mira perfectamente calibrada. Me convierto en un vejete inadaptado atrincherado en su madriguera y lanzo maldiciones contra todo extraño enemigo que ose profanar con su planta mi suelo.

Después, me da por creer que mi caso no es tan clínico como parece. Me doy de palmaditas fraternales en la espalda y argumento de la manera más lógica en la que puede hacerlo un aborigen de mi estirpe. Me rasuro la barba de indigente, me hago un civilizado corte de cabello y digo educadamente buenos días, buenas tardes, buenas noches, ¿cómo está usted?. Y todos contentos. La gente ama esa parte de mí, cuando regreso del cubil felino con el equilibrio que proporciona el Ojo de Thundera y con la fálica espada del augurio que me permite ver más allá de lo evidente, jojojo! Y se la pelan cuando ven que soy el mismo pendejo de siempre...

Puta madre, neta que necesito ayuda... Tal vez los sectarios a domicilio tienen razón al decirme que debo dejar que Jehová entre en mi corazón y sentir el amor pleno que el fulanito reparte ni tan gratuitamente y ganarme un cómodo boleto a la eternidad y sus periferias... naaaaaaaaah! a la verga, qué!






Yo siempre quise hacer una películita de esas azotadas como las que pasan en el canal del IPN en el programa Abrelatas, pero la verdad es que nunca había tenido el dinero para hacerla. Ahora, por patrocinios extraños que no revelaré, he logrado hacer mi cortometraje y me siento bien pinche contento y realizado y estoy seguro de que esta madre ganará algún premio en el extranjero, donde ya reconocen a los cineastas creativos como yo.

Bueno, la películita está... AQUÍ! Casi 3 min. - 152kb






Ser joven, asegún dicen, es la neta.

Ser joven es una crisis existencial a los 16, a dos de tres caídas y sin límite de tiempo. Es una buena paja luego de ver a la muñeca de aparador que quieres tener por pareja. Es tornarse irritable, sensible o voluble gracias a la puta pituitaria. Es un concierto de rock y un puñado de ideales realizables, digamos, pero incompatibles con la realidad en la que se vive. Es una noche larga y dos amaneceres seguidos, un cartón de Sol y colillas y condones tirados en el suelo. Es un toque de mota y una película porno. Es una contínua inconformidad contra el sistema y comprar palomitas sobrevaluadas en Cinépolis de Plaza Las Américas un domingo a las 7 de la noche. O usar la palabra "cotidianeidad" y hacer un montón de mierda consumible al respecto y llamarle, ja!, "arte". O creer o no creer en cualquier cosa de manera aferrada. Y hacer de todas las personas y objetos una extensión de sí mismo...

Ser joven es sentirse antisocial y comprar alguno de los paquetes de identidad disponibles en el tianguis más cercano a tu casa. Es esa vieja necesidad de pertenecer y saberse aceptado: Realmente no importa si estoy bien o mal, pues a donde pertenezco estoy bien. Es tener sueños, ideales, metas y luchar por ellas. Es planear un hogar con hijos, un perro amigable y un patio de césped en una zona segura de la ciudad. Es creer que la felicidad es una línea recta con dosis infinitas de endorfinas. O regocijarte en el autocomplaciente ejercicio del conocimiento, cacarear por ahí algunos datos y mirar por encima del hombro a la ranfla de pendejines ignorantes que usas para tales numeritos.

Ser joven es un auto de agencia y una mujer que se acuesta con desconocidos por placer, pero que les cobra solo para guardar las apariencias. Es una rola con beat sabrosón y una persecución a tiros protagonizada por tí y por tus sicarios en turno. Es una caricatura cagada y un soundtrack inolvidable; una retahila de melancolías en construcción y veinte pesos en la bolsa para una puta caguama que ni siquiera se tomaron la molestia de enfríarla como Dios manda.

Ser joven, como ya dije que asegún dicen, es la neta. Yo no lo puedo asegurar pero, bueeee, como dicen los pinches chilangos: igual y sí...






Como superar una decepcion amorosa




Entonces, ¿le han decepcionado?. Oiga, no es necesario que rompa en llanto, con decir SÍ es más que suficiente...

Pero lea y aprenda, aprenda y deje de sufrir:
La decepción amorosa es una tormenta en un vaso de agua. Somos unas niñas sensibles que a la menor burla o provocación, corremos plañideras a los brazos de la angustia y el alcohol. Las decepciones del amor son dolorosas, no lo niego, pero si se ven con cuidado enseguida se da uno cuenta de que son pasajeras. Usted podrá respingar muy chingoncito diciendo que tal cosa no es cierta y que estoy tratando de venderle una idea por demás estúpida. Por favor, piénselo dos veces.

Pero, bueno, más que conocer la anatomía del dolor, supongo que su interés está centrado en saber cómo huir lejos, lejos, lejos de esas certeras patadas en el trasero que, asegún usté, la vida le propina. Quiere tener la fórmula de la droga perfecta que instantáneamente le haga sentir que aquello ya pasó y que no volverá a pasar. Huir, pues, se convierte en una necesidad primaria, porque eso de morirse lentamente como que no resulta conveniente.

Existen varios métodos, algunos son muy eficaces y otros, eehmm, no tanto, pero en realidad dependen en gran medida de la persona y situación específicos. Veamos...


1.- La última y nos vamos
Un clásico. Hundirse en las chevechitas es la neta, pues aparte de dar un glorioso espectáculo de cómo agonizar patéticamente, uno se da cuenta de quiénes son realmente los cuates del alma, los dispuestos a morir con nosotros en el Katunga [pinches meseros infla-cuentas!] y los que siempre dirán "échame ese moco en este hombro" sin que ello implique connotación sexual alguna.
Tome mucho alcohol. Fume como chimenea. Pida otra ronda. Pida un table privado con Yahaira y dígale que está muy triste y que necesita chupar unas cuantas tetas. Se sorprenderá del resultado...
Desventaja: Se requiere mucha inversión. Yahaira no es una putita cualquiera y sus amores son algo costosos. Vaya solo si trabaja para el gobierno o si sus cuates están dispuestos a verlo morir y a pagar en efectivo por ello. De no ser así, mejor ni lo intente.

2.- La vida es una canción
[O Lo que callamos los dolidos]

Escuche todo lo que le recuerde a él, ella o eso. Piérdase en la tristeza, en el dolor, como Benito, y lance maldiciones y blasfemias con golpes de pecho y dobleces de rodilla. Amplíe su repertorio del rencor, incluya canciones de José Alfredo Jiménez y algunas de Paquita. Apréndaselas y muéstrese débil y vulnerable ante los demás, pues nunca falta el alma que quiere consolar al desprotegido y que terminará dándole el culo y haciendo planes matrimoniales. Créame, funciona...
No se recomienda mezclar este método con el anterior, porque resulta contraproducente y en vez de ayudarle a salir, sólo le meterá más la pata al pozo. Tenga cuidado, no juegue con sus sentimientos [otros ya lo hicieron y ya conocemos el resultado].
Desventaja: los vecinos podrán llegar a odiarlo si no controla el volumen de sus alaridos y, en el peor de los casos, llegarán a golpearlo y estropearle ese rostro tan bonito que algún día le dará de comer.


3.- La gente me señala, me apunta con el dedo, critica a mis espaldas y a mí me importa un bledo
Asuma que no le importa. Dígase a sí mismo que no es para tanto, que las parejas van y vienen y que los amigos son para siempre. Engáñese vilmente, miéntase mirándose a los ojos [necesitará un espejo] y, aunque en un principio se sentirá estúpido, verá que con el tiempo terminará creyéndosela. Es muy fácil, práctico y gratuito. Así funciona todo nuestro bagaje de creencias: a base de mentiras, en su mayoría. Toda mentira repetida muchas veces, termina por convertirse en verdad [y en Verdad Irrefutable].
Desventajas: El espejo puede desencadenar unas ganas incontenibles de exprimirse los barritos o de llorar inconsolablemente y romperlo, cortarse las venas y no saber nada más de este mundo plagado de dolor, traición y software mal diseñado de Microsoft.



4.- Orita vengo, amá
Hace algunos años, alguien en mi familia contó que un joven le dijo cierto día a su madre:
-voy al parque, amá
-a qué vas?
-a matarme
-ay, este chamaco y sus cosas...
Y el tipo se colgó en un almendro del parque, jojojojo!
Mátese. Mi inclinación hacia el suicidio le recomienda, como ya lo dije en otro post, comprar una espada Hatori Hanzo y clavársela en el punto central entre el ombligo y el pito. Morirá con estilo y posiblemente se convierta en una leyenda en su cuadra, barrio o municipio. Muerto el perro, se acaba la rabia. Así que manos a la obra.
Ahora, que si no cuenta con los huevitos suficientes para darse cran solito, coño, entonces vaya a la zona peligrosa de su ciudad. Procure llevar dinero suficiente y resistirse al asalto, maldiciendo a su verdugo y recordándole que es una basura, que si quiere dinero que se ponga a trabajar, que ya ni la chinga... cositas por el estilo.
Desventajas: Los suicidios a veces son interrumpidos por gente obtusa y sin inteligencia. Los asaltos jamás son interrumpidos, pero se corre el riesgo de que solo le propinen una verguiza marca diablo y no una muerte marca Tlatelolco®.


5.- ¿Dónde tá bebé? agugú-dadá!
A sabiendas de que las anteriores soluciones son del dominio popular y que son, mmmmmm, ¿cómo decirlo?, creadores de círculos viciosos [amamos el dolor, ya sea secretamente o gritos pero lo amamos], le ofrezco la solución más inteligente que puede tomar: meta su cabeza en su culo.



Quédese ahí un tiempo. No salga. Le costará un poco mantener el equilibrio, pero luego le agarrará el modo. Verá que ello sanará la herida, se lo garantizo. No la olvidará, oh, no, y tampoco la superará [vaya término infantil acuñado por un puñado de pendejos!]. Su herida sanará completamente, en serio, recordará el episodio sin rencores ni falsos perdones. Todo saldrá bien y al cabo de un tiempo se verá posibilitado para amar de nuevo, para entregarse completamente creyendo que ha encontrado a la pareja de su vida. Luego se decepcionará, seguirá sin comprender las enormes diferencias de una cabeza a otra y de un corazón a otro. Entonces tendrá que meter su cabeza de nuevo. Y luego otra vez. Y luego otra vez. Y así, sucesivamente, infinitamente, sonriente y agradecido con el cielo por la oportunidad de probar un trozo de este pastelito agridulce que creyó que se llamaba vida.

Oh, vamos, no es que yo sea un gusano fatalista o que intente decepcionarle antes de tiempo. Si es usted un poquito perspicaz, se dará cuenta de que lo que le digo es cierto y que no hay que tomárselo tan en serio.

Ande, sonría, le regalaré un globo de helio y una fotografía que podrá enmarcar y presumirle a sus amigos. Apúrese, chingaos, que no le queda mucho tiempo...






No mamen! no mamen! NO MAMEN!

-que ves, hijo?
-una película del Pedro Infante
-la del torito?
-no, la de Los Tres García, con la viejita esa que da de bastonazos
-aaaaaaaahh, esa película...
-qué tiene?
-no, nada. Tu abuela creía que te puse Luis Manuel porque había un artista que se llamaba Luis Manuel Pelayo, pero en realidad lo saqué de esa película, Los Tres García

[Caníbal toma un cuchillo y se dispone al suicidio]

-ay, qué tiene de malo? es un bonito nombre. Mmmmm, no debí decírtelo, ya veo porqué la gente se lleva algunos secretos hasta la tumba.



No mamen, soy Luis Manuel, el de los Tres García.

Me quiero morir.

Neta.






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