Camino como buen esclavo por las calles de mi ciudad y veo a una anciana escarbando los botes de basura: supongo que quiere comida, una vida digna y demás cosas que no tendrá ni hoy ni en diez mil sexenios. Hago un gesto entre lástima y asco y sigo caminando.

Luego, veo a los chavos que limpian parabrisas y se emputan si no les das pa' los chescos. Que se bajen por los chescos y verán que sí les dan, por lo menos, unos cuantos litros de lactosa en la garganta, pinches mugrosos.
Camino por las calles de mi chula ciudad atestada de gringos que regresaron luego de huír, cuales ratas, al gabacho por la llegada de Emilia. Ellos son la Sodoma y la Gomorra y nosotros unos malísimos, en verdad malísimos aprendices.

Un gordo me pregunta la hora. Es bien pinche faggot, se le nota a la primera: la peluca azul y las zapatillas de plataforma lo delatan. Me mira la zona púbica sin disimulo, creyendo que por estar prieto tengo el pito grande. Yo le sonrío descaradamente, dándole a entender que me gustan los putos y que me gusta él. El idiota se la cree y me hace conversación, recordándome lo patéticos que somos los hombres para ligar, en especial yo.

Una morrita sale de un Burguer. Morena, pequeña, de hombros algo estrechos y los pies más bonitos que los de María. Me pregunto qué tan inteligente será y qué tan bonito ha de mamar la pistola. Me cago de la risa de mis mamadas y un viejito con cara de pendejo se me queda viendo raro, pensando seguramente que necesito terapia. Vejete, no se preocupe, ya somos dos.

Estoy por llegar. Las manos me sudan. Mi frente grasa brilla que dá asco. Mi desodorante Obao y sus 65 gramos de cetearet-33 parecen efectivos, aunque me irritan el sobaco. Y la morrita del Burguer no es víctima potencial por muchas razones, entre otras porque un tipo, que se ve que se la ha metido hasta el esófago, le da una nalgada y la toma por la cintura. Lo sé, ninguna mujer tiene dueño, pero uno le pertenece a otra persona en la justa medida en la que lo decida, y ella se veía muy decidida.

He llegado.
Sonrío en piloto automático. Digo mis líneas, todos mis parlamentos ensayados hasta el hartazgo. Mis expresiones son precisas y Dios una vez más aprueba sonriente mis mentiras. Obtengo una ovación de pie, con rosas al aire y exclamaciones de admiración, aunque a los payasos y a los trapecistas les purgue tal gesto hacia mí por parte del respetable. Sienten que por haber sufrido más para llegar a tener un número, merecen esa reverencia. Pobres pendejos, es lo único que alcanzo a pensar en mi clímax de felicidad.

Pero luego voy de vuelta a mi jaula, sumiso, como buen animal amaestrado. Camino y camino y se me coce y descose el culo gracias al sol de las tres y al efecto invernadero. Que se derritan los hielos polares, que caiga el Apocalipsis sobre este pueblo y que sus prostitutas con melindres corran desoladas buscando otro congal de mala muerte para ofrecer sus cisticercos a precios razonables, me da igual.

Odio este puto comal de ciudad. Un día escaparé de aquí y me iré a vivir a Alaska y Dinarama, con todo y las mil campanas que suenan en mi corazón, qué difícil es pedir perdón, ni tú ni nadie, nadie puede cambiarme.

Jojojo! Mientras eso pasa, seguiré siendo un cumbiancherito en mi cuadra y sonsacador de buenas almas para dirigirlas a los palcos del purgatorio, obteniendo jugosas comisiones bajo el agua por cada alma que deposito en esos lares.
Nah! ni tanto, nomás me agarran de pretexto...






Ok, hablemos de los gordos...

Los gordos, por cruel regla natural, no son felices. Por más bonachonamente que se den de palmaditas en la panza, tratando de manifestar autoestima y seguridad, les duele hasta el fondo del culo el ser una copia fiel de la botarga del doctor Simi.


En el primer cuadro de la infancia, no es en absoluto doloroso. La protección del círculo familiar celebra alegremente al ver a un niño regordete y con los cachetes rojos como nalgas de mandril. Sienten que si el chamaco nace cerdo es porque está muy sano y nomás por eso le auguran el mejor de los futuros.
Nada más falso.

En la primaria, un niño gordo, si no es pendejo, gozará de cierta autoridad y amiguismos, sabiendo aprovechar el poder que otorga la masa excesiva. Cualquier alfiler que asista a clases, sabrá que un gordo es un peligro rodante y que hay que tenerle contento con sacrificios humanos y danzas rituales.
El gordo se sentirá respetado, tendrá súbditos leales y esclavos temerosos que inclinarán sumisamente sus cabezas. Pasará, pues, los primeros doce años de vida comiendo tranquilamente chicharrones, jícamas y mangos con chile, sabritas y demás suplementos alimenticios propios de la edad.

Pero entrará a la secundaria o al menos seguirá creciendo. Y, oh, la lá!, ahí sentirá el yugo castigador de la vida.
No es un secreto que la vida es una mierda. Cualquiera de nosotros puede hacer esta afirmación, independientemente de si estamos hechos unos hipopotamitos o no. Ahora bien, aceptando tal verdad inquebrantable, sabemos que el gordito en cuestión sufrirá los desprecios del sexo opuesto. Y lo mismo aplica para las gordas.
Y yo no sé cuál de los géneros sufre más, si las ballenitas o los puerquitos. Las gordas no quieren estar flacas para gustarle a los hombres; bueno, sí, pero la balanza se inclina más por esa pendeja necesidad de verse bien ante las otras mujeres.
Los hombres somos más simples, no hay otra palabra. Nuestra complejidad se desarrolla en otras nimiedades y ni siquiera es complejidad sino pendejez avanzada. Y, pensándolo mejor, tal vez las mujeres no es que sean complejas, tal vez solo son pendejas al cubo³.


Y tales desprecios generan un negocio redondo. Basta echarle un vistazo a la publicidad para darnos cuenta: aparatos para reducir la panza, cremas, cápsulas que separan la grasa de la mierda y evitan su absorción, falsos testimonios que avalan a tales productos... todo ese pedo. Y no es que los gordos no sigan las instrucciones de los psicólogos y de Miguel Angel Cornejo cuando dicen que uno debe aceptarse y quererse tal como es, sino que es la gente, los demás, quienes no los aceptan y luego les tiran el cómico discurso de que lo que importa es lo de adentro. A huevo! lo que importa es que tienen esa pinche bola de mierda grasosa adentro y por eso nadie los quiere! Jojojo!


Las oportunidades se reducen y no solo en el ámbito sexo-amoroso, sino también en el laboral. En la búsqueda de empleo, entre dos personas del mismo nivel académico y la misma capacidad laboral, con la única diferencia de unos 60 kilos entre una y otra, escogerán obviamente al no-panzón ¿porqué? Muy simple: los gordos se cansan rápido, les duele la espalda, sudan a mares y apestan a estiércol. Aparte, la imagen de una empresa siempre se verá mejor con gente que viva en su peso normal y no use carpas de circo para poder vestirse.
Claro que si se trata de ser policía o guarura o cadenero de un antro de mala muerte, el contrato está asegurado. Y las gordas, bueno, pues ellas pueden ser modelos de Botero o posar en páginas porno bizarras o simplemente envejecer y convertirse en señoras gordas que ven en las telenovelas la vida que nunca tendrán, yo qué sé...



Gordos y gordas, acéptenlo: nunca los vamos a querer. Sí, digamos que apreciamos su bonito y delgado interior, pero definitivamente su exterior nos molesta, nos ofende y lo único que nos proporciona es diversión. Ustedes, con sus cuerpos de exageradas dimensiones y sus patéticos intentos por lucir hermosos, son un chiste rodante.
Péguense un tiro. Y si son gordos y chilangos, péguense dos, para acabar con las dos maldiciones y evitar aquello de las reencarnaciones. Harán un bien a la sociedad, se los aseguro.
Irán al cielo de los gordos, en el que hay muchos dulces y hamburguesas de Mc Donalds y tacos y tamales y cochinita pibil y quecas y nopalitos y almejitas con limón y un chingo pero un chingo de cervezas para que olviden la vergüenza que les causa ser lo anormales que son.
En el cielo de los gordos hay todo lo que necesitan, como pueden leer.

Oigan, no me vean así, yo también me mataré, aunque por otras razones. Ya conseguí una espada Hatori Hanzo y pienso volarme el pescuezo un día de estos. Soy una persona consciente de sus deberes ante la sociedad a la que no puede adaptarse, solo estoy esperando la señal precisa para darme el tajo. No os desesperéis, ya merengues llega.
Pero ustedes, coño, ustedes no necesitan más señal que el obvio desprecio de sus semejantes. Corrijo: de sus prójimos. Así que ¿pa qué demorar sus agonías? Lléguenle, pinchis triponcitos, que es mole de olla.


Aahm, casi lo olvido: si estás gordita y apetitosa [como la Nicandra!], entonces te aconsejo que no te mates, mejor ven a mí. A mi me gustan las mujeres dos que tres lonjuditas. Sé que es pecado, pero no siempre soy muy seguidor de mis creencias, así que no hay pedo ni largas condenas o pesos de conciencia.
Solo que, eso sí, tienes que estar chulita, como ella:

Soy tuya, papi!







EL pasado martes 19 de Julio, este blog cumplió dos años de vida. No es que lo haya olvidado u "olvidado" con el fin de no mencionarlo, fué solo que el mentado huracán vino a aguarnos la fiesta y tuvo que posponerse.

Durante estos dos años este changarro no ha tenido otra intención que ser un anaquel exhibidor de manías reales y ficticias, de babosada franca y de vulgaridad recurrente, de gore, de ternura y dos que tres chispazos de cordura.

No tenía idea de cuánto me gustaba escribir hasta que comencé a hacerlo aquí. Y tampoco tenía idea de las satisfacciones que un sitio como este puede brindar, y que conste que no hablo de la hinchazón inevitable del ego.
Algunas veces intenté escribir en libretas, al más puro estilo adolescente, pero solo escribía un par de cosas y lo dejaba por la paz porque ¿para qué redactar algo que solo yo leería? Terminaba sintiéndome como una niña de secundaria con su diario de candadito...

El blog ofrece una manera tremendamente fácil de publicar lo que sea, cuando sea y sin costo alguno. Es la así llamada libertad total de expresión, al menos por ahora.
Al principio es adictivo. Uno quiere postear todos los días, todo el día, todas las experiencias. El autor de Tourette, un blog de esos geniales que están en los sótanos, lo describe de manera magistral:

"Qué cagado es esto de tener un blog, pareciera que uno solo vive para venir corriendo como imbécil a escribir todo lo que le pasa/piensa. Uno a veces puede pasarse horas editando un pinche post para que todos nuestros amiguitos blogueros vengan y nos digan Hey! que chingon!, y seamos felices por unos momentos, me siento patético."

La adicción puede desvanecerse o ir en aumento, es diferente en cada caso. En el mío, creo que se ha mantenido en niveles razonables, lo cual ya es ganancia.

Ignoro si con el paso del tiempo esto de los blogs tenga alguna repercusión en la sociedad. También ignoro si algún día nos pagarán por regalarnos a los desconocidos. Mamichula me envió hace tiempo un correo en el que dice que en EU, las grandes empresas ya están reclutando gente con blogs, para hacerse publicidad de manera fresca y en lenguaje casual. Suena bien, yo espero que pronto suceda lo mismo en este país y que los de editorial VID o la legendaria EJEA o los de Mango, me recluten para hacerle promoción a sus revistas para albañiles...

Todos los blogs evolucionan y eso lo sabe cualquiera que haya leído alguno regularmente por varios meses. Este blog cumple dos años y calculo que su edad mental está por ahí de los 16 y que todavía le cuelga para convertirse en un blog serio y pomposo, lleno de adornos inútiles y cremas antiarrugas.
Y no es que vaya a salvarse, solo que no le ha llegado su calavera...

Así, pues, damos ingreso a 365 días más de existencia y alaridos contra el cielo, buscando la salvación por los atajos y a los infiernos con sus diablitas [que imaginamos suculentas y bastante, bastante putonas].

Gracias, muñecas, por engordarme el ego. Gracias por incentivar mi ociosidad y evitar con eso que salga a matar niños pobretones a la hora de la salida en las escuelas públicas. Gracias por los comentarios, los saludos y los abrazos que no llegarán. Gracias a mi hija Viki, a mi carnalito K, a mi compa Chad, a Mia por las buenas pedas y las conversaciones que parecían interminables, al gordo del ciber por haberme dado tema de post, a la Alacrana por recordarme que la mujer que quiero tener en mi vida es muy posible que exista, a Carmen por sus palabras de aliento, a mi exjefe Puro Hueso por demostrarme con su pendejez e ignorancia que tales males no se eliminan mágicamente con un título universitario, a Hugo García Michel por las lecciones mensuales de literatura, a Paty y Selma Bouvier por hacerle la vida imposible a Homero, pero sobre todo gracias a ustedes, queridas lectoras, que con sus retornos me han hecho creer que mucha gente me visita, lee y consume.

Suficiente miel, ahora lléguenle a la chingada, cabroncetes, que tengo cosas qué hacer.









Me declaro 200% a favor del aborto.
Es un paso en retroceso el que nuestra sociedad condene una práctica que muchos dolores le ahorrará a ese ser humano en gestación, pues no todos los niños tirados a la basura tienen la fortuna de ser adoptados por una familia amorosa, ansiosa por tenerlos y más tierna que los Ositos Cariñositos.
El aborto, a pesar de que ese viejo argumento moraloide lo tache de asesinato, entra en necesidad en el momento en el que pensamos en los irresponsables padres cogelones y en la criatura que está a punto de ser arrojada a la mierda de mundo que nos ha tomado unos cuantos miles de años construír.

También es una buena opción para las mujeres que no están preparadas para tener hijos, pues necesitan terminar su carrera, generar suficiente dinero y seguir cogiendo por ahí como conejas. Lo es también para quienes no quieran tener al fruto de los excesos de alcohol y calentura o, en el peor de los casos, de un abuso sexual.

Recuerdo que una amiga mía me dijo que ella estaba a favor del aborto hasta que leyó un librito de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, ese escritor famosísimo por libros aburridísimos y quesque didácticos. En ese libro, se describía a detalle un aborto con una aspiradora; mi amiga quedó impactada gracias al terror descrito por el autor: que si el niño huía de la aspiradora, que si ya le arrancó su bracito [toda parte de su anatomía escrita en diminutivo, por favor] y luego su piernita y luego su cabecita, ay, qué horror!
C.C. Sánchez, en mi opinión y nomás por esa parte del libro, debió ser nominado y galardonado en los premio Tv y Novelas, en la categoría "Desmembramientos explícitos con fines educativos", mirando por encima del hombro a todos los directores japoneses de gore, incluído el inmortal Hideshi Hino, quien dirigiera la legendaria Flores de Carne y Sangre.
Coño, la sensiblería convence a medio mundo...

En definitiva, nos sentiremos menos monstruosos si cacareamos por ahí que el aborto es una demostración de barbarie. Seremos mejor aceptados si nos oyen decir que eso es falta de conciencia, de madurez y de responsabilidad. Y el discurso nos saldrá mejor si en la intimidad de nuestros pensamientos nos lo repetimos suficientes veces hasta convencernos de que ello es cierto.

El aborto es algo feo, sí, pero necesario.
Hace poco se supo del caso de un menor que huyó de su casa porque sus padres le decían, así, con todas sus letras, que no lo quieren. El menor fué detenido por una patrulla y puesto en las garras del DIF. No sé si sea cierto, pero en este pueblo corre el rumor de que el DIF le proveía de niños a Succar Kuri, nuestro pederasta de importación, así que ya sabemos más o menos el futuro que le espera al chamacón.
¿No habría sido justo, dada la inevitable crueldad de la realidad, haber abortado a tiempo a ese niño? Claro que sí, pero resulta más remunerante mantenerlo con vida.
Aunque lo más seguro es que ese mugrosito no haga nada importante con su existencia, servirá para engrosar la mano de obra barata de la que tanto se jacta nuestro presidente Fox Mulder, además de ser un votante en potencia y obligatorio acarreado cuando se le solicite.




Ja! Dentro de dos o cinco o diez años, yo qué sé, seguiré siendo consciente de que los hijos son la única extensión viva de nuestro ego. Seguiré sabiendo aquello de que la disolución del ego no es la evolución del conocimiento acerca del ego. Mis antenas se seguirán dirigiendo a los mismos lugares. Sintonizarán las mismas estaciones. Mis rencores sabrán cómo cobrar venganza con mayor efectividad y mis imperios seguirán siendo igual de reducidos que ahora.
Pero algo habrá cambiado en mí y no será la mamada esa de ya no tener 25 y la consecuente sabíduría que el pueblo se empeña en darle a los años. No.
Si para esos mañanas la naturaleza ya hizo su trabajo acorde a sus honorarios, me veré absorto en la felicidad de tener entre mis brazos a un par de niñas que serán mis hijas.
Entonces, aquel post antiguo acerca del aborto y mi doscientos por ciento a su favor, me harán sonreír. Tendré un par de hermosas razones para creer que el aborto debe ser evitado en la medida de lo posible y llevarlo a cabo cuando sea la última, de verdad la última alternativa.
El amor producto de la paternidad habrá hecho acto de presencia. Y seré feliz, a sabiendas de lo limitado del recurso. Las amaré un poco menos que su madre, pero será amor a fin de cuentas y amor del bueno, porque una vez aplicada mi dosis pertinente de endorfinas, es otro el gallo que me canta.
Me conozco, he vivido suficiente tiempo conmigo...

Pero, bueee, en el mientras tanto debo hacer concienzudos planes para esas niñas [como todo buen padre] y creo que el más productivo es el de animarles a ser modelos infantiles de algún sitio de internet, eso sí, mientras lo hagan en calzoncitos y todas mojadas, para que se les marque los labios con cierta claridad...

niña con cara de sicótica!


Lo sé, lo sé, no me lo digan: seré el mejor padre del mundo!

Nota necesaria para los lentos: No estoy a favor del aborto, pequeños saltamontes.






Debido a que moriré o por lo menos seré un damnificado por el paso de nuestro queridísimo huracán Emily, les dejo este, que posiblemente sea mi último post.
Ay!

En 1988, mi familia y yo vivimos la dulce experiencia de un huracán, el famoso Gilberto [no, pendejos, no el imitador]. Yo tenía escazos 8 añitos y tenía mucho miedo de morirme. No me quería morir porque tenía muchas cosas por vivir, gente qué conocer y hueva qué producir.

No morí, como pueden leer, pero esta vez... cha!, esta vez quién sabe...

Bueno. No alarguemos la agonía. Que venga el putete ese!
Ah, por cierto, unas tres horas antes de que haga impacto en nuestro pueblito y se lleve a todas nuestras gallinitas, vaquitas y cerditos, correré al Oxxo más cercano a hacer mis compras de pánico. Necesitaremos mucha cerveza en lata y cacahuates.
Ojalá que los paranoicos [que no son androides] nos hayan dejado algo....

También les traje un audiopost. Es uno que comienza con un hermoso "Cani, te conocí hace menos de dos años" hecho por alguien que tengo la ligera sospecha de que me odia.
Ni pedos, uno no es monedita de oro... :'(

Audiopost
355kb - 3:01 min.






B O M B A !


Ayer pasé por tu casa
y olía a perro muerto,
me asomé por tu ventana
y eras tú con el culo abierto!
Bomba!




Cuatro amenazas de bomba en una semana en este lindo pueblito llamado Cancún. Sería atemorizante pero a la vez algo emocionante que los terroristas de Al Qaeda nos dieran el honor de ser el blanco de sus ataques. Pero, abuuu!, no lo somos...

Hay alguien en esta ciudad que se está retorciendo de la risa al movilizar a los bomberos, a los polecías y a los elementos del ejército para desmantelar bombas inexistentes.
Un hotel de la zona de playas, dos plazas comerciales y hasta la misma PGR tuvo que ser evacuada luego de recibir la advertencia vía telefónica. Luego de arduas investigaciones con el personal más calificado del país, lo único que saben es que, ejem, fué una voz masculina la que realizó las llamadas...

La experiencia internacional no le ha enseñado a los perititos de este pueblucho que quien quiere hacer volar las tripas de los extraños, no se anda con chingaderas de advertir pa' que les dé tiempo de evitarlo: vuelan sesos y luego se adjudican el acto.
O tal vez sí lo saben, pero se hacen los mensos para así poder hacer un despliegue peliculesco de gente, salir en los chafas medios de comunicación local y aparentar rapidez y eficiencia en la protección de la raza.

Ahora que lo pienso, bien podría tratarse de la idea de algún periodista egresado de la UNAM [ya ven cómo es esa gente...] que necesita urgentemente un ascenso que obtendrá si logra que suban las ventas del periódico pal que trabaja. O tal vez de algún reporterito de TVCUN, la televisora local, en la misma situación.
Uno nunca sabe...

Bueno, como sea, al autor de las bromitas se le están acabando las buenas ideas. Tengo que reconocer que hacer evacuar a la PGR fué la más brillante, porque incluso tuvieron que esposar a los que tenían en los separos y mantenerlos bajo vigilancia constante... como si los pobres diablos pudieran escapar entre tantos policías y soldaditos.
Pero lo de las plazas comerciales, tan distantes una de la otra, como que le resta algo de mérito. Digo, no es que esté mal sino como que se antojaba algo más ambicioso, como hacer correr a toda la perrada en un radio no menor a dos kilómetros, diciendo: "Hay una bomba en Plaza 2000, otra en Plaza Galerías y otra más en el Palacio Municipal. Esto no es una broma, ahora sí se los llevó la chingada."
Pero, cha!, no lo ha hecho.

Ya veremos que buena carcajada nos tiene reservada para los próximos días. Casi veo a nuestro buen Pancho Alor, presidente municipal, montado en su burra, con su sombrero tejido en Tixkokob, saludando a las multitudes y calmando los ánimos con afirmaciones sobre lo cerca que están de quien los ha puesto a trabajar, mientras el bromista está en su cuarto, tirado boca abajo y agonizante gracias a un ataque severo de risa.

Bah! Mejor me largo a ver Rebelde, está más emocionante...


Añadido:
Hay un post mío publicado en el blog del Huevo. Pasen a leerlo, es inédito y gratuito, no como aquí, que me estoy enriqueciendo mientras leen mis pendejadas...






Después de un mes de ausencia por parte de todos, hay un nuevo capítulo en el Cuéntalo. Pueden pasar a leerlo, solo que no se les garantiza gran continuidad en la historia ni los efectos especiales a los que los tenemos acostumbrados.
Bah!


Necesito comenzar a tomar alguna droga.






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