Como superar una decepcion amorosa

8 de agosto de 2005




Entonces, ¿le han decepcionado?. Oiga, no es necesario que rompa en llanto, con decir SÍ es más que suficiente...

Pero lea y aprenda, aprenda y deje de sufrir:
La decepción amorosa es una tormenta en un vaso de agua. Somos unas niñas sensibles que a la menor burla o provocación, corremos plañideras a los brazos de la angustia y el alcohol. Las decepciones del amor son dolorosas, no lo niego, pero si se ven con cuidado enseguida se da uno cuenta de que son pasajeras. Usted podrá respingar muy chingoncito diciendo que tal cosa no es cierta y que estoy tratando de venderle una idea por demás estúpida. Por favor, piénselo dos veces.

Pero, bueno, más que conocer la anatomía del dolor, supongo que su interés está centrado en saber cómo huir lejos, lejos, lejos de esas certeras patadas en el trasero que, asegún usté, la vida le propina. Quiere tener la fórmula de la droga perfecta que instantáneamente le haga sentir que aquello ya pasó y que no volverá a pasar. Huir, pues, se convierte en una necesidad primaria, porque eso de morirse lentamente como que no resulta conveniente.

Existen varios métodos, algunos son muy eficaces y otros, eehmm, no tanto, pero en realidad dependen en gran medida de la persona y situación específicos. Veamos...


1.- La última y nos vamos
Un clásico. Hundirse en las chevechitas es la neta, pues aparte de dar un glorioso espectáculo de cómo agonizar patéticamente, uno se da cuenta de quiénes son realmente los cuates del alma, los dispuestos a morir con nosotros en el Katunga [pinches meseros infla-cuentas!] y los que siempre dirán "échame ese moco en este hombro" sin que ello implique connotación sexual alguna.
Tome mucho alcohol. Fume como chimenea. Pida otra ronda. Pida un table privado con Yahaira y dígale que está muy triste y que necesita chupar unas cuantas tetas. Se sorprenderá del resultado...
Desventaja: Se requiere mucha inversión. Yahaira no es una putita cualquiera y sus amores son algo costosos. Vaya solo si trabaja para el gobierno o si sus cuates están dispuestos a verlo morir y a pagar en efectivo por ello. De no ser así, mejor ni lo intente.

2.- La vida es una canción
[O Lo que callamos los dolidos]

Escuche todo lo que le recuerde a él, ella o eso. Piérdase en la tristeza, en el dolor, como Benito, y lance maldiciones y blasfemias con golpes de pecho y dobleces de rodilla. Amplíe su repertorio del rencor, incluya canciones de José Alfredo Jiménez y algunas de Paquita. Apréndaselas y muéstrese débil y vulnerable ante los demás, pues nunca falta el alma que quiere consolar al desprotegido y que terminará dándole el culo y haciendo planes matrimoniales. Créame, funciona...
No se recomienda mezclar este método con el anterior, porque resulta contraproducente y en vez de ayudarle a salir, sólo le meterá más la pata al pozo. Tenga cuidado, no juegue con sus sentimientos [otros ya lo hicieron y ya conocemos el resultado].
Desventaja: los vecinos podrán llegar a odiarlo si no controla el volumen de sus alaridos y, en el peor de los casos, llegarán a golpearlo y estropearle ese rostro tan bonito que algún día le dará de comer.


3.- La gente me señala, me apunta con el dedo, critica a mis espaldas y a mí me importa un bledo
Asuma que no le importa. Dígase a sí mismo que no es para tanto, que las parejas van y vienen y que los amigos son para siempre. Engáñese vilmente, miéntase mirándose a los ojos [necesitará un espejo] y, aunque en un principio se sentirá estúpido, verá que con el tiempo terminará creyéndosela. Es muy fácil, práctico y gratuito. Así funciona todo nuestro bagaje de creencias: a base de mentiras, en su mayoría. Toda mentira repetida muchas veces, termina por convertirse en verdad [y en Verdad Irrefutable].
Desventajas: El espejo puede desencadenar unas ganas incontenibles de exprimirse los barritos o de llorar inconsolablemente y romperlo, cortarse las venas y no saber nada más de este mundo plagado de dolor, traición y software mal diseñado de Microsoft.



4.- Orita vengo, amá
Hace algunos años, alguien en mi familia contó que un joven le dijo cierto día a su madre:
-voy al parque, amá
-a qué vas?
-a matarme
-ay, este chamaco y sus cosas...
Y el tipo se colgó en un almendro del parque, jojojojo!
Mátese. Mi inclinación hacia el suicidio le recomienda, como ya lo dije en otro post, comprar una espada Hatori Hanzo y clavársela en el punto central entre el ombligo y el pito. Morirá con estilo y posiblemente se convierta en una leyenda en su cuadra, barrio o municipio. Muerto el perro, se acaba la rabia. Así que manos a la obra.
Ahora, que si no cuenta con los huevitos suficientes para darse cran solito, coño, entonces vaya a la zona peligrosa de su ciudad. Procure llevar dinero suficiente y resistirse al asalto, maldiciendo a su verdugo y recordándole que es una basura, que si quiere dinero que se ponga a trabajar, que ya ni la chinga... cositas por el estilo.
Desventajas: Los suicidios a veces son interrumpidos por gente obtusa y sin inteligencia. Los asaltos jamás son interrumpidos, pero se corre el riesgo de que solo le propinen una verguiza marca diablo y no una muerte marca Tlatelolco®.


5.- ¿Dónde tá bebé? agugú-dadá!
A sabiendas de que las anteriores soluciones son del dominio popular y que son, mmmmmm, ¿cómo decirlo?, creadores de círculos viciosos [amamos el dolor, ya sea secretamente o gritos pero lo amamos], le ofrezco la solución más inteligente que puede tomar: meta su cabeza en su culo.



Quédese ahí un tiempo. No salga. Le costará un poco mantener el equilibrio, pero luego le agarrará el modo. Verá que ello sanará la herida, se lo garantizo. No la olvidará, oh, no, y tampoco la superará [vaya término infantil acuñado por un puñado de pendejos!]. Su herida sanará completamente, en serio, recordará el episodio sin rencores ni falsos perdones. Todo saldrá bien y al cabo de un tiempo se verá posibilitado para amar de nuevo, para entregarse completamente creyendo que ha encontrado a la pareja de su vida. Luego se decepcionará, seguirá sin comprender las enormes diferencias de una cabeza a otra y de un corazón a otro. Entonces tendrá que meter su cabeza de nuevo. Y luego otra vez. Y luego otra vez. Y así, sucesivamente, infinitamente, sonriente y agradecido con el cielo por la oportunidad de probar un trozo de este pastelito agridulce que creyó que se llamaba vida.

Oh, vamos, no es que yo sea un gusano fatalista o que intente decepcionarle antes de tiempo. Si es usted un poquito perspicaz, se dará cuenta de que lo que le digo es cierto y que no hay que tomárselo tan en serio.

Ande, sonría, le regalaré un globo de helio y una fotografía que podrá enmarcar y presumirle a sus amigos. Apúrese, chingaos, que no le queda mucho tiempo...