Me declaro 200% a favor del aborto.
Es un paso en retroceso el que nuestra sociedad condene una práctica que muchos dolores le ahorrará a ese ser humano en gestación, pues no todos los niños tirados a la basura tienen la fortuna de ser adoptados por una familia amorosa, ansiosa por tenerlos y más tierna que los Ositos Cariñositos.
El aborto, a pesar de que ese viejo argumento moraloide lo tache de asesinato, entra en necesidad en el momento en el que pensamos en los irresponsables padres cogelones y en la criatura que está a punto de ser arrojada a la mierda de mundo que nos ha tomado unos cuantos miles de años construír.

También es una buena opción para las mujeres que no están preparadas para tener hijos, pues necesitan terminar su carrera, generar suficiente dinero y seguir cogiendo por ahí como conejas. Lo es también para quienes no quieran tener al fruto de los excesos de alcohol y calentura o, en el peor de los casos, de un abuso sexual.

Recuerdo que una amiga mía me dijo que ella estaba a favor del aborto hasta que leyó un librito de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, ese escritor famosísimo por libros aburridísimos y quesque didácticos. En ese libro, se describía a detalle un aborto con una aspiradora; mi amiga quedó impactada gracias al terror descrito por el autor: que si el niño huía de la aspiradora, que si ya le arrancó su bracito [toda parte de su anatomía escrita en diminutivo, por favor] y luego su piernita y luego su cabecita, ay, qué horror!
C.C. Sánchez, en mi opinión y nomás por esa parte del libro, debió ser nominado y galardonado en los premio Tv y Novelas, en la categoría "Desmembramientos explícitos con fines educativos", mirando por encima del hombro a todos los directores japoneses de gore, incluído el inmortal Hideshi Hino, quien dirigiera la legendaria Flores de Carne y Sangre.
Coño, la sensiblería convence a medio mundo...

En definitiva, nos sentiremos menos monstruosos si cacareamos por ahí que el aborto es una demostración de barbarie. Seremos mejor aceptados si nos oyen decir que eso es falta de conciencia, de madurez y de responsabilidad. Y el discurso nos saldrá mejor si en la intimidad de nuestros pensamientos nos lo repetimos suficientes veces hasta convencernos de que ello es cierto.

El aborto es algo feo, sí, pero necesario.
Hace poco se supo del caso de un menor que huyó de su casa porque sus padres le decían, así, con todas sus letras, que no lo quieren. El menor fué detenido por una patrulla y puesto en las garras del DIF. No sé si sea cierto, pero en este pueblo corre el rumor de que el DIF le proveía de niños a Succar Kuri, nuestro pederasta de importación, así que ya sabemos más o menos el futuro que le espera al chamacón.
¿No habría sido justo, dada la inevitable crueldad de la realidad, haber abortado a tiempo a ese niño? Claro que sí, pero resulta más remunerante mantenerlo con vida.
Aunque lo más seguro es que ese mugrosito no haga nada importante con su existencia, servirá para engrosar la mano de obra barata de la que tanto se jacta nuestro presidente Fox Mulder, además de ser un votante en potencia y obligatorio acarreado cuando se le solicite.




Ja! Dentro de dos o cinco o diez años, yo qué sé, seguiré siendo consciente de que los hijos son la única extensión viva de nuestro ego. Seguiré sabiendo aquello de que la disolución del ego no es la evolución del conocimiento acerca del ego. Mis antenas se seguirán dirigiendo a los mismos lugares. Sintonizarán las mismas estaciones. Mis rencores sabrán cómo cobrar venganza con mayor efectividad y mis imperios seguirán siendo igual de reducidos que ahora.
Pero algo habrá cambiado en mí y no será la mamada esa de ya no tener 25 y la consecuente sabíduría que el pueblo se empeña en darle a los años. No.
Si para esos mañanas la naturaleza ya hizo su trabajo acorde a sus honorarios, me veré absorto en la felicidad de tener entre mis brazos a un par de niñas que serán mis hijas.
Entonces, aquel post antiguo acerca del aborto y mi doscientos por ciento a su favor, me harán sonreír. Tendré un par de hermosas razones para creer que el aborto debe ser evitado en la medida de lo posible y llevarlo a cabo cuando sea la última, de verdad la última alternativa.
El amor producto de la paternidad habrá hecho acto de presencia. Y seré feliz, a sabiendas de lo limitado del recurso. Las amaré un poco menos que su madre, pero será amor a fin de cuentas y amor del bueno, porque una vez aplicada mi dosis pertinente de endorfinas, es otro el gallo que me canta.
Me conozco, he vivido suficiente tiempo conmigo...

Pero, bueee, en el mientras tanto debo hacer concienzudos planes para esas niñas [como todo buen padre] y creo que el más productivo es el de animarles a ser modelos infantiles de algún sitio de internet, eso sí, mientras lo hagan en calzoncitos y todas mojadas, para que se les marque los labios con cierta claridad...

niña con cara de sicótica!


Lo sé, lo sé, no me lo digan: seré el mejor padre del mundo!

Nota necesaria para los lentos: No estoy a favor del aborto, pequeños saltamontes.






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