-eso, mijo! sonríe pa' la cámara! ay, qué bonito está mi bebé!


Mírenme, esa cosa con sonrisa soy yo a los tres años. Lindo, ¿no?
A esa edad, ignoraba por completo que me rebanaría media sien con la esquina de la base de una cama y que me clavaría un diablo de bicicleta en la pata izquierda por hacerla de bici-acróbata. Ignoraba que tres años después de estar ahí paradito sabría lo que es el amor, cuando mi cucharoncito latió como burrito sin mecate por Olga, mi primera Olga, y que tendría el primer soundtrack para martirizarme: "Esa cobardía" de Chiquitete.
No tenía ni puta idea de que aprendería a andar en bicicleta gracias a un tipo que no era mi padre, un wey bien pinche peludo al que le decíamos La Changa y mi madre le decía Tatú, ni que tendría un carrito deslizador hecho con una tabla y unos baleros y que la mentada tablita la conservaría por 15 años.
Lo básico en mi vida a esas alturitas, no pasaba de esperar a que mi hermano mayor regresara al mediodía y admirarlo por ya ir a la escuela. Mis días se iban en jugar con una perra que teníamos, La Canica, y jugar con unas morritas piojosas que vivían frente a mi casa, unas que siempre iban a preguntar la hora con su clásico "que dice mi amá que qué hora es?". Y a mí me costaba un huevito eso de leer los relojes de manecillas. Puto segundero que siempre me hacía creer que era otra hora.

Jeje, la neta es que es la única foto en la que me gusto y tenía ganas de exhibirla, bien pinche orgullosote de que alguna vez tuve carita de niño feliz, nada groncherito ni nada sicótico... aaaaaaah, hasta como que quiero chillar... snif!






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