En mi mundo perfecto sería erradicada la estupidez. Y tal vez no solo en mi mundo, si no en el mundo de cualquier persona que se sepa poseedora aunque sea del sueldo mínimo de sentido común.
Me caga la falsa modestia. Coño, la falsa modestia es la hija legítima de la estupidez. En mi opinión, es uno de los defectos más castrantes que puede tener una persona porque el que alguien me diga "mírame, soy un chingonazo por que hice esto y esto y esto.." con el único fin de obtener un halago al cual responde con un "oh, gracias, pero en realidad se lo debo a..." o con un "no, no es para tanto", me hace perderle instantáneamente el mucho o poco respeto que pueda sentir por él o ella. Y si algo me gusta sentir por alguien [quien sea], además de un profundo cariño, es respeto.
Prefiero escuchar la tierna cantaleta del soberbio que se siente invencible, inalcanzable y único, que las peripecias verbales de esas ratas extrañas que se cuelgan un letrerito de humildad con tal de no ser tachados como mamones presumidos. Sáquense a la verga, sarta de pendejos.
Yo adoro la egolatría. Mierda, corrijo: yo amo mi egolatría. Conozco mis chocomil virtudes y mis chocomil defectos y no tengo ningún problema en presumir a los primeros y cagarme en los segundos.
En mi mundo perfecto, la gente te diría a la cara lo vergas que son y no se preocuparían por demostrártelo ni por buscar tu mínimo reconocimiento, es más, ni siquiera por humillarte: lo harían simplemente porque tal ejercicio produce placer. Pero al falso modesto lo que le produce placer es rechazar el halago, alimentar secretamente el culto que se rinde a sí mismo y negar, así le estén pellizcando las pelotas con unas pinzas industriales, que se ama desesperadamente en la totalidad de su universito de cuatro por cuatro.
Y toda esta mamada de la falsa modestia viene al caso porque hace unos días, en un ciber que visito porque queda cerca de mi casa, tiene aire acondicionado y me cobran 15 varos por dos horas, el gordo propietario del changarrito tuvo un despliegue de la misma, sintiendo que impresionaba a los presentes con sus rebuznidos a todo gañote pero sobre todo que impresionaba a la morrita que no pasaba de los 16 y a la que yo no le podía quitar de encima la mirada a sus chichitas recién salidas.
La niña lo conoce y no le hizo mucho circo, estaba más ocupada en tararear a Ricardo Montaner y en revisar su correo. Yo a punto estuve de decirle "pensé que estabas gordo por tanto tragar, pero ya ví, cabroncete, que estás relleno de puritita pendejez". Pero no lo hice. Una mirada de reojo bastó para darme cuenta de que si lo hacía, corría el riesgo de que el gordo se encabronara y me pusiera una putiza de antología con sus quinientos kilos de furia. Así que tuve que apechugar que, efectivamente, no vivo en mi mundo perfecto en el que me madreo a todo el que me caga los huevos y en el que las niñas, luego de presenciar mi indudable victoria, corren ansiosas a hurgarme la bragueta para encontrar tremendo animalón que las hace desmayar de asombro y alegría.
Cha!
Todo eso me hizo sopesar la idea de regresar al ciber al que solía ir hace unas semanas, uno que visitaba por que la niña que me atendía era una gordilla preciosa de labios carnositos y pechugas propias para el reposo de mi cabecita [tome el lector el sentido que más le plazca] y que dejé de frecuentar porque la cambiaron por una ballena que está más prieta y fea que yo.
Y el problema no fué que estuviera gorda, prieta y fea, sino que todo indicaba que quería chuparle el tuétano a mis huesitos y yo soy de la idea de que feo, feo, pero jamás seré wey de una perra que esté más fea que aquí su servilleta. También tengo mis límites.
Chíngales, ahora que lo releo, ¿cuántas viejas habrán pensado lo mismito de mí? brrrr!!! A este pinche paso no voy a salir de pobre, me cae de madres...
Nah! mejor encuentro un ciber en el que no haya fauna de ninguna de las dos especies y pueda tirar rostro sin ningún problema. Además, si regreso al ciber de mi ex pretendienta, lo más seguro es que a la primera visita me meta en una de esas cabinitas privadas, me baje mi pantalón y me chupe mi pilín! nel, ni madres! aún tengo no ando en los extremos de la urgencia [pero la tendré en cuenta para cuando llegue a ellos, juar!].
Cha! mejor regresemos a nuestro tema.
Posiblemente, algún día, le encienda una veladora a algún santo, me compre una Livestrong o marche en silencio por la paz; posiblemente, algún día, obtenga por voluntad propia un disco de OV7, UFF o una recopilación de los éxitos de Maná, pero Buba no quiera que me convierta en uno de esos animalejos pervertidos que se cuecen al hervor de los halagos pero que se niegan a aceptarlo. Eso sí que me callaría el hocico culeramente, aunque andaría feliz por ahí con mi letrerito de "mírenme, soy bien modesto" o como dirían los batianos: "ay, que modesto soy!"
Coños, qué carajos!, ámenme, díganme lo chingonete que soy aunque ya lo sepa, porque de vez en cuando y a pesar de que todos sabemos que soy una puta de precios accesibles, también necesito escuchar, snif!, un "te amo, cani, nunca te separes de mí! eres lo máximo! nunca cambies! eres hiper mega cool! cero hipocresía contigo!" y cositas por el estilo... Jojojo!
Digo, ¿no? Oh, chingaos!
Hace 10 horas



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