Movido por esa necesidad de reconocimiento infinito que habita en mí, consulté con mis cuatachos de Statcounter si a estas horas de la madrugada (02.00am) hay lectores que, al igual que yo, no tengan algo mejor qué hacer que checar si por fin se me hincharon los tanates y escribí algo, y grande ha sido mi sorpresa al ver que sí, efectivamente, hay gente que tampoco tiene una vida y está, ahora, domingo 15 a las 2 de la madrugada, entrando a esta mierda de blog.
Así que este post es para ustedes, mis queridos desvelados, con la condición de que, por el amor que le profesen a su madre, dejen un comentario, que es el alimento principal de todo bloguero.
Y aquí cabe aclarar que mi constancia es directamente propocional a los aplausos recibidos. No soy cualquier puta, también tengo mi precio.
Así que tómense el tiempo y comenten, comenten mucho y háganme sentir feliz y leído, va? es un trato?
Ok.
Y ya que estamos hablando de los desveles, hablemos de los que, como este, poco valen la pena. Mírenme, estoy sentado a 30 minutos de mi casa, leyendo a Maddox [es un decir, porque mis nociones de inglés son miserables] y actualizándome en la única tira bloguera que vale la pena: Caballo Negro. Ustedes están leyendo esta chingadera.
Ignoro por completo qué es lo que yo mismo podría buscar en mi blog a estas horas porque, por ejemplo, las mañanas pintan bien para leer algo cachondo; los mediodías, algo sangriento; las tardes, algo melancolicón; las noches, algo cachondo y sangrientamente melancólico. Pero las madrugadas, ¿las madrugadas pa' qué vergas están hechas?
Yo nunca he sido un vampiro ni tengo inclinaciones por serlo. Me gusta la noche hasta por ahí de las 12 o 1, pero después su declive me destantea cañón. La madrugada no sirve para nada, excepto para coger, cosa que sobra decir pues ni ustedes ni yo estamos lo haciendo.
Je, je... en madrugadas como esta, en vez de escribir, me sentaba a comer mierda con mis compas. Hoy hice la excepción.
Corrí como un demente y encontré una mala trinchera dónde guarecerme. No llovió. No hubo melancolía. No hubo repalpitaciones ni nada por el estilo. Así que no hay daños qué lamentar.
Releo los párrafos anteriores y me doy cuenta de que tengo un verguero de sueño. Estoy bien pinche incoherente (y eso que no estoy pedo).
Cha! Las madrugadas, al menos lo he descubierto ahora, tampoco sirven para escribir...
Aplaudan mis burradas y les prometo un post decente. No puedo prometerles más.


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