Niñas, hoy ando filoso como machete, diría Tizoc [jeje, no sé, pero últimamente y como se habrán dado cuenta, ando con esa pinche película en la cabeza... con decirles que hasta tarareo el "ti queroooo más que a mis ooojoooos, más que a mis ojos ti queeeeroooo.." ], y con una pregunta que no me deja en paz.
Advierto que este post es aburrido y es algo así como los comerciales en la televisión abierta: algo pinchurriento y ahuevonante, un mal casi necesario. Así que si tienen algo mejor que hacer, levántense y anden, con confianza, están en su casa...
Bueno, luego no digan que no les dije.
Ok, comienzo.
Según sé, la sabiduría colectiva divide el sentimiento y el pensamiento como si se tratara de cosas distintas. La ciencia también lo hace y si el Muy Interesante no me ha visto la carota de pendejo, entonces puedo afirmar que hay un área del cerebro que procesa eso que entendemos como "razonamiento" y otra que procesa las "emociones" y que ambas áreas, cuando andan de humor y no se han agarrado del chongo, hasta trabajan juntas.
Mi duda, pues, estriba en algo muy simple y que tal vez, de buenas a primeras, pueda parecer que carece de importancia y que nace después de preguntas como ¿qué viene primero, el sentimiento o el pensamiento? ¿el sentimiento produce al pensamiento o es a la inversa?
A veces creo que el sentimiento produce al pensamiento. Si uno ve a una mujer llorar desesperadamente y con un niño ensangrentado en los brazos, inmediatamente sentiremos compasión y si está a nuestro alcance buscaremos la forma de ayudar. La impresión es primero, el sentimiento es instantáneo y una fracción de segundo después nacerá la idea de ayudar.
Otras veces, creo que el pensamiento produce el sentimiento. Tomemos por ejemplo la muerte de Karol, ya que es el tema de moda [a la verga con las torres gemelas y los tsunamis!]: alguien que no es católico no sentirá la menor pérdida; toda Asia, seguidores del budismo y anexas, no moverá un pelo por la muerte del viejillo. En cambio, la fracción occidental , católica hasta la médula [es un decir], siente como si se le hubiera arrancado un buen pedazo de carne y no un pellejito colgante. La pérdida para ellos es importante, no cualquier cosa. No creo que el montón de mocos del montón de gente que está llorando sea producto de un montón de horas de excelentes clases de actuación.
El fanatismo, pues, funciona de otra manera: primero se conoce al objeto a adorar, luego se analiza si es compatible con nuestras inclinaciones y finalmente se alimenta un vínculo [jeje, unilateral, en muchos casos] a través del pensamiento.
Yo no sé si cuando se hace todo este circo concientemente, el resultado califique como real. Y esa es mi duda. Digo, uno puede empeñarse en querer algo o a alguien y alimentar el deseo a través de constantes ideas agradables en torno a ello [o a la imagen que se tiene de ello], pero ¿qué tan real es el producto final? ¿importa si es real o no? ¿o lo que realmente importa es lo que uno esté dispuesto a hacer por tenerlo y hay que medir la autenticidad en función del impulso a moverse y no aisladamente? Y si al terminar se desvanece con rapidez ¿significa que no valió la pena? ¿ y vale la pena, cha!, volver a empezar?
Yo, al igual que la gran mayoría de la gente, soy proclive a vivir a expensas de engaños. Pequeñas burbujas que proporcionan una atmósfera placentera y de corta duración. A veces conciente y otras no tanto. Y cuando la burbuja ha cobrado su cuota y es momento de levantarse y largarse con las maletas, ese aire manchado con ambiente de isla hace acto de aparición. Es como cuando sueñas con algo que deseas todo el tiempo y crees que es real pero en el momento en que despiertas, te das cuenta de que era Morfeo desquitando su sueldo.
Y, no sé, tal vez sea que ya me cansé de eso y mis hadas y duendes se han tirado a huelga indefinidamente. Rojo y negro por todos lados y un coro machacando por justicia. O tal vez sea que de tanto caminar en el mismo círculo, la zanja se ha hecho demasiado familiar y ha perdido el encanto. O quizás solo quiero que por esta vez, al menos por esta, no haya que cargar un paracaídas y vívires para sobrevivir a los peligros del desierto [culebras y tepocatas, diría nuestro queridísimo Fox] y que el entorno se antoje ideal para sembrar una planta pequeña y desconocida por mí y mis ansias de explosión.
Cha! y ni siquiera son tantas mis exigencias: con una cobija tibia y un pozo con agua limpia me es más que suficiente...
Hace 6 días

0 comentarios:
Anda, deja tu letanía...