-porque soy su leñadooor !
Y dicen que esas fueron las últimas palabras del buen Calderas y no pasó mucho pa' que le dieran santa sepultura. El cabrón era un buen tipo, me cae, no era teporocho [dos, tres chelitas en las fiestas], no fumaba, no era un wey con mañas criminales o como esa gente que siempre anda buscando pretextos pa' pelearse o que le gustara andar amarrando navajas. Nada de eso. Es más, dicen que hasta iba a misa de vez en cuando.
Ah, pero como todos, tenía un vicio y como buen vicio, lo llevó hasta la tumba
-y porque esa obsesión, compa?
-no, no, no, no es obsesión... nomás me digo "pus no estaría mal si fulanita me aflojara ese buen par" y pongo manos a la obra
-a la obra ajena, compa
-ya sé, ya sé, pero qué quieres que le haga si esas son las que me gustan?
-habiendo tanta carne disponible... sabías que por cada hombre hay como cuatro mujeres?
-jeje, como pa ponerlas a talonear y dejar de trabajar
-ándale... tons pa que buscarse enemigos y arriesgar el pellejo?
-jajaja es que no es por nada, pero las que tienen dueño son las más calientes...
-y no te pesa la conciencia? digo, ya después de que te aflojaron y les haces piojito en el moñoñongo, no te sientes culei?
-pus.. pus... la verdad, la verdad? si, compa. Y te juro que hasta he tratado de dejarlo, de no meterme en esas faldas, pero nomás no puedo evitarlo, casi casi que me gritan "hey, pinche Calderas, vas a querer?" y cómo negarse, compa, cómo negarse?
Así andaba, que si con la Pili, que si con Chayito, que si con la vieja del carnicero [cosa graciosa, porque en los chistes el carnicero siempre es el sancho y no el sanchado], así, de nalga en nalga, sin preocupaciones, como protegido por el chamuco.
Todo iba de perlas. Siempre venía y me contaba sus hazañas y las porquerías que le gustaban a sus conquistas; cosas que a uno ni le cruzarían por la cabeza, ni siquiera poniendo harto morbo y empeño en imaginarlas. Cosas como que a la Andrea le guste que la amarren, le metan una ferretería entera por todos los orificios que tiene y que le den de madrazos y le digan "puta!"... vaya, tan seria y señora de su casa que se ve.
Y luego, como si el cielo le cobrara la deuda, se enredó entre las piernas de Tamara... Oh, gran, gran error.
No se enamoró de ella, no fué eso. Se la tiró como a las demás, con poca discreción, eso sí, pero no creyó que fuera a salírsele de las manos. En un principio, y porque la Tamara se hizo del rogar, le dedicó más tiempo de convencimiento. Dicen que una vez los vieron como novios de pueblo, acá, muy acarameladitos, aquel comprándole su algodón de azúcar y aquella dándoselo en la boca y que si no se supiera que era casada, hasta ternura habrían despertado.
Todo ese numerito cursi llegó a oídos del Filiberto, pero el cornudo no corrió a cobrar venganza. Se esperó, les dió tiempo, los dejó disfrutar a sus anchas y un día, cuando supo con certeza que estaban cogiendo en su cama, en la misma cama en la que Tamaris le había jurado amor eterno al muy inocente, fué fusca en mano a limpiar lo que le quedara de honor.
-perra! y yo que te defendía de los rumores...
-Fili, entiende.. yo no quise... es que todo se dió tan...
-bueno, señores, creo que yo me voy, ustedes dos tienen mucho de qué hablar y...
-tú no vas a ningún lado, puto!
-no se enoje, don Filiberto, cálmese y vea que aquí no hay culpables, todos somos víctimas de la vida y de...
-a la verga con eso! no me quieras ver la cara de pendejo dos veces! Y tú, zorra, dime qué fué lo que hice mal... dime qué te hice para merecer esto...
-nada, puchongo, nada... es que yo te amo, pero terminé haciendo esto porque...
Y el Calderas, en un arranque inoportuno de humor, se aventó el gritito con el que firmó su muerte
-porque soy su leñadooooor !!!
Y madres! Cinco tiros. Uno al aire. El segundo a la pierna. El tercero en la panza. El cuarto en el pecho. Y el último en un cachete. Llegó la policía. Levantamiento de evidencias. Llevarse el cadáver. Llevarse al buen Beto. Ver con antojo a la mujer en pocas ropas.
Todo salió mal, muy mal.
Pero igual y tratando de ser hipócritamente justos, aquel tenía razón, no había culpables: él, no era culpable de su vicio, Tamara no era culpable de que su media naranja no le diera mantenimiento y Filiberto no tenía la culpa de ser... pues de ser tan pendejo.
Que si la vida es injusta? pue' que si. Que si a fin de cuentas no estuvo tan mal que se escabecharan al Calderitas? pue' que también. Y, bueno, así como te lo cuento, así dicen que fué, mi buen...
Oye, y todo por las nalgas de tu hermana, cuando, seamos sinceros, todos sabemos lo livianita que siempre ha sido...
Hace 6 días

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