Porqué odian a Jolette?


El domingo
me aplasté a ver el rialiti chou de niños que van a ser cantantes famosos y con talento estilo Yahir, llamado la Academia. Lo hice por dos razones: una, ver la carne que presentan y, dos, criticar a lo pendejo. Aquí haré un pequeño paréntesis: criticar a lo pendejo es un deporte que debe ser practicado con regularidad y consiste en algo tan simple como sentarse a ver una película y lanzar comentarios que impidan el disrute ajeno de la misma. Hacer esto, proporciona altos niveles de satisfacción y relajación comparables solo con los que nos obsequia la muerte chiquita o meter un gol. Y aquí haré otro paréntesis: no soy de ver futbol; por alguna extraña razón, verlo me produce una enorme, enorme hueva., pero por un tiempo intenté aprender a jugar y a pesar de tener tiros diarreicos y sin chanflecito, logré meter dos que tres goles en toda mi carrera futbolera. Esos dos o tres goles fueron muy, muy excitantes, tanto como hacerle un masaje a una mujer desnuda por la que se siente algo [juar!] y escucharla gemir de placer.

Eso me recuerda la vez en la que una mujercita a quien yo confundí con la caníbala, me propuso un masaje en un hotel, mientras estábamos sentados en un parquecito. Ese parquecito es el único lugar de esta puta ciudad al que le tengo cariño. Y no tanto por haber tenido interminables conversaciones con ella ahí, neto que no, sino porque en sí el lugar se convierte en querible cuando se le visita un par de veces. A ese parque debí haber llevado a Mónica y Manuel, cuya espontaneidad me agradó mucho, sobre todo en el arranque cumbiero a media taquería. La taquería se llama El Poblano. Jeje, poblano , como María y la Manus.

La Manus es una chava muy buen pedo, lo único que la afecta [bah! detalle menor, jojo] es que es media terca, cerrada y, sí, pendejona. Hace un par de días me acordé de ella y me dieron hartas ganas de llamarle y perguntarle qué ha sido de su chingada vida, pero al instante siguiente recordé que habíamos terminado mal, cuando ella me tomó la palabra en un correo que le escribí diciéndole que si lo que quería era que hasta ahí llegara nuestra, ejem, amistad que así se haría. Un correo que nomás no tuvo respuesta ni escrita ni hablada [ni siquiera murmurada al oído] pero que tampoco, con el silencio que obviaba el término de una amistad que apuntaba alto [o ni tanto], hacía a la susodicha acreedora de mis odios y desprecios, como el que le propinaron a la pobrecita Jolette, el domingo.

Sí, porque de eso se trata este post, de la Jolette [su nombre me recuerda a Polette, la niña a la que le robé el nombre pa' ponérselo a una bruja buena onda] y su numerito que se aventó al responderle con tono soberbio a la tal Lolita.
Dicen que Jolette es bonita [la verdad, a mí no me lo parece] y que no tiene el menor talento pa' cantar, como si alguno de los que han salido de ese circo lo tuviera. Yo no sé, pero a mí me pareció muy buen pedo que se le pusiera pendeja a la juradito, solo faltó que las encueraran y las tiraran en un charco de lodo [aaaaaaahhhh -babeando] para arreglar las cosas como las verdaderas viejas, no como tristes señoras gordas de lavadero.
Ver a un par de mujeres con cuerpo aceptable [y con esto no estoy diciendo que la Lolita tenga un cuerpo aceptable], en tanga y batiéndose en lodo, les subiría la teleaudiencia en un 200%, mínimo. Pero la puta mojigatería de la que es presa la mayoría de la gente en este país, impide que cosas como esas se lleven a cabo.

Tal vez la Jolette no cante, ni actúe ni tenga el menor talento para fingir un orgasmo y convertirse en estrella porno, pero definitivamente me arrancó una sonrisita de alegría al hacerme saber que hay gente en este mundo que está dispuesta a hacer el ridículo a nivel nacional, de costa a costa, con el único afán de ladrar desde las entrañas y entercarse en, jeje, casarse con la niña María [referencia Tizocsiana].
En mi época escolar, llegué a responder de esa manera a alguno de mis maestruchos y a los encargados de la seguridad en la secundaria. Pero un estudiante no tiene voz ni voto y no importaba si me salía espuma por la boca al patalear por justicia o si presentaba argumentos completamente válidos contra el trato recibido, porque según los mandamientos docentes, los alumnos, a diferencia de los clientes, nunca tienen la razón.
Así que poeshita Jolette, con todo eso lo único que se ganó fué que la cagotearan y poco faltó para que la tacharan de hereje, puta y delicuente peligrosa. A ver si así aprende a mantenerse en silencio y a obrar según las reglas del juego al que se metió: decir "gracias" y fingir humildad [incluso a la perra flaca y fea y al tal Gavito, el pendejo ese que parece que lo peina su mamá].

Ah, ahora que recuerdo: hay un tipo flaco, prieto y tremendamente feo ahí, en la Academia. Quiero aclarar públicamente que no se trata de mí ni de algún pariente mío, así que no es necesario que voten por él, mejor voten por Erasmo, jojojo, el ruiseñor patarrajada, el penacho ambulante, el... bueno, bueno, ya.

[Este post no es el post kilométrico que tenía preparados para hoy. Es, digamos, el producto inevitable de los 5 kilos de mocos, gargajos y flemas -son lo mismo, no?- que traigo muy bien distribuídos desde la nariz hasta los pulmones; también, producto de la tristeza que sentí hoy en la mañana... ya les platicaré algún día]






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