Es Thora Birch en American Beauty. Me encanta. Me encanta también que la gente en la vida real ponga esa mirada. Corrección: me encanta que las mujeres pongan esa mirada cuando platican conmigo. Mi conversación se activa en piloto automático para poder disfrutar de ello. No tienen idea de que tienen ese hermoso gesto y jamás, jamás lo digo porque lo echaría a perder y, por favor, quién es tan idiota como para autoarruinarse el paisaje con halagos? Yo, no.
Hace poco, conocí a la Alacrana. La mujer fué hecha con el instructivo que escribí antes de nacer y dejé en las manos de los enanos que hacen a las mujeres bajo encargo. Salió casi perfecta [psss... no es por presumir, pero tengo talentos de diseñador], casi todos los detalles que especifiqué fueron cumplidos al pie de la letra. No solo es bonita sino inteligente y si algo aprecio en una persona, es la inteligencia [*]. No entraré en descripciones minuciosas acerca del generoso físico que se carga la susodicha ni de la chispa inteligente que le brota cuando habla y me mira con sospecha. De hecho, no tendría ningún caso que lo hiciera porque solo me antojaría a mí mismo de un pastel que fué entregado al cliente equivocado.
Sí, tambíen mi público interior se cagó de la risa y se deshizo en aplausos cuando me dijo que tiene pareja. No, no me lo dijo para que dejara de acosarla sexualmente y de masturbarme atrás del arbolito mientras la espiaba de lejos: lo dijo porque es la verdad. En realidad, la noticia no fué la gran cosa; de hecho, ya me lo sospechaba porque era imposible que semejante ejemplar viajara 26 años en el tiempo nomás para conocerme. Además, yo aún no pasaba de la etapa de "qué bonitas nalgas y qué chingón te expresas!", así que no fué necesaria mi patética habilidad para renunciar.
Lo extraño en ella es que no tiene la mirada de la que hablaba al inicio de este maravilloso post. Esa mirada me seduce, me mata y me resucita al tercer día... y ella no la tiene. Carecer, pues, de tal atributo pone en duda la corruptibilidad de los enanos. Posiblemente solo se trata de un modelo muy parecido al mío o de una vista previa con algunos ajustes por hacer. Oh, vamos, déjenme engañarme, amo hacerlo y a estas alturas los azotes me desgastarían demasiado.
En el mientras tanto, haré mis cabriolas y seguiré milimetricamente los planes trazados. Con ese aire de sé lo que hago y voy por el millón. Infantil. Paciente. Con dos piedras en cada mano y tachuelas en las rodillas. Escribiendo cosas que deberían incendiarme de una buena vez como un acto genial con chiflidos y éxtasis masivo. Renegando contra Dios y su séquito de extranjeros. Olvidándome del orgasmo contínuo y el desarme de arsenales. Nada de desafiar a la gravedad. Nada de regresar a casa.
El próximo atentado pinta perfecto para todo ese despapaye. Si mis demonios-guardaespalda no se ponen rebeldes, la mitad estará resuelta. Pero, ay, de mí si se me cuatrapean las intenciones. Casi me veo esclavo de mi propio látigo y picando canteras, con mi putete carita de perro arrepentido.
No. No sucederá porque aún hay costras que votan por la paz y por aplicar la quebradora con un vuelo previo desde la tercera cuerda a la víctima con tintes virginales. Aún me quedan un par de ángeles de la guarda y un detonante con sus dosis de peligro y elementos sorpresa.
Y ya instalados en esas latitudes, bien podría dejar de sonar a locura el regresar a la vieja diligencia de mantener mi almita atenta y creer en los tesoros al final del arcoiris.
Jeje, lo sé, lo sé, más alerta debería mantenerme a las demandas de mi pito, hacer mi chamba encomendada, dejarme de mamadas y sacarme la castrante piedrita del zapato, porque esta teoría, a cada tirón de oreja y como que no queriendo la cosa, se está transformando poco a poco en una ley inquebrantable.
Vámonos. A la chingada. Lo que ha de ser, que vaya siendo.
Música triunfal, por favor, que desgraciadamente no todos los putos días ando de estos humores.
Luego de haber dicho lo que entiendo por el término inteligencia y haber obtenido como respuesta puras frases acerca del éxito, la fuerza de voluntad y la constancia, llegué a la conclusión de que con quien estaba debatiendo no era un wey muy inteligente que digamos."
-17/03/05, fragmento de un post que no publiqué [ay, cabrón! yo solito me cito! ajúa!]

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