[de San Valentín, niñas, no de Valentín Trujillo]
Ayer me topé con Jess. Ya pasó más de un año desde aquel fajecín en la playa, luego de una detallada y larga plática sobre sexo y gustos personales y del distanciamiento que era natural que se diera a raíz de la pendejez de sus allegados y de una patada en el culo de su parte hacia el mío al invitarla a bailar y ella creyó que intentaría enamorarla, seducirla o por lo menos meterle un dedo en la panocha.
En esos entonces, por varias razones, no quise aclarar la situación y hasta la fecha no lo he hecho. Decidí, como en muchas otras ocasiones, dejarlo ir.
El saludo fué rápido. Me vió, me sonrió y titubeó entre saludarme o no y finalmente se acercó para darme el cachete de ley.
-al trabajo?
-no, a perder el tiempo. Nos vemos.
-adiós
Ese fué todo el diálogo, el cual puede traducirse así:
-tengo que preguntarte algo, te pregunto si vas al trabajo?
-no tiene caso que me preguntes, de todos modos no voy a decirte a donde voy. Fué incómodo saludarte de esta forma.
-para mí también
Yo solo alcancé a pensar "estás más delgada, chaparra, te ves genial..." y de buena gana se lo habría dicho como en los buenos tiempos, cuando chulearla era mi deporte favorito con el único fin de que me pagara con esa preciosa sonrisa que se carga.
Pero no lo hice.
Un compa mío odia los catorces de febrero desde que una amiga en común le partió el culo cuando eran pareja y decidió cortarlo un lindo, inolvidable y chulo día del amor y la amistá. Mi compa es algo así como el grinch de los 14/02 y no lo culpo pero tampoco la culpo a ella: así funciona la ignorancia.
Durante mucho tiempo quise creer que la amistad es perdurable, ya saben: "parejas van, parejas vienen, los amigos son para siempre", pero la realidad me ha escrito en el pellejo y cagándose de la risa, que no es así. O tal vez sea cierto que es para siempre, pero a mí me coquetean otros tintes porque no he encontrado un buen rincón palpitante dónde guarecerme del mundo.
En 1991, Rocío, una niña de mirada coqueta y hermosas mejillas, me pidió que fuera su novio. Cometí la estupidez más grande del planeta y me encantaría justificarme diciendo que lo hice porque entonces era un chamaco más pendejo de lo que soy ahora [y lo era, me cae] pero la razón principal fué que sentí terror al verme abordado y creí que era una broma cruel, pues la niña era demasiado bonita como para querer ser novia de un escuincle prieto y feo como yo.
Salí de la duda cuando la ví llorar.
Una de las mejores escenas de los Simpson es cuando a Bart le arrancan el corazón, lo azotan contra la pared y escurre hasta un bote de basura. Lo hizo la niñera de quien estaba enamorado [él, no yo], si mal no recuerdo. Es una exageración cómica pero de lo más acertada porque después de trances como esos, uno necesita una válvula artificial para sobrevivir.
Cuando tenía 14 años, un taxista gordo y bigotón me contó con lujo de detalles cómo le había abierto las nalgas y besado el ano a una mujer. Había una expresión de auténtico morbo en sus jetas y poco faltó para que le escurriera la baba cual perro acorreteado. Fué casi una revelación de Fátima cuando vi esa misma expresión en un compa que no más de un año atrás me dijo que él jamás cogería nomás por coger, porque el amor era lo más importante.
Una amiga me dijo alguna vez que yo jamás perderé el corazón, que jamás me convertiré en el taxista gordo y bigotón. Por momentos, cuando quiero quedar bien conmigo mismo, me hago creer que ello es cierto. Pero las más de las veces guardo silencio, sobre todo cuando todos a mi alrededor se van esclavizando al placer y me dejo arrastrar por la fascinación que me produce el escuchar los detalles, haciendo como que olvido el abismo que tal herida cercena.
Siempre me gustó mi maestra de kinder. La primera sensación plenamente erótica que tuve en mi vida me la propocionó ella, en un ejercicio en el que había que reconocer entre sal y azúcar, sin verlos. Así que cerré mis ojitos, le chupé suavemente el dedo y tuve una deliciosa erección.
Por alguna extraña razón, los padres asumen que lo de sus hijos pequeños solo es ilusión y que no se enamoran porque son inmaduros, como si el amor, el placer y la capacidad de conjugarlos, aunque sea en su más mínima manifestación, viniera con los años.
Este domingo 13, habrá una reunión con gente de la prepa que no he visto en mucho tiempo. No estará tan mal: habrá carnitas y chelas.
Mi brujo personal [lo único en lo que ha fallado es en adivinar al asesino del gato todo podrido y despanzurrado que sacamos del tinaco el Lunes, pues se basó más en odios personales que en sus poderes sobrenaturales, jojojo] dice que los astros están de mi lado y que la fortuna me sonríe. Yo digo que se ríe de mí, no conmigo.
Niñas, estoy en un ciber.... fácilmente paso desapercibido entre tanto indio de la Lacandona que sabe apretar los botones de un teclado, gracias a mi disfraz de pinche naco jarochito de la 101. Y todo por 10 pesos la hora! una ganga!
Cuidense el fufuy! Besux!

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