Aquí comienza el campo inexplorado
Redondo a causa de los ojos que lo miran
Y profundo a causa de mi propio corazón
-Altazor
Estoy a punto de lanzarme a un precipicio. Es un bungee sin red y sin bungee, jeje, pero se antoja delicioso. Mis armas automáticas y mis satélites espía deberían estar de mi lado, pero ni siquiera estan. No hay bronca, la felicidad instantánea, fugaz, volátil, me espera.
El niño que compraba sus dulces en la Conasupo y al que el morbo le fué ajeno por muchos años, ha encendido la mecha. Aún hay tiempo para apagarla pero nuestro pirómano amiguito está ansioso por la explosión.
Mientras Diciembre del que se fué le dejó un marcado sabor a mierda, la corazonada principal no murió y le mantuvo en pie. Casi sonriente. Casi convencido. Convencido de que es un cómic repetido muchas veces. Un bucle de sí mismo. De que no era tan descabellada la idea de que vivir traería sus recompensas. De que el placer mínimo, a pesar de sus grandes deficiencias, contenía una pócima y un hilo eléctrico.
Así que hizo cuentas. Sumó. Restó. Multiplicó. Dividió. El resultado siempre era el mismo: 1. Aquella vieja teoría de que uno es uno y no dos, se comprobó cierta y la distancia siguió siendo enorme.
Encendí la mecha como si no supiera qué pasará. La encendí como si ignorara los sacrificios de por medio, la sangre que correrá, los pozos que visitaré. Es natural en un suicida el despedazarse en pequeños y cómodos abonos. Porque la alegría y el placer son cortos como una promesa interrumpida y yo soy un cliente satisfecho.
No me despiertes esta vez. Dame una bandita para la caída y algo de merthiolate. Dame tiempo. Espacio. Un Benson. Dame la seguridad de un perro en defensa y la calidez de una niña ilusionada. Regrésame donde estábamos antes del atentado. Dame de vuelta ese cacho de cielo y mi órbita precisa. Y respira profundo. Y prepara la bala.
Luisito, mi buen Luisito, esta vez tente miedo, pues no habrá nada en el mundo que pueda hacerte este daño.
Hace 10 horas


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