Perros Cuadrados



Se dice que fué el Chad
quien le dijo al Caníbal: "pues vente pa' acá" [sin ninguna connotación homosexual] y el Caníbal metió sus tres calzones y sus playeritas cancunenses de "I'm shy but I've got a big dick" y se fué a la tierra del águila embutiéndose una serpiente.
Pero porqué el Canis abandonaría el Paraíso Terrenal para irse al Infierno Capital? Por dinero? Por su curiosidad de conocer Xochimilco inundado de pañales usados o, Dios nos libre, por una mujer?! No. Lo hizo por lo único que vale la pena en este mundejo: el guitarrazo y la garganta sangrante.

Ahí se encontró con Kabuto, el K, el motor de destrucción y sacerdote de misas negras, quien le daría el nombre al menos peor grupito hecho en méxico, con sello NOM y toda la cosa: Los Perros Cuadrados.

-no mames, pinche K, ese nombre está reojete!
-nos vamos a llamar los Perros Cuadrados y punto, cabrón
-pero es que suena como a Bob Esponja Pantalones Cuadrados
-me vale madres! ya dije!
-ta bien...
Y así quedó. Palabra del Señor K.

En este trío no había voz principal. No había un tipo al frente que daba la cara por los otros dos. Eso era una banda, no un cuchitril de promoción. Así que los tres berreaban, feo, pero berreaban. K en la lira, Canis en las 4 cuerdas y Chad encargado de putearse a la batería, que no era marca T-FAL, gracias al cielo.

Anduvieron de subterráneos un tiempo, sin varo, sin viejas [a excepción del Chad, a quien con su conocido jale de féminas jamás le faltó progesterona que le acariciara la barbita] y con repetidos problemas con la justicia por robo de comida a taquerías y negocios parecidos.
Con mucho esfuerzo, se hicieron de cierta famita que poco a poco fué decayendo. Los corrieron a vergazos del Alicia cuando al K le dió por matar un french poodle en el escenario, gritando "Sálvanos Satáaaaaan!" y dárselo a comer al Canis, mientras el Chad se cagaba de risa. Los odiaban en Rockotitlán. Y, vaya, ni en el Chopo los querían.
Tenían futuro? No, todo parecía indicar que no.

Se fueron convenciendo de que había que dejar de tocar la basura que tocaban y le dieron un giro al repertorio: se acabaron los covers punketos de Pepe Fredo Jiménez y dieron paso a los cortes de manufactura propia. Y ahí fué el final del primer principio.
En la lucha de vanidades [K queriendo superar al Canis y él al K y Chad a los dos] se forjaron melodías con picudísimos riffs de guitarra, inventiva melodía grave y perfecto sonido percusivo. Lo habían logrado, la mediocridad fué erradicada [fuchi! fuchi!]
Y luego vino la parte difícil: encontrar un lugar donde los dejaran tocar. Jojojo se habían ganado demasiados enemigos y nadie los quería ver. Todos los bares les cerraban las puertas en las jetas o a punta de trona los sacaban cuando se colaban. Poeshitos, cómo sufrieron en esa época.
Pero su salvación llegó cuando abrieron el Hoyito, un bar de bajísimo presupuesto y con un dueño de provincia, quien no tenía ni puta idea del trío de disque rock que había contratado.
La primera noche, esa primera vez que siempre resulta dolorosa, el K tomó el micro y le dijo a los 15 asistentes:
-Ustedes son los elegidos.

Y una vez más, la máquina funcionó a la perfección. Y a paso lento se corrió la voz de que en el Hoyito estaban los perros tocando algo que por fin sonaba decente. No era rock. No era punk. Ni tampoco esa maravilla gringa conocida como nü metal. No. Era lo que sigue cuando todo eso ha sido inventado.
Y de ahí pal real.

Sacaron su primer disco, el Hijos de su perra el cual se vendió en Tepito como pan caliente. Como pornografía ilícita. Como ciega religión. A los perros les valía madres que los de Antídoto se quedaran en la pobreza gracias a los garfios. El chiste era que los escucharan, no que les pagaran por vender discos, pues una banda debe vivir de sus presentaciones y ganar el sueldo de cualquier trabajador.

Luego vino el Ábranse, cabrones! albúm que les ganó un contrato con una disquera de varo. Y ya instalados, afamados y despreocupados, grabaron el disco que les abrió las puertas [y las piernas] del público extranjero: Canibalitum y, paradójicamente, fué el comienzo del fin.
El Canis, con su conocido culto a sí mismo, se empeñó en que ese fuera el nombre del disco. Terco con que una obra de ese tamaño merecía un nombre acá, quesque muy vergas, y los otros dos aceptaron a regañadientes, sembrando el odio por el prieto nacido en un pinche pueblo bicicletero.
Mientras K perfeccionaba los balazos de la guitarra y el Chad andaba cogiendo grupis de todas las edades, credos, posiciones sociales y especies; Canibal, en su habitual impulso autodestructivo, se fué hundiendo cada vez más en las drogas.
Las presentaciones de los Cuadrados eran a reventar y el disco los mantuvo por más de un año en las listas. Era la obra perfecta nacida de tres cerebros en la misma frecuencia. Sin errores. Sin fisuras. Sin ocultas intenciones de trasfondo.
Luego vino Purgatorio en el cual se perfilaba que el grupo ya estaba en las últimas como sociedad pero en excelente estado de calidad melódica y armónica. Ni el reencuentro de Maná y Jaguares tuvo el lleno que tuvo la famosa presentación de los Perros Cuadrados aquel legendario 31 de Octubre. No había duda: el país de los nopales por fin le regaló al mundo una verdadera banda de exportación.

Pero estaba escrito que no sería para siempre.
Los distanciamientos y los madrazos eran cada vez más frecuentes. La camaradería se fué acabando y se les olvidó que alguna vez durmieron en hoteles de mil estrellas [al aire libre por falta de varo] y que tragaron tortas robadas en la Merced. Se les fué olvidando que lo que importaba era la música y no desayunar drogas o coger putas gratuitas o leer libros negros. Se les olvidó que los Perros Cuadrados eran tres, ni más ni menos.

El sueño terminó un 12 de Diciembre en el último concierto del tour de Sin órbita, el último disco, cuando sonaban los acordes finales de Y un día, y Chad dijo al respetable:
-Seguir con esto sería una mentada de madres pa' ustedes y un crimen contra nosotros. Aquí terminan los Perros Cuadrados y los mejores 9 años de nuestras vidas... El cariño de su parte fué excesivo y les quedamos a deber... bueno, como sea, Wham! nos la pelaaaaa.

Y ese poderoso solo de guitarra del esclavo de Tool puso punto final a la era canina.


Epiloguito
K y Chad armaron unas bandas zigzagueantes por separado. Tuvieron cierto éxito pero nunca comparado con el de los canes equiláteros.
Chad tuvo una hija de nombre Gisela. K tuvo un hijo llamado Carlos. Los jovenzuelos se enamoraron pero era un amor imposible: una era casi casi de los Capuleto y el otro casi casi de los Montesco.
K y Chad terminaron por hacer las pases y olvidaron los rencores y ahora son dos abuelitos que se sientan en sus mecedoras a ver jugar a sus nietitos con un french poodle en un patio de césped.
Caníbal, como siempre, no soportó la separación y se pegó un tiro a los 33 años. Jamás tuvo dos hijas.



[Gracias carnalito y gracias compa por sus amistades en megabytes. Cuando regrese la Norah Jones o vengan los Sigur, voy a visitarlos... o quien sabe, chance y a principios del que viene me lance a ese infierno que ustedes llaman ciudad y les de el honor de conocerme, pinches chilangos inferiores... jojojojo!]






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