Niñas, una vez más, lamento decepcionarles. Posiblemente muchas de ustedes se habrían sentido satisfechas de que aquí su proveedor semanal de basura resultara ser el caníbal caribeño. Probablemente sería una alegría de esas que no se olvidan y un buen tema de charla en sus navidades y fines de años [o reuniones que no fueran forzosamente de calendario] el decir "Apá, Amá, carnalitos, yo leo el blog del caníbal caribeño, el que mató a su machín y le comió los huevos" y que sus interlocutores exclamaran un auténtico "oooooh!" producto de la sorpresa de que ustedes, chiquillas que no matarían jamás por el placer que el acto proporciona, conocieran a un delicuente psicótico, caníbal y, pa' acabarla de chingar, puto.
Dejen en paz a los albañiles de esos castillitos en el aire: no soy Gumarito.

Gumaro de Dios [sobre todo] Arias, con su carita de paisa [pero menos que la mía] y su paladar de inclinaciones genitales, se encargó de echarse a la olla al pobre "Wacho", compa de parrandas y, asegún corre el rumor, palito de su balero.
Le comió las costillas, parte del muslo y, ejem, los testículos y el pene, eso sí, aderezado con sus cebollitas y tomates y tortillas de comal. Y no lo negó: admitió con esa boquita con aliento a verga que ató al wachito con unos cables, lo destazó y, madres!, a darle duro que no hay refri y se nos puede echar a perder antes de que nos lo acabemos [aparte, los tiempos no estan como pa' desperdiciar alimento].
Ahora a los que les suda el fufuy es a los reos con los que comparte celda, pues temen que en una de esas al muchachón, harto de comer frijoles descompuestos de prisión, se le antoje unos huevitos con chorizo y que con un de tin marín de do pingüé escoja a alguno de ellos pa' quitarse el hambre y recordar al desaparecido Wacho, antiguo dueño de las palpitaciones de ese dulce duraznito que habita en su pecho.

No me odien, princesas, por no ser el Gumaro. Me siento avergonzado por no ser una noticia del Alarma! y por no salir en las noches a comer gente. Y aclaro que en mi caso no serían hombres tabasqueños, sino mujeres jarochas y yucatecas, haciendo evidente mi afinidad con mis paisas y los quesitos pululantes en estos lares, que si bien no gozan de la mejor calidad, tampoco son dignos de mis desprecios.
Prometo aplicarme y darles tema de conversación en sus reuniones y razones pa' presumirme [lo cual, ja!, me recuerda a cierta mujercita diciéndome "me gustaría que aquel te conociera... es para presumirte" mientras se quita de los labios un vello púbico del susodicho, en vez de uno mío] con sus cuates y sus familiares y sean la envidia de la cuadra y, porqué no?, hasta de su ciudad. Prometo afilar mi machete y ser más sanguinario que Arias y decapitar a mis víctimas y dejar inscripciones apuntando hacia el Maligno y grabar todo y mandarlo a los más sanos propagadores del gore que he visto en la red: los compas de Ogrish. Prometo ser malo, muy malo, requetemalo [verdad, manito?] y ganarme un sitio digno en la lista de asesinos seriales a nivel mundial o, ya de perdis y haciendo gala de mi mexicanidad, a nivel nacional.

Aclarado este punto, considero pertinente que pasemos a lo serio y dejemos los chismes de lavadero pa' las viejas gordas y feas que se rifan la estabilidad emocional todas las tardes y noches, wachando [nomás por seguir usando la palabrita] telenovelas baratas de Televisa [porque Los Sánchez son otro pedo. Por cierto, será que la Yolis se quede con el Tito o será que la ganona sea la Cecilia? Qué novelón, qué novelón!].
Y ese algo tan serio es ese pendiente decembrino que tenía con los lectores inexistentes de este tugurio y que, si bien no...

Uuuuh, que la madre! Me dicen que los patrocinadores ya están chingue y chingue... Bueno, vamos a un corte comercial, no le cambien. Y si le cambian, por favorcito, que no sea pa' leer al Tiburón 3, a la NanaX ni a la tal Tecknicolor [ave María purísima!]... luego no digan que no les dije, eh?






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