Hace apenas unos días, alguien cerca de mí preguntó si la navidad existe o si la gente la crea. Creo, y supongo que todos estamos de acuerdo, que es más que obvia la respuesta...
Je, mi vida no sería la misma sin la navidad. Yo sería, y lo juro por esta, mejor persona sin ella...
Este post, como cualquier otra cosa en este blog, ya ha sido escrito millones de veces. No leerás algo nuevo. No acepto reclamos.
Diciembre lo tenemos en las jetas. Noviembre es una simple preventa del mes en que se desembolsarán cantidades obscenas de dinero en cosas inútiles como juguetes y regalitos por demás pendejos y sin sentido. Valdría más la pena desembolsarlas en cerveza, cigarros y putas y así los lamentos posteriores no serían ni tan lastimeros ni tan ahuevonantes.
Los intercambios de regalos, ya sea en la escuela o en el trabajo, son una soberana pendejada. Recuerdo haber sido orillado un par de veces en mi vida a tan ridículo espectáculo, en el que compras algo para alguien que no te interesa y a quien abrazarás con una sonrisa, para luego recibir a alguien que estará en tus zapatos.
Y tal vez ese no sea el peor de los casos...
Ser un infante de familia no tan jodida en época decembrina, es una bendición de Dios; ser un mugriento pobretón, toda una navaja en el pecho que el mercado se encargará de darle vueltas hasta exprimir la última gota de sangre, acción fruto de la ignorancia masiva.
He visto la mirada de muchos niños escurrirse de tristeza al día siguiente de la entrega oficial de juguetes, cuando toda la chamaquiza no puede salir de sus casas sin presumir lo que sus padres, con el anual sudor de sus nalgas, les han hecho creer que son regalos del gordo pedófilo o los tres pordioseros, según sea el caso. A mí, afortunadamente, no me fué tan mal... tuve a los Transformers, unos monos de Star Wars [se le movian los brazos! guau!] y, entre sueños recuerdo, unos Hot Wheels. Jamás los llevé a la escuela, porque mi amá decía que los iba a perder. Así que jamás pude restregárselos en las jetas a los que estaban más jodidos que yo... mierda!
Lejos de ello, de los juguetes asegurados a fin de año, y muy dentro de mí, suponía que algo pasaría en Diciembre. No podía creer tan buenas actitudes por parte de toda la familia [materna, porque la paterna, hasta la fecha, caga demonios], que mis tíos, mis agües, anduvieran sonrientes, pedos y nos dejaran tronar cuetes a la menor provocación. Suponía, como en las canciones propias de la época, que los problemas y la mala mierda de toda la gente terminaría. El plan, obvio, fracasaba y era necesario repetirlo al año siguiente, con más globos, más música, más ebrios. Vaya que la inocencia vivía en mí...
Después el tiempo me fué insinuando que no había Reyes Magos y que el evento extraordinario que presagiaba, era una infame mentira de la cual el único culpable fué aquí su servilleta, acostumbrado a tener esperanzas donde no las hay. Que las sonrisas decembrinas y las buenas actitudes eran, son y serán solo eso, simples actitudes. Como quien lleva a cenar a una perra y le dice justo lo que quiere escuchar para poder atravesarla o lograr que genere endorfinas a su favor. Como los buenos días y las gracias que me he acostumbrado a decir entre tanto animal que habla, sufre y camina a ciegas. Como mis sonrisas y preguntas desembuchantes en una conversación que no me interesa. Y no como aquella sensación libre de errores que me invadía en diciembre, cuando veía a tanta gente sentada en una mesa o contando pa' atrás y se reventaran en abrazos y buenos deseos a raíz de un año que pasaba.
Bah...
Métanse su navidad por el culo. Métanse a sus santa closes, a sus sonrisas de refacción y a sus poses teletoneras por el culo. Si quieren comerse su propia mierda, tá bueno, muy su pedo, pero por favor no me inviten de sus mojones. Quédense sentados donde están hasta el final de la canción, como si nada y no me hagan partícipe de eso. Ya no. Y no se preocupen, yo tengo mis propios métodos para verme la cara de pendejo. En serio, solito me doy abasto.
Jejeje, bueno, bueno, las chelas a nadie se le desprecian.
Así es, niñas. Si ustedes aún creen en los besitos y el amor generado por el nacimiento del niño Jesús, bien por ustedes que a semejente edad la ingenuidad les hace la jugada. Si creen que regalando y recibiendo objetos mejoran su entorno, vaya, congratulaciones, señoritas, que la luz del cielo ilumine sus almas chispeantes y felices. Tal vez vivan el resto de sus vidas de esa forma y de esa misma forma se sientan satisfechos. Ojalá que sea así. De corazón se los deseo.
Y si algún día, por alguna extraña razón, luego de gastar su dinero con los amigos y las rameras de esa banqueta, les da por engrosar nuestras filas, perfecto, les estaremos esperando. Mataremos un becerro y armaremos la taquiza y correrá el alcohol hasta que el varo se nos acabe. Nada de resentimientos, tampoco es la gran cosa.
Bueno, a manera de conclusión y ya para dejarles ir les digo que la navidad, asegún yo, es como el amor que se profesa la mayoría de las parejitas: una mentira para llenar el enorme espacio entre una persona y otra. Resulta tan pero tan necesario... ay!
Un abrazote, princesas, y que pasen una mucho muy feliz Navidá! Besus!
- Pero, Cani, entonces qué es lo que debo enseñar a mis hijos respecto a la Navidad?
-Es fácil: diles que Santa existe, pero que todo tiene su precio...

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