Tener un blog de culto me ha sido necesario desde que comencé a leer blogs. He tenido varios y a todos los he perdido por varias razones. En estos momentos, y lo digo cabizbajo, ando huérfano.
Pero hubo un tiempo [ah qué tiempos aquéllos!] en los que mis pupilas saborearon los manjares de desenfado que el Depresónico dejó por unos cuantos meses en la... en la... cómo le dicen ustedes? Ándenle, ahí.
Sucedió que, según nos hicieron creer, el depres decidió dejar de escribir y pegarse un tiro en la cabeza o saltar de la azotea de su casa. Jamás me tragué el cuento. Luego, alguien dijo que la clave pa' accesar y postear estaba oculta en alguna parte del blog. Hubo quien la encontró y posteó [y, orror!, le cambió la plantilla]. Y hoy, niñas, me dí a la tarea de postear en el que en algún momento fué el más mejor de blogs que he leído [llámenme simple, lo soy]. Pasen a leerle...
Ay!
Hace 5 días

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