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IN NOMINE DEI NOSTRI SATANAS LUCIFERI EXCELSI


El 31 de Octubre
, la fracción satánica se viste de manteles largos [y negros] para celebrarle el cumpleaños número no-sé-cuanto a don Luci el Malo [a ver, quen lo quele mucho? agu-gú da-dá!] y darse la buena vida que implica el estamparse el 666 en ese rinconcito especial del alma. Según dicen los que saben, el regalito [ que al parecer no varía de año en año] consiste en un par de corazones recién nacidos, niño y niña, que proceden a sacar luego de que unos perritos los hacen pedazos en medio de un pentagrama dibujado en el suelo. Típico de los malos...
El Lucero caído, dejándonos de teociosidades, me parece el personaje ficticio [ficticio? dijiste ficticio? ya veremos cuando se te esté tostando el culo en las llamas del H. Averno, chamaquito pendejo...] de mayor ingenio concebido por la única especie con sueños húmedos y pretenciones de infinito [las aves, a pesar de la simpatía del Pájaro Loco, no cuentan] el cual ha trascendido gracias a su cuerno largo y retorcido y a esas miraditas coquetas que incitan a cometer los actos más deliciosos que cualquiera puede apuntar en su lista. De tal suerte, que terminamos encontrándonos al angelito hasta en la sopa [y si es de letras, puta!, pos más...]: libros, películas, tatos, caricaturas japonesas [las gringas solo traen mensajes genitaloides ocultos. Ejemplo: la nariz fálica de Bob Esponja y el cráneo de Homero Simpson], música fea y fuchi, pinturas y un largo y sinuoso etcétera. Y no sé a ustedes pero a mí, ja!, a mí el Chamuco me la pela.
Rebosante de carisma, el portador de mi segundo pecado favorito, se pasea entre nosotros haciéndonos la vida menos aburrida y poniéndole sabor al asunto que, de otras luces, sería cagantemente insoportable. Nomás por eso me cae bien y aunque ya pasó la época en la que le quise vender mi almita [pero nunca se apareció porque mi alma vale verga] a cambio de ciertas habilidades, una escala mejor que la del blues y una caja de Ferreros, no dejo de sonreír ante las necedades de quienes se empeñan en persignarse [o, como quien dice, venerar al Eterno Lucifer, pues tal movimiento es una cruz invertida] cada que me oyen decir una barbaridad para orillarlos a tan cómico sketch.

Creo que mi primer distanciamiento con el rudo mayor, se dió alrededor de los cinco años, cuando le recé desesperado a una crucecita en mi cuarto para que cierta señora que se tomó la molestia de parirme, regresara pronto a casa porque estaba solito y me cagaba del miedo al ver a unas pinches mantis religiosas gigantes y hambrientas en la ventana de mi cuarto y ellas a su vez se cagaban de la risa por mis gimoteos y ayayays.
Luego a los 8, por ser hijo de la obediencia y el recto pensar, se me secuestró bajo las faldas de una monja, sor, madre o no sé qué chingaos era, para darle limpieza con mis tiernos labios a la cueva peluda que escondía entre las piernas mientras me aventaba un padre nuestro aderezado con unos cuantos aves marías pa' que no me fuera al infierno, dejándome el sabroso trauma de necesitar comer coños más que atravesarlos.
Y pa' acabarla de chingar, a los 22, pensando que con ir ahí una chamaquita me aflojaría ese precioso culito redondo, compacto y perfecto, fuí a un retiro cristiano en el que estuve 3 días a dieta de mierda, durmiendo en el piso y bañándome en 3 minutos [cuando lo mío es en 45], eso sin contar las lindas canciones cursis que entoné con los ritmos más guapochosos que ninguno de ustedes [ni Sergio Andrade] podrá jamás imaginar. Sobra decir que lo único que cogí fué un resfriado y una fiebre y que en vez de probar culito, fué el mío el que se tuvo que tragar tamaños supositorios pa' la calentura y el dolor [pero no del corazón... ay!].


Vaya, que aunque el demonio no siente simpatía por mí, a mí el tipo me cae de tetas y desde aquí, con vela negra en una mano y una daga ritual en la otra, le mando un saludazo, un caluroso abrazo y un ruego sincero pa' que me vaya reservando sitio allá, a la derecha de su trono [donde, acá entre nos y más les vale que no lo anden divulgando, se dice que están las más suculentas y fogosas diablitas].

P.D.: Carnalito, ya tengo la gallina negra, las velas y la daga, nomás dime dónde está el panteón al que hay que ir y ahí estaré puntualito... en una de esas y hasta me cumplen mis inmundos deseos de volverme el pedófilo más reconocido de la blogósfera... qué? porqué me miran así? Úchales, úchales, a chingar a su chamuca madre a otro lado...






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