-El último y nos vamos...



Hoy tengo
caníbales ganas de besar. Si, de besar. No, no, no, no, no como un paso hacia el sexo. No. Sino como un pase al paraíso. Ya que el Toutatis me decepcionó y en las decepciones busco suicidio, nada mejor para empezar que un beso. Ah, pero un beso bien puesto, de esos que comienzan suaves y terminan siendo un par de lenguas en tornadito entrando y saliendo como puñal de sicópata asesino o falo de perro en primavera. Y que venga cargado de sus dosis de picante y sus dosis de demencia. Besar cuerdamente me mata de hueva y la hueva, como el hambre, hace que me encabrone. También quiero que sea gratuito. No quiero besos que vengan con cargos ocultos y pretendan cobrarse con mentiras, favores o actitudes. Hoy no traigo efectivo, así que lo quiero gratuito.

Y luego, demonios, y luego eso. Extender la hoja con su nombre y que la firme con el beso. Tuya solo por ahora, pero tuya completamente. Y sonreír a sabiendas de los engaños por venir. De los bla, bla, bla y los jijijí que habré de tragarme. A sabiendas de que el puto mundo está patas arriba y que una psique y otra están a distancias enormes [y qué decir de las almas...]. A sabiendas de que el sexo es un trámite animal, delicioso, sí, pero un trámite a fin de cuentas por el cual también se habrá de cargar una losa por palabra. Y con gusto.

Se me antoja besar. Quiero besar. Aunque el beso, como la mayoría de las decepciones, me deje un profundo sabor a puta.






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