Estaba en en la secundaria, sentadito en mi sillita con paleta para diestros [los zurdos no existimos en este mundo], viendo pasar mi vida en widescreen, cuando oí la noticia de que un tal Kurt Cobain se había volado la tapa de los sesos. En ese entonces, yo ni en cuenta de quién era ese wey; vivía sumergido en otro mundo, lejos de las rolas de cuatro acordes y las portadas de bebés persiguiendo anzuelos con un dólar como carnada. Y con el furor que desató entre el Itzcoatl, el Grifo y el buen Ivan la muerte del mesías, llegó hasta mis manos un cassette mal grabado del Unplugged. Sólo dos cortes me gustaron: la de David Bowie y Something in the way; lo demás es basura, me dije.
Tiempo después, luego de haber digerido mejor el sonido que los convirtiera en la mejor de las putas que Mtv pudiera pagar, me fuí dando cuenta de que, a pesar del cello y la falta de distorsión, los cuellos rojos tenían un dejo de genialidad que lo acústico se encargó de comerse, cagar y dejar en claro, para los menos afortunados, que había una melodía y una letra en sus canciones.
Luego vino el Nevermind. Oh, Bart... Smell like teen spirit me gustó, no lo niego, pero quedé prendido de In bloom: "He is the one/ he likes all our pretty songs/ and he likes to sing along/ and he likes to shoot his gun/ but he knows not what it means/ he knows not what it means when i say [well? hell? hey? sácate los chicles de la boca, pinche Kurt!]" la mejor lírica que habían probado mis castos oídos. Me enamoré del disco, de su perfección, del puente necesario entre Polly y Drain you, de ese final que raya en lo supremo, de la portada con bebé sin prepucio y mano marcada en las costillas, y de la anécdota en la que Bucth Vig, el productor, les dijo a los de Seattle:
-tengo dos versiones de su disco: una, es exactamente lo que habían planeado. No es comercial, pero tarde o temprano los elevará a músicos de culto. Y la otra, no se apega mucho a lo que habían planeado, pero definitivamente venderá millones de copias.
Y Kurt, en un diálogo digno de llevarse a la pantalla, contestó:
-let's go for the money
[pirateado de La Mosca, cuando aún me caían bien]

Compré From the Muddy Banks... y lo odié. No me gustó para nada. Lo tuve en el olvido al rededor de un año y luego, out of the blue, me dió por escucharlo y al pasar por mis timpanitos el bajo inicial de "Blew" y el agradecimiento casi personal de Kurt ["Gracias por su paciencia..."], caí en la cuenta de que era la recopilación perfecta... no como las jaladas del Anthology, de Paul McCartney y sus deseos de gobernar al mundo [ah, sí: y también caí en la cuenta de que ese viejo dolor de los 16, había muerto].

No puedo decir que el deceso de Kurt y junto con él, el sonido que se convirtió en mercancía y en etiqueta separadora en Mix Up: Alternativo, me duela. Lo único que lamento es no haber podido verlos en directo [me sucede lo mismo al escuchar a los del dirigible y su [o ni tan suyo] "llorar no te ayudará, rezar no te hará ningún bien..."] y nada más. Como sea, todo se cambia, todo se vende, nada es para siempre...






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