Me desintegro, le dije a mi mamá. Y no me creyó. Me desintegro, le dije a mi papá. Y no me escuchó. Me desintegro, le dije a mi hermana. Y no supo qué hacer. Y me quedé quieto un rato, tratando de entender qué era lo que me pasaba. Yo creía que me estaba muriendo. Muriendo en cámara lenta o algo así. Y me dije: "Ojalá que no duela" y esperé. Y no dolió. Era más bien una sensación de caer en un pozo, un vértigo incontrolable y un peligro que no se podía esquivar. Y caminar descalzo en ese entonces habría sido un buen tranquilizante, pero quién puede caminar cuando se desintegra? o reir? o llorar? o jugarle al chingón? o pensar en otra cosa? o dormir? o perderse? Yo tampoco pude.
Y cuando me dí cuenta ya estaba aquí. No fué como despertar. Fué como cuando alguien te dice que te ama, mirándote a los ojos y aunque tú sabes que es mentira, disfrutas escucharlo. Fué como cuando disfrutas el sentirte protegido por alguien que desconoces completamente. O como cuando alguien te abraza cálidamente por la espalda y te hace ver que estas vivo. O como los siseos que hacías cuando leías las tarjetas que te dí. O como las llamadas a las tres de la mañana y los gemidos que no fingiste. O como dormir a tu lado. O como caminar a tu lado. O como vivir a tu lado. Contigo. En tí.
Me desintegro, le dije a mi perro. Y solo atinó a lamerme una mano y verme desaparecer.
Hace 10 horas


1 comentarios:
Se a que terefieres. yo lo he sentido mucho ultimamente.
Anda, deja tu letanía...