Todo empezó en mis veintes. Yo era una persona completamente normal, tenía una vida ordinaria qué vivir, con problemas ordinarios y satisfacciones ordinarias, nada fuera de lo común. Tenía un par de amigos con los que iba a ver nalgas bailarinas los fines de semana, ya fuera en el Katunga, en el Clímax o, si andábamos muy quebrados, en el Samurai. Sí, qué tiempos aquéllos... También tenía una guitarra paracho, con estuche chafón chafón y un afinador de a peso, mis armas infalibles contra la maldita música de tianguis que se escuchaba en esa época, antes de que la banda y su servilleta cambiáramos el rockcito made in mexiquito de las tunas, enredándole su propia lengua en el cuello al gurú de los malqueridos, léase, saúl hernández y su grupito the cure, versión maicitos y cacao.
En ese entonces, mis sueños no iban más allá, no pasaban de mis narices y de medias sonrisas a las cinco de la mañana. Yo era, por así decirlo, un wey medianamente feliz y los placeres de la carne me eran completamente desconocidos. No negaré que comía carne, pero generalmente era de vaca, pollito o de simpáticos cerditos criados en casa.
Pero un día, oh, sí, un día todo cambió y no volví jamás a ser el mismo.
Sucedió que estaba viendo VidaTv, fantaseando obscenidades [que no contaré] con las preciosas nalgas de la Brillanti, cuando un primo se me acercó sigilosamente y desenvolvió de entre papel periódico un pequeño trozo sangrante de carne...
-qué es eso, cabrón?
-es carne
-coño, ya sé que es carne, pero de dónde chingaos la sacaste?!
-es un secretito, pero mira, pa' que veas lo cámara que soy, pégale una mordidita y no te arrepentirás...
-estás pero bien pendejo, pinche drogo!
-Uuuuuts, mírala, mírala, tan miedosita ella...
-chinga tu madre, wey!
-Ok, ok, luego no digas que uno no te invita de lo bueno, eh?
Y se largó con su cacho de carne a esconderlo al refrigerador.
Yo me quedé con la tentación de saber qué era exactamente aquello y porqué me ofrecía algo tan asqueroso como si se tratara de un manjar de la inalcanzable jai. Y no moriría con la duda... aunque hubiera sido lo mejor.
Me acerqué nervioso a la puerta del refrigerador, lo abrí y revisé y revisé y revisé hasta encontrarlo. Estaba ahí, un simple trozo de carne con sangrita. Carne que, luego me enteré pero que desde un principio sospechaba, era de humano. Y ahí me ven híncandole los dientotes, primero con gesto de asco y, luego, con gesto de satisfacción. Y sin pensarlo dos veces, le dí la segunda mordida y luego la tercera...
En la cocina, por motivos de estética y vanidad maternal, había un espejo que en la parte de arribita decía "Dios me guía" y, abajo, con las jetas coloradas, el reflejo de un nuevo miembro, con perspectivas de líder, de la secta más vil que jamás haya existido.
Y a la voz de "en qué horrible monstruo me he convertido?", corrí al baño a lavarme la boca. Pero no podía engañarme, lo había disfrutado y sabía que podía hacerlo de nuevo. So i did, brother...
Muchos años estuve metido en eso, haciendo lo que fuera posible para conseguir carne fresca y sangrante, agenciándome enemigos y persecuciones de película [de los hermanos Almada], hurgando entre los basureros, matando niños de la calle [que la neta saben feo pero calman la ansiedad... maldito tercermundismo...] o niñas de colegios nais [en mi cumpleaños número treintaitantos, me dí un fuerte abrazo y me regalé una niñita de LaSalle, que me costó un buen darle de moquetazos, pero que al final valió la pena el esfuerzo pues tenía la carne, sobre todo la de las nalguitas, suavecita, suavecita] e instruyendo a los novatos de la secta... que pronto se convirtió en La Secta, así, con mayúsculas y con el paso del tiempo, de los años, debo decir, me convertí en su líder y único propietario. Ni me pregunten a qué sabían los malditos exdirigentes, que me vomito.
Pero hoy, compañeros, hoy todo eso ha quedado atrás. Hoy he decidido dejar ese horrible y repugnante vicio, que sólo vergüenzas y problemas ha traído a mi familia y amigos. Y seré lo suficientemente fuerte para no volver a comer carne humana, es más, ni siquiera los pellejitos que me salen en los dedos a causa de esta pinche avitaminosis, probaré. Y prometo ayudar al compañero que lo requiera, incluído mi primo el Colmillos, a salir de ese apestoso agujero llamado canibalismo. Seré un ejemplo a seguir y haré que mi vieja y mis hijitos se sientan orgullosos de mí, pues su padre muerto era y hoy ha vuelto a la vida, perdido estaba y hoy es hallado. Palabra de ex-caníbal.
Caníbal, su mero servidor, en su primera y única sesión en Caníbales Anónimos, A.C., haciendo changuitos mientras se aventaba su choro mareador.
[Servicio completamente gratuito. 24 horas. Abrimos los Domingos]
Hace 5 días

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