"Reposa mi sangre como agua estancada
Madurando el fruto de su ebullición;
Y aunque pareciera que no espero nada
Estoy esperando la gran explosión"
-Buba
~
-buenas tardes, seño
-buenas tardes, señora
-qué haces, mijo?
-pues nada, amá, aquí, jugando con la señora
-no, mijo, no molestes a la señora, no ves que tiene cosas qué hacer?
-Uy, no, má, si se está divirtiendo conmigo. verdad?
-Si, señora, usted tranquila, el niño se está portando bien
-si, ya hasta le enseñé cómo gritar como estalón, en rambo dos, verdad?
-Claro! pero necesito más práctica
-...y sabe un chorro de cosas: ella sí conoce a los telechobis y se sabe la
canción de alegrijes y rebujos... completita! y sabe echar el trompo... enséñele a mi amá, señito, pa' que vea
-no, mijo, eso está mal: usté tiene que jugar con niños de su edá, qué es eso
de estar jugando con señoras?
-Aaaaay, mamáaaaa....!
-No, mijo, vámonos pa' la casa
-no, no, no, no, no... aunque sea un ratito más, si?
-No, mijo, ya párese que se nos hace tarde
-No, señora, el niño se queda conmigo
-Nada de se queda conmigo, es mijo y digo que nos vamos pa' la casa, aparte, yo a usté no la conozco
-Insisto, señora, el niño se queda conmigo
Y al verla con más cuidado, la cara de la señora se te hizo conocida. Sí. Era la misma cara que habías visto en tu padre, la noche en la que se soltó a llorar a lágrima tendida con el cura, confesando cuanta porquería había hecho en su vida. Era la misma cara que habías visto en la mañana, camino al mercado, en el perrito aquel que se caía de flaco y le temblaban las patitas. Era la misma cara que un día tuviste que ver, toda hecha pedazos, cuando te dijeron que tenías que reconocer el cuerpo de tu marido.
Y en el momento en el que pudiste reaccionar, era demasado tarde: tu hijo ya había muerto.
-No te culpes por eso, Manuela, las cosas son como tienen que ser. Ya ves, yo también perdí a mi marido y, aunque todavía me duele, pues ya ves que me casé de nuevo y ahora tengo unos chamaquitos que, por cierto, no sé dónde fregaos andan... pero, mira, tú tranquila y llora todo lo que tengas que llorar porque bla, bla, bla, bla...
Manuela le sonríe, pero ya no escucha razones. Y se deja arrastrar al mercado de nuevo. Y se deja arrastrar a la cocina, al baño, a la cama, como si supiera qué es lo que está esperando, como si no hubiera pasado por eso, como una lamparita apagada y ella, perdida en el camino, tuviera que recorrerlo todo a ciegas para encontrar al final un nada ansiado precipicio.
[Siento que esto ya lo había leído en otro lado... o era en este mismo lugar? Ya ni me acuerdo!]
Hace 5 días

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