-Ay, amiga, te lo dije: todos los hombres son iguales

[Como complemento
a un comentario leído -de un amigo que no es mi amigo y que está muy lejos de serlo- y a una conversación que pudo tornarse interesante, pero que a fin de cuentas quedó en un 'bueno, ahorita regreso..', viene este postito, lleno de errores y sabiduría extrema, que ya quisieras encontrar en otro blog con el mismo tráfico miserable que éste tiene]

Los rumores que corren entre la fauna femenina acerca de que todos nosotros somos unos superficiales, culeis, que nos derretimos ante cualquier cosa con falda, que estamos cortados con la misma tijera, en fin, que somos unos viles joputas, no estan muy alejados de la realidad. No es un secreto de Fátima revelado, lo sé, pero como mero acto de solidaridad con el género y por que en este sitio apostamos por la justicia, procedo, con su licencia de usté, a aclarar los porqués de los porqués.... por que tampoco es tan así como lo ven.
Antes que nada, y aunque no parezca creíble, nosotros, los meros machotes capaces de descuartizar a un dinuasurio y hacer una marimba con sus costillas, también tenemos nuestro corazoncito, frágil, tierno y lleno de esperanzas que, de vez en cuando, se cumplen. Lo alimentamos de tal forma, que es capaz de inducirnos a una ceguera y esupidez zombie permanente, en caso de una profunda decepción amorosa.... Sí, niñas, sabemos lo que es el amor, aunque tampoco lo crean.

Amar, para nosotros, no es un simple acto de cursilería a corto o largo plazo. No. Tampoco es empiernarlas a la primera oportunidad, fumarnos un boleto para el cáncer y echarnos a dormir, como ustedes piensan que pensamos. Amar, para estos seres rellenos de testosterona, es un estado de serenidad y completa felicidad, tan es así, que estamos dispuestos a hacer todo por ustedes. Y cuando digo 'todo', me refiero a Todo. El grado de entrega es tal, que [como ya lo había escrito y para que entienden hasta dónde llegamos, va de nuez] estamos dispuestos a hacer por ustedes lo que ustedes estan dispuestas a hacer por sus hijos. Para nosotros no hay más. Es algo tan total como eso.

Pero [sí, siempre hay un pero] tenemos una ligera particularidad: podemos desligar el sexo del amor con tremenda facilidad [algo que también muchas de ustedes pueden hacer]. Podemos ir corriendo detrás de un buen par de nalgas, con la boca babeante y la mente maravillada, y aún así, seguir enamorados, en el mismo grado de perdición, de alguna de ustedes. Esa capacidad está en cada hombre que conoces y si se atreve a negártelo, o te está mintiendo o se está mintiendo. Sabemos que moralmente está mal el ir y hacerlo; sabemos que, de enterarse aquélla, la relación sufrirá fisuritas irremediables que ni con sulfatiazol sanarán, pero la capacidad está ahí y sólo es cuestión de decidir si nos aventamos tan suculenta invitación o si la dejamos ir. Es decisión de cada quien, habrá quien lo haga y habrá quien no. Y eso es algo que, por su naturaleza femenina, no pueden comprender. No les cabe en la cabeza semejante culerada. Mientras en la nuestra, por nuestra naturaleza masculina, se ve tan sencillo: "voy o no voy... nah!"

Y de la misma manera que a ustedes les asombra que podamos hacer eso, con esa puta facilidad, a nosotros nos asombra [bueno, al menos a mí sí] la facilidad con la pueden superar una decepción o el quiebre de una relación. Nosotros nos ahogamos en el dolor, nos perdemos, nos hacemos mierdita y queremos morir lo antes posible. A ustedes les duele, sí, pero su dolor se ve desechable, como si en vez de sentimientos tuvieran una esponja que, con unos cuantos apretoncitos, se saliera cualquier cosa que hayan sentido. Pueden, como dije, sentir ese profundo dolor ante una situación que sea referente a sus hijos [algunas, por que también hay cada madre desnaturalizada...] y entonces sí, se pierden y el dolor echa raíces [de ahí y otros detalles como esos en los que afirman silenciosa superioridad, que quiera tener hijas y no hijos... ja!].

Así que no se compliquen la vida: no somos la octava maravilla, pero tampoco entes infernales dignos de ser colgados de los pliegues del ano. Y, a pesar de los pesares, creo que valemos la pena... eso sí, algunos más y otros menos...

He dicho.

[Habiendo iluminado la aldea con su triste y escuálida sabiduría, este Caníbal se dispone a dormir, ya que en su cabeza ronda un pensamiento de caza que hay que planear bien, pues este vez la víctima parece valer la pena -y no como la cosa esa que... bueno, mejor ni recordemos ese episodio- y tiene que hacer lo posible y un poco más por alcanzar a esa preciosa critaturita inteligente de linda sonrisa y pasitos merengueros... y, Bart, qué ojitos, qué ojitos... qué más quieres?]






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