Es Diciembre. Hace frío. Los clarividentes con licencia en cuestiones del clima predicen que llegaremos a 6 ºC. Eso es malo. Y es malo porque el frío hace que me duela mi rodillita [la izquierda, la que me chingué por hacerla de dizque futbolista] y que me de por ponerme melalcohólico. Soy un gato aullante durante una semana [pero no falta quien me aviente un zapatazo que salga hecho balazo pa' quitarme lo chillón] y ando con los ánimos en subibaja temporal. Generalmente es así y por razones que desconozco pero que sospecho, este fin de año pinta para ser diferente.
Sucede que he renunciado al trabajo en el que me mataba chocomil horas y laboraba rodeado de mujeres. Oh, por favor, es injusto ver pasar tu vida [a colores y en tercera dimensión] solo para trabajar: abrir los ojos para prepararte para irte y cerrarlos para dormir para abrirlos para ir de nuevo para cerrarlos y dormir de nuevo.... infinitamente. No puedo hacerme eso, por muy a gusto que me sienta trabajando entre mujeres [con todo y los rumores -la famosa ambigüedad acerca de mis preferencias sexuales-] y atendiendo a desconocidos que se van con una sonrisa en las jetas debido a un servicio poca madre que doy cuando estoy de humor ["... this guy is great!" y eso que nomás masticoteo el inglés... chingaos, dejen que me eche flores solito, no?]. Así que renuncié. Y vi cuatro caritas femininas pidiendome que me quedara. Mierda, claro que quería quedarme! pero no podía, no podía y no lo hice... snif, snif, snif!
Hubo una de ellas que me abrazó. Pocas veces me han abrazado así, con tanto cariñito recién nacido. Se siente rico. Fué de esas veces en las que por reacción natural cierras los ojos cuando ves que se extienden los brazos de alguien a quien tenías ganas de abrazar y no se había dado la oportunidad.
El haber pasado veintiseis días recluído en ese lugar, hizo que me diera cuenta de varias cosas de las que, de otra forma, jamás habría capizcado. Entre otras, el hecho real y palpable de que estoy curado de espantos [frase local, no intervengan mi línea telefónica para tratar de descifrarla] y de que estoy comenzando a desarrollar la locura en gran escala: moriré aplastado por una moto de diligenciero dentro de un par de semanas, más o menos [eso si me decido a echar por el caño una amistad en construcción y meterme como un enfermo a un hotel para saciar -vaya palabreja- mis apetitos de homo-erectus-porno-perversus... pero aún está en veremos... ]. Empleo muy didáctico, viéndolo bien.
Hice agradables amistades que no durarán. Hablé con gente a la que le rementé su madre con la mirada y gente con la que me deshice de gusto al tratar con ellos. Y el infierno jugó conmigo de nuevo: en el último minuto se pasó de verga y me puso un madrazote marca diablo, arrancandome una sonrisita de triunfo que esperaba desde hace tiempo y que me tenía en lenta agonía.
Fué genial pero ha terminado.
El año también se acaba, niños y niñas, y me cae que desconozco lo que me depara el futuro. Es neto, lo desconozco, no vayan a torturarme para hacerme confesar. Pero algo sí puedo decirles: será el inicio de lo mejor de lo mejor [ah, chingá: de cuando a acá comprarte un aparatito de 370 es una señal irrefutable del destino?]. Chíngale, Luisito, te acuerdas de aquélla frase en la que decías 'mi vida va a empezar a los 23'? Cabrón... estás cabrón.
Dejémoslo para después, por ahora es un buen comienzo.
Hace 5 días

0 comentarios:
Anda, deja tu letanía...