
El Señor Santa. El hombre de la infancia infeliz. Ebrio casi por herencia genética. PornoStereo © y subterráneo fallido. Topes y topes contra una piedra preguntándose la razón de su existir . Hasta que un día, sin ser un techno tijuanense ni un cool regiomontano [ay, perdón Su Alteza Changuera, pero cómo le hago pa' que me entiendan?], se metió una porquería que le hizo creer saber la verdad de las verdades. E iluminado cual Buddah se dispuso a obedecer las comandas del destino, dios y el universo enterito. Sí, sí, sí : lo suyo era hacer felices a todos los niños y niñas del planeta, chingue a su madre cómo, pero el lo lograría.
Y tras una larga cavilación y una explosión repentina de inteligencia empresarial, reunió a sus compañeros de orgía y los indujo a chambear bajo promesas engañosas y sueldos miserables en una sociedad no muy clara [no es que aquéllos fueran pendejos, sino que aún le tenían cierto afecto al gordito], también consiguió unos cuantos renos y les puso nombres feísimos, como sacados de un calendario [Rodolfo jamás existió: era sólo un amigo imaginario con el que platicaba cuando estaba solo, pero los enanos cambiaron todo pa' darle un toque navideño-familiar]. Todo estaba listo, su destino por fin se cumpliría.
Durante algún tiempo, los enanos sacaron a duras penas la chamba y se encargaban de entregar todos los regalos. Tenían una organización excelente con rutas perfectamente trazadas y sin el menor error.... mientras cierto joputa se llevaba todo el crédito. Pero, bueno, aguantaron vara.
Ah, pero la más grande de las putas [hay una afirmación muy conocida que dice que "todas las mujeres son unas putas, en mayor o menor medida", de la cual Caníbal, A.C. no es reponsable y que, sin embargo, apoya secretamente en un intento desesperado de concientizar un fracaso] hizo su aparición y todo se fué directito a la mierda. Una mujer, quien ni siquiera tenía un buen trasero, fué, es y será por siempre la culpable, sépanlo de una buena vez niños y niñas de todo el mundo, de que Santa jamás les lleve lo que le pidan [yo le pedí alguna vez, una mujer inteligente, bonita -ni tanto- y con un culito redondito, pequeño, agradable... y nunca llegó.] y de que sus padres les digan excusas pendejas acerca de que el gordinflón está muy ocupado y que "algo es algo; hay niños que quisieran tener lo que tú tienes ahora".
Esa vieja, la Yoko Ono del Polo Norte, acabó con todo. Le metió ideas que nada qué ver con las razones por las que Santa C. inició todo un imperio sin fines de lucro, y a la voz de "Yo soy tu Dios y único Dios y, si se te ocurre tener otro, te parto la madre, cabrón!", Santa comenzó a darse cuenta del gran negocio que representaba. Y vió que había mucho qué ganar.
De ahí en adelante fueron puros declives. Los enanos murieron en la revuelta por recuperar las viejas políticas y el pinche gordo se erigió como dueño absoluto de todo el bizz. La calidad de los juguetes bajó y las entregas se hicieron sin tarjetas con tiernas dedicatorias. Los renos fueron vendidos y con el dinero obtenido, se contrató a una agencia internacional que se encarga de hacer las entregas.... has visto un papelito que dice DHL - Entregado- en la caja de tus juguetes?. Ahora lo sabes.
Pero la justicia de las Profundidades del Infierno no tiene límites. Es por eso que ahora, aunque se limpie el culo con el dinero que le deja ser Santa Claus y no le dé ni un centavo al Teletón [ay, pero qué malo!], vive entripado a una máquina para poder respirar y mendiga, ruega y suplica a la vieja-trasero-feo para que le haga el favor de ensalivarle el pellejito que le cuelga entre las piernas. Es un gordo jodido y con ganas de morirse. Recuerda con una sonrisita la buena época en la que se empedaba hasta las nalgas con los enanos y se iban por todo el polo norte a buscar viejas para armar sus orgías. Sí, lo enanos eran sus camaradas y él los mató cuales viles perros. Admite en su viejo corazón que es un culero y que no se salvará de una muerte lenta y dolorosa.
Así que duerman tranquilos, niños y niñas, el tipo está pagando con lágrimas de sangre. Aparte, aún andan por ahí tres tipos pobretones y buena onda que, aunque también traen tristes miserias de regalos, al menos ellos lo hacen de corazón... según dicen.
Tomado de "La Biografía [no autorizada] de un Gordito Decadente", ©2003, Editorial Caníbal.
Hace 5 días

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