~ Polette, Iván y los dragones ~
Pues ahí tienen que la bruja Polette no era la clásica bruja feota y malota que sale en todos los cuentos. Oh, no. Ella era muy bonita, mala eso sí, pero no tanto; tenía ciertas dosis de buena bruja de vez en cuando.
Iván, por su parte, era un chavo que trabajaba para El Rey (el rey era conocido simplemente como El Rey), en un puesto como de guardia de seguridad. Su chamba era matar los dragones que ciertas brujas buenotas mandaban por puritita diversión (se decía que había intenciones escondidas de parte de P, pero nunca se le comprobó nada). Iván dedicaba su vida a su trabajo. No es que se lo pidieran, es que le gustaba pasársela sacando tripas [éso decía].
Bueno, pues ellos no se conocían. Creo que pasó como un año o año y medio [desde que Iván se convirtió en el matadragones oficial] para que sucediera el encuentro. Y fué porque P vió demasiadas bajas en su colección de dragones. Ok, ok, es cierto que ella los reproducía, pero la gestación de un sólo dragón le tomaba casi un año y luego había que entrenarlo. Chéquese el problema.
Algo molestita, se transformó a sí misma en un dragón para saber con cuántos hombres dragonicidas contaba el Rey . Y se llevó la sorpresa de su vida: era un sólo hombre, joven guapote y buenote. Que se concentraba horrores para hacer su trabajo, que era casi perfecto en sus tiros (le hirió una nalga) y que tenía una mirada perdida.
No, no, no, no se podía quedar la situación así, tenía que saber más de él. Así que fué con el mago Melchus (algo así como Merlín, pero versión mía ) y le pidió algo que ella no podía hacer: convertirse en un ave. Y así lo hizo el buen Melchus.
Dos días después, ya que hizo efecto total el hechizo, P se fué a parar a maltrinar en la ventana de Iván. Y le escuchó llorar: se enteró que el corazón de Ivanovichito aún latía por una mujer que sólo lo usó para apoderarse del dinero de su padre y que lo abandonó en la vil miseria. Los trató retefeo, pero aquél (hombre al fin, igual de menso que todos los demás) seguía sufriendo los percances del viejo engaño.
Polette se quedó muda y partió de regreso a su cueva... mil doscientos setenta y tres pensamientos cruzaban por su cabeza.
Tramaba algo difícil, riesgoso, pero que valía la pena intentar.
Y regresó con Melchus y le pidió otro favor: que convirtiera su corazón en un durazno (a mí me encantan los duraznos)
- Para qué quieres que haga eso?
- Se lo mandaré a Ivan con un enano, para que se enamore de mí
- Estás tiradísima Polette, te hacen falta vacaciones
- Grrr, demonios, tú sólo hazlo!
- Está bien, está bien... tú sabrás lo que haces
Pero todo salió mal, muy mal: el Iván se enamoró, sí, pero mientras Polette se volvió mala de verdad y ya no estaba interesada en el amor, sólo quería matar, hacer sufrir a la gente: se volvió una bruja clásica en toda la extensión de la palabra (hasta comía niños... no, sí que estaba grave la mujer!)
Entonces Iván decidió mandar ése buen corazón de vuelta a su dueña, pues así, como estaban las cosas, no funcionaría: uno bueno e interesado y la otra mala y gandalla.
Melchus estaba ya llegando al límite de su paciencia [que convierteme en pajarito, que si ahora en duraznito, que le quiero devolver el corazón...chale], pero era buena onda y le hizo el favor a Iván (ja! no sean cochinos, no ÉSE favorcito). Y luego salió [pa' acabarla de fregar...] el Iván con su:
-Pónle también mi alma y mi corazoncito que de algo le han de servir
- Pero al hacer eso tú morirías...
- Yo ya estoy muerto de todos modos
Bueno, para no hacérselas cansada, el caso es que el Ivanovich felpó (con retortijones y estirada de pata), la Polette recuperó su corazón y vivió enamorada toda su vida del difunto, frígida y sin hijos. Y al morir, la Eternidad unió sus almas en una felicidad de ésas que no pueden describirse.
Ahora duérmanse, que mañana tienen que ir a la escuela y su madre me espera en la habitación con un precioso baby doll !
[es para contárselo algún día a mis hijas...nah! ]
Hace 10 horas


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