Mírame de frente y dime que sí II
(Alguna vez las segundas partes han sido buenas?)
Me gustaría no tener que ocultar su nombre, de manera que si lo encuentran por ahí pudieran saludarlo bien, sin tener que decir "Hola, inche cíclope". Pero no lo haré. Prometí no hacerlo. Así que lo llamaré Darío (como Rubén Darío o Darío T. Pie).Ok, en eso quedamos.
Pues resulta que Darío regresaba a casa, caminando y pensando en las atrocidades que un payaso le dijo al dejarse llevar por el nervio que le provocó verle directamente al ojo y oírle decir que quería ser uno de ellos. En eso iba, perdido en sus pensamientos:
- Ser payaso es bonito, pero al final uno se vuelve malo. Los señores del gato, a lo mejor, algún día se vuelvan buenos...o quien sabe, tal vez sigan siendo malos toda la vida. Mi maestra no es mala. Porqué cree que soy burro? Es que ella no me entiende cuando le pregunto...
...cuando al paso le salió uno de los hermanos Chan (retebuscados secuestradores yucatecos traficantes de órganos) quien iba muy de prisa, posiblemente huyendo de la justicia.
Se vieron rápidamente y Chan quedó asombrado, maravillado y con el ano bien nadado. Darío, siempre inocente, le sonrió.
Chan respondió a la sonrisa con otra, sin ningún temor de por medio y sabiendo perfectamente que quien le sonreía era un alma libre de pecado (los traficantes también tienen sentimientos y sentido común) y siguió su camino.
Darío llegó a casa y sus padres, desesperados, le interrogaron cual judicial gordo, feo y ojete de la PGR. Salió más o menos bien librado. A la que le fué muy, pero muy mal fué a la cosa ésa que se decía su maestra (tan bonita ella y con tan bonitos modales que se veía...).
Durante los siguientes días, el niño no dejaba de pensar si había más personas como él. Duda (casi existencial) pueril, si quieren, pero no por eso menos importante.
Ok, ok, el punto de este episodio viene aquí.
Cierto día, una niña pasó corriendo (en esta historia todos corren forrestgumperamente, aclaro) por su casa (no en medio de su casa, sino por la calle que estaba frente a su casa: ambigüedad resuelta) y Darío quedó prendido de la imagen de aquella criaturita preciosa y de largos bucles mal peinados. Y corrió detrás de ella. La alcanzó, le gritó, pero ella no respondió, así que se vió forzado a taclearla.
Ya en el suelo los dos y tras recibir -él- una buena bofetada y un grito de horror, la cosa se desenroscó más o menos así:
- eres un niño?
- si... porqué no te detenías?
-estoy huyendo
-de tu maestra?
-no, de mi papá, quiere pegarme... está borracho
-qué es estar borracho?
-no sé, pero de repente se vuelve malo
-es un payaso?
-no
-ah...
-porqué sólo tienes un ojo?
-no sé... tú porqué tienes dos?
-toda la gente tiene dos ojos
-ah...creo que sí porque yo no he visto a alguien con uno sólo... quieres ser mi amiga?
-no sé
-sólo tienes que decir que sí o que no
-entonces creo que sí...
[sonríen]
-ya me voy...voy a casa de mi tía
-si
-te veré luego, mañana... o no sé
-si
Dios, era preciosa. No, preciosa es poco. Era...cómo se dice cuando algo es mucho mejor que lo mejor que uno ha visto? Así era ella. Y era una niña. Y era chiquita. Y tenía un papá que era malo.
Sí. Sí habían más como él, aunque tenían dos ojos y lindos bucles mal peinados.
Y el maldito cosquilleo (perdición de todo ser humano) en la panza hizo acto de aparición instantáneamente, divinamente, ácidamente...
To be [ya no les prometo nada]...
[Nota: Este relato es una historia original y para nada está basada en El Principito, así que no le debo créditos a Antoine de Saint-Exupéry. De hecho, él omitió una plática entre Darío y su Principito, que tal vez algún día transcriba.]
Hace 10 horas


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