La niña está dormida. Y mientras duerme, sus sueños se licúan en su cabeza. Un pensamiento brinca de un lado a otro y las almas que habitan a su alrededor quedan en silencio, en espera de la explosión. Un elfo se come las uñas: presiente lo peor. No puede calmarse, el terror le inunda pues no sabe si esta vez la niña morirá.
En la inevitable sucesión de las acciones, la niña deja salir el primer sueño, dispersándolo en su conocida variedad de colores y dejándolo morir como advertencia para los otros. Pero ella no sabe, ni siquiera se imagina que hay aves de rapiña esperando, saboreándose el manjar que está por salir.
Tras moverse convulsivamente y lanzar ligeros gemidos de dolor, la tapa que abrigaba las imágenes y sonidos se abre. Y las almas ansiosas se abalanzan sobre ellos. Los devoran como a niños recién nacidos, mientras los sueños gritan con la esperanza de ser auxiliados. Pero estan solos. Completamente solos.
La masacre es horrible y en cuestión de segundos no queda uno vivo.
Después de una breve charla, las almas se retiran satisfechas haciéndose bromas entre ellas.
Y el elfo se mete entre las sábanas de nuevo, aliviado: ha vivido cinco años enamorado en secreto de ella, deseando con su pequeño corazón que la niña no muera y, un día, poder verla despertar.
Hace 10 horas


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