El Monstrito Cometetas

En las lejanas montañas
de Jaharad [*], habitaba [ahora se ha mudado] el famoso monstrito Come-tetas. Leyenda urbana que, antes de serlo, era el pequeño tema tabú entre las pocas personas que lo conocían. Se dice que la razón por la que secuestra mujeres para cortarles los pechos y comérselos (sin tomate, pues no es el Marcapasos), es debido a que jamás fué amamantado [su monstruosa jefa era anti-maternal]. También había versiones alternas, que decían que era porque él creía que comer senos lo convertiría, tarde o temprano, en una persona normalita (seguro social y mentiras piadosas incluídas). Pero en realidad, nunca se supo porqué el buen tipo (por que hasta eso: guapetón y carismático) hacía lo que hacía.
Comenzó su larga carrera (o apestoso oficio, como quieran llamarle) en su adolescencia, un día tranquilito y medio darkie, cuando descubrió la existencia del Bosque de Las Vírgenes y se dió cuenta de que ahí había un buen de chavas en cueros con pechochos y jugosos senos.
Como poseído por el Sr. Demonio, se fué encima de una de ellas, jalándola de sus lindos rizos dorados (ok, todas eran rubias). Hareg, fué su primera víctima... y de ahí pa'l real.
Acabó con 3/4 del Bosque de las Vírgenes [el cual después sería rebautizado como el Bosque de las Casi-Vírgenes... ya saben cómo son los pinches Jaharadeños] y sembró el Terror (si, con mayúscula) en el pueblo bicicletero y de perros flacos.
Los guardabosques lo querían vivo o muerto -tristes envidiosos- y las familias de plano lo querían quemar para evitar que resucitara como los mostros de las películas. Se hacían búsquedas nocturnas toda la semana, sin descanso ni paga y habían cartelones pegados en los viejos postes de luz (bueno, eran de madera, pero servían para robarse la electricidad), ofreciendo mucho varo por su cabeza [si la cabeza iba todavía pegada el cuerpo, subía la recompensa; y si la cabeza iba pegada y además todavía suspiraba, casi casi que te hacían Presidente Municipal].
Pero la búsqueda fué en vano. Jamás lo encontraron, ni entre los matorralitos de las Casi-Vírgenes (se volvieron unas zorras, las que sobrevivieron) ni en las cuevas al pie de las montañas. Ni en los bares de asesinos, ni escondido en el Glorioso Templo. Ni madres. Se les peló y ellos ni en cuenta.
Tiempo después, supieron que en Naharad (un pueblito como a cien pedaleadas de Jaharad) ya se había echado al plato a otro montón de chavitas y que también lo andaban buscando pa' despellejarlo [pobres ilusos...].
Muchos meses pasaron y no hubo noticia de él ni de sus ataques. Todo era lindo y hermoso como un bebé durmiendo... hasta que un día.... madres! que se aloca de nuevo.
Ah, pero esta vez ya quería variar el limitado menú de pinches ubres pueblerinas, feas y caídas. No, no, no, no, no, no: se puso exigente y le dió por superarse (se acabaron los chingadazos a la primera y comenzaron los convencimientos inteligentes) e irse de ciudá en ciudá.
Ahora es trotamundos, chico viajero y explorador de nuevos manjares. Es de amplios gustos: desde las pequeñas protuberancias con ocultos ideales [ja! él las llama cariñosamente 'postres'], hasta las descomunales bolsas deformes que algunas andan paseando por ahí como si fueran sus mascotas.
Le entra a todo. Jala parejo. Cero racismos.
Así que más que relato, es algo así como una fábula cuya moraleja viene aquí: si un tipo de orejas picuditas (clásicas en los Jaharadeños) y ojitos de niño desamparado se te acerca haciéndote plática ya sea en el metro, el camión, en el bar o donde sea y te dice cositas chistocitas y medio hipnotizantes, aléjate inmediatamente y cuéntaselo a tu peor amiga (a la que le tienes envidia por que ella sí las tiene naturalmente redondas, firmes y con botones de lujo) para que vaya y se la lleve el único e inigualable Come-tetas, terror de las pechugas.
Aunque déjame decirte que si estás muy tirada a la fregada, pasas automaticamente a la lista del MataFeas [otro ser monstruoso] y quedas exenta de pasar por la báscula del Destazador Mamario [vaya nombre más horripilante que le pusieron los de las noticias...]
Bueno, creo que es todo por ahora. Sí, lo sé, sé que no es una manera muy amable y agradable de terminar esto, pero es que ya me dió hambrita... ni modo.
Y no lo olviden: cuídense, niñas, por que anda suelto, afilado y jarioso...
Besitos.

[* Escribí la palabra 'Jaharad' al azar, pues no recuerdo haberla leído en algún otro lado. Después se me ocurrió buscarla en Google y, para mi sorpresa, produjo resultados.]






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