Por momentos me siento un personaje de mi propia creación, con muchos detalles que a mí me gustaría realmente tener. Por momentos me siento Caníbal con un puñado de cosas qué hacer. Por momentos me veo otra vez en el camino con la mente puesta en el objetivo. Por momentos me siento explosivo con cronómetro en marcha. Por momentos soy Luis de nuevo, agazapado detrás de una piedra que me cuida de disparos. Y camino en mi memoria con la mirada atenta. Con el corazón atento. Con el alma atenta.
Me lleno de sensaciones conocidas y las reparto gratuitamente sin saber concretamente porqué, sin saber concretamente para qué.
Oigo unos llantos que se ahogan. Muchos de ellos. Y los reconozco porque alguna vez fueron míos. No puedo hacer algo por ellos. No quiero. La delgada línea que divide el cielo del infierno se manifiesta a cada paso. Es constante. Adictiva. Seductora. No hay tiempo qué perder.
Y huyo de las superestrellas del blog. Leo sus posts con aires intelectuales, con conocimientos profundos, con trasfondo de lectura minuciosa, pero no me acerco demasiado. Me mantengo al tanto de los post introspectivos y de los que no entiendo un carajo por ser completamente personales. Trato de leer lo que sintieron, no lo que escribieron (algo que las superestrellas blogueras han prostituído -muy su pedo-). Y leo un Luis que se repite. Un caníbal que coquetea: "todos somos todos. todos somos tú. tú eres como son todos."
Un arma automática. Un satélite espía. Tiki-tiki-pum-pum que algunos llaman beat. Un secreto a voces. Una mujer antiorgásmica que combina con algunos de mis ánimos. Y una ninfómana que se me sale de las manos. Alarma contra incendios. Alarma contra Luises. Vacuna antirrábica y un templo sin cimientos. Come, come, come de día y de noche. Alarga tu muerte todo lo que quieras. Acércala tanto como puedas. A fin de cuentas éste blog dice ser el blog que te espera. Éste Luis el Luis que termina. Y éste Canibal, el fuego que comienza.
Hace 5 días

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