Me siento en el sofá y me dejo estupidizar un rato por la televisión. Comerciales. Le cambio. Le cambio de nuevo. Salto canales y canales y me detengo donde veo un buen culito comercializando su imagen. Después de la observación obligatoria, continúo. Pero me aburro.
Me siento frente a la máquina y me dejo estupidizar un rato por el mundo blog. Malos posts. Entro a otro blog. Y a otro. Y a otro. Salto de blog en blog y me detengo donde veo un buen post que, o me entretiene o me hace pensar. Después de la lectura obligatoria, continúo. Pero me aburro.
Me siento frente a un amigo y me dejo estupidizar un rato por su plática. Pésimo tema. Pasamos a otro. Y a otro. Y saltamos de tema en tema y nos detemos en uno que más o menos nos conecta. Después del intercambio obligatorio de opiniones, continuamos. Pero me aburro.
Pongo algo de música y me dejo estupidizar un rato por los sensuales sonidos que masturban a mis oídos. Buenas rolas. Paso a otras. También buenas rolas. Me pierdo en las sensaciones que me produce alguna en especial. Es casi orgásmico. Mi mente está atenta al máximo, escuchando al mismo tiempo voz, armonía y melodía, la masa instrumental y (casi) hasta los mensajes subliminales. Alguien entra y me interrumpe. Después del coraje obligatorio, intento continuar. Pero no es posible.
Me dá risa la fingida seriedad a la que se induce. El coraje como que se olvida. Las ánimos como que se calman.
Y como mera reacción dizque natural, me dá por recordar, precisamente en ese momento, mis pubertas teorías existencialistas. Soy público de mi propio humor involuntario. Recibo mis aplausos y continúo.
Hace 5 días

0 comentarios:
Anda, deja tu letanía...