[Ahí les dejo un cuentito que no terminó de convencerme...pero, bueno, lo apunto para no olvidarlo.]
Y se detuvo en la puerta, aún con esa espinita en la cabeza diciéndole que iba incompleto. Y volteó y lo vió. Estaba ahí, debajo de la cama, con su mirada de desprotección, como un tesoro encontrado, como un peligro inminente.
Y lentamente salió y con uno de sus tres dedos dibujó en el piso unos garabatos. Le miró y le dijo en su lenguaje "Estamos de vuelta" Y luego hizo algo parecido a una sonrisa.
Y fué a la otra habitación, buscó su arma, la preparó, regresó y disparó.
Y muerto de miedo se acercó para saber qué era aquélla criatura del infierno que había matado.
El pequeño cuerpo se quedó tendido sobre el suelo, desangrándose. Era su hija.
Aterrado, abrazó el cuerpo y se echó a llorar desesperado. Temblando, maldiciendo y blasfemando. La vida de su hija se le escapaba entre los dedos por una vieja estupidez que siempre soñaba y que temía que alguna vez se hiciera realidad.
Durante toda su vida vivió bajo aquélla premonición de que sería algo así como la reencarnación del mal. Como si fuera el Anticristo o algo parecido. Y a pesar de llevar una vida digna, una familia y un trabajo estable, siendo una persona honesta, inteligente y sensible; siempre sonaba en su cabeza ese mensaje que más que mensaje era una advertencia:
"Setecientas almas te esperan. Creen que las guiarás. Nosotros sabemos que no será así pero no podemos quitarles la esperanza, te han esperado por mucho tiempo. Eres el conducto pero no un guía. Distas mucho de ello y de lo que ellos esperan. No eres alguien que conoces. Los elementos han sido siempre los mismos desde entonces. No tememos, ni a tí ni a los otros quince mil que vienen detrás tuyo. Estamos preparados. Tú, no."
[Le pondría más, pero estoy pensando en otras cosas por ahora...
Si quieren leer un buen cuentito, chéquense "Y la casa prometió protegerlo" del blog de CHIRIMENO. Muy recomendable para ocasiones familiares.]
Hace 5 días

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