Creí, muy inocentemente, que pronto conseguiría trabajo. Ahora veo que va a estar dificilón. No imposible, pero me va a costar; entre otras cosas porque es temporada baja y porque como que no tengo muchos ánimos de encontrar.
Llevo 27 días sin trabajar. 27 días que no han sido la 8va. maravilla pero que me han permitido tirarla a placer. Lo cual está genial. Se suponía que iba a aprender a tocar la guitarra. Llevo cuatro o cinco años intentandolo y posponiendolo. Llevo también cuatro años en los que me digo que me voy a aplicar para aprender a dibujar bien. Tampoco lo logro.
Hay quien dice que tengo mucho potencial, pero que no lo desarrollo porque me siento tremendamente solo. Que cuando encuentre lo que busco no habrá quien me detenga y que crearé cosas más allá de las cositas que acostumbro hacer. Tal vez sea cierto. Tal vez tengo todo acumulado para cuando encuentre a mi Gala, a mi Yoko, a mi Chela Lora, a mi Marthita Fox- y cuando eso pase, voy a ser como Yoshimi (Flaming Lips): me voy a entrenar para acabar con los robots malos!-
Mientras tanto, seguiré lidiando con el montón de malcogidas que me atienden de mala gana en las ventanillas -según Susy Q, todas las viejas gruñonas de las ventanillas de cualquier lugar, son unas malcogidas - y con tener que levantarme temprano para conseguir el periódico.
Acepto el reto, nole tengo miedo.
Ya verán, ya verán, lo voy a lograr.... un día de estos.
*** Pequeña nota médica: Está dando conjuntivitis. Demonios, lo que me faltaba!!! ***
Ah, para que vean mi generosidad, ahí les dejo el artículo de Susy Q.
De nada.
Las Malcogidas
-Por Susy Q
No es por nada, pero cada vez hay más y están furiosas. Es lógico, no saben lo que es abrir las piernas por convicción, ignoran lo que es recibir el amor encarnado en un miembro erecto y amoroso que se funde con una y que nos transporta, nos eleva y nos conecta con el infinito y más allá.
Ya lo decía la poetisa: “y es que todas sabemos lamer, pero pocas podemos mamar”. Amar y mamar no es lo mismo que lamer y querer. El amor es como la riqueza, está mal repartido, o tal vez sólo llega a quienes lo buscan, a quienes son capaces de apostar todas sus canicas por una causa perdida o, debiera decir, más bien, por un efecto encontrado.
Por eso o porque la madre naturaleza guarda secretos inconfesables, el mundo está lleno de malcogidas y malcogidos. O sea, no es que no lo hagan (incluso a veces lo hacen mucho y con quien sea), el asunto es que lo hacen mal, de hueva, como si les metieran un pinche supositorio en la cola con la cara de su novio o como fornican los osos del zoológico de Chapultrepo, sin siquiera verse a los ojos. ?Que cómo lo sé? Bueno, pues es cosa nada más de verles las jetas. Cuando una tiene un buen orgasmo con el ser amado, cuando una desquita las horas nalga de la escuela o la oficina con horas pelvis en el hotel o en el coche o en la cama de tus papás, el mundo se transforma en un algodón de azúcar y la sonrisa brota como un barro antes de tu fiesta de quince años.
La principal característica de las malcogidas es que no saben reír. Ah, y que siempre tienen la razón, por encima de la verdad incluso. Por lo general se les encuentra detrás de una vitrina o un escritorio, aunque también las hay en las universidades y, por supuesto, en los hogares comunes y corrientes. Casi siempre, por dolosos azares del destino, son un eslabón importantísimo en el trámite de lo que sea y gozan cada vez que se vuelven insoportablemente imprescindibles. A las malcogidas les gusta que les rueguen. Si vas a cobrar, te detienen el cheque y lo mandan a revisión; si es la mesera, se espera a que se enfríe tu sopa para llevarla a tu mesa; si es la burócrata que te va a resolver un cobro desorbitado en el recibo de la luz, decide que al llegar tú ante su magna presencia terminó su turno y ya te chingaste. En el fondo creo que odian a la humanidad.
A las malcogidas les gustan las cosas chiquitas, todo es chiquito para ellas, chiquito, chiquito, chiquitito dime por qué... y casi siempre les da por la filantropía y por ayudar a los niños pobres y discapacitados, como si hubiera un vínculo invisible entre malcoger y ayudar a los niños. Chiquitos, por cierto.
Las malcogidas hacen miserable la vida de quienes las rodean, sobre todo si se trata de sus hijos, y como casi todas las madres se vuelven con el tiempo unas malcogidas, realmente no hay manera de escapar a su veneno. ?Todas iremos para allá? Bueno, unas ya estaban ahí desde antes; por lo menos no les va a costar trabajo adaptarse cuando el asunto sea irremediable.
Si hacer el amor no te parece el punto supremo del éxtasis amoroso, si no se te hace una de las razones más convincentes para permanecer en este mundo de neandhertales amaestrados, si en cada orgasmo no ves la cara de Dios muriéndose de risa entre tus piernas, entonces debo decirte, con todo respeto, que eres una malcogida. Y podrás triunfar en la vida, ganarte un Oscar, tirarte a Brad Pitt, llegar al senado, detener los cheques, escribir veinte novelas, traumatizar a tus hijos o vengarte de la humanidad, pero vengarse no es venirse y aunque tengas a muchos hombres a tu disposición, ninguno de ellos podrá llenar tus vacíos.
Damas y caballeros: cuidado con las malcogidas… y que un falo milagroso se apiade de ellas.
Hace 5 días

1 comentarios:
no solo la calidad de la lectura sino ademas la calidad de la reflexion, mi mujer es mal cogida, evaluare si soy culpalble o viene de antes...
Anda, deja tu letanía...