Historias de Facebook
Algo se muere en mí cada que leo las historias tristísimas en Facebook. Historias sobre bebés abortados que les hablan a sus madres, bebés que conocen el lenguaje y utilizan un millón de diminutivos. Historias cursis e inverosímiles sobre matrimonios y gente con cáncer, historias para reflexionar al más puro estilo televisivo de poca monta, con intenciones de profundidad y argumentos simplones.
"Mamita, soy tu hijo. Llevo un par de meses creciendo en tu pancita y me gusta porque está calientito y cuando la tocas me siento protegido. Pero hace unos días te escuché decir que no me quieres, que sólo te traeré problemas y que no estás lista para tenerme"
CORTE A: "¡Mamita, no dejes que me arranquen la piernita, me duele, tengo mucho miedo! Yo te amo, me portaré bien, te lo juro, por favor, no dejes que me maten!"
Un chingo de gente las comparte y Esopo se retuerce en el infierno cada que alguien lo hace. Es increíble pero la explicación más cercana que se me ocurre es que en la mayoría de los casos los gustos argumentales se han formado en base a la televisión abierta y las películas comerciales. Vea usted el perfil de la persona que comparte estas linduras y verá que es alguien que, mientas caga, a duras penas lee los ingredientes enlistados al reverso del shampoo.
"Todo ese tiempo ignoré a mi esposa. Estaba muy ocupado con mi amante, divirtiéndome con ella y pensando en que todo saldría bien. Qué estúpido fui. Mi esposa tenía cáncer y nunca me lo dijo para no preocuparme. Dejé la carta sobre la mesa y lloré pero ya era demasiado tarde: ella ya estaba muerta."
Es gente que siente que esas historias abarcan la complejidad de la psique humana, la bajeza o alteza de los sentimientos y la importancia que debemos darle a nuestra existencia. Gente ávida de lecciones de vida y ejemplos a seguir, gente que no cuestiona mientras el mensaje sea benévolo porque lo benévolo nunca debe cuestionarse: se da por sentado que la historia es útil por el simple hecho de contener un mensaje claramente positivo.
Y es que para sentimentalismos, mejor me quedo con el chino sordomudo u.u
Cada quién es libre de leer lo que le venga en gana, lo sé, y cada quién es libre de escribir lo que se le hinche un huevo, también lo sé; lo que me preocupa con ese panorama de lectores es no encontrar los míos. Poco a poco voy perdiendo la esperanza de ser leído a menos que escriba con esa cursilería que parece exigir la tendencia.
Si aún no han leído alguna de esas joyas de las que hablo o si quieren comenzar a compartirlas, entren AQUI y dense un quemón.

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