jueves 19 de noviembre de 2009

Diarios del Fin Del Mundo



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Autores:



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Bueno, dejémonos de cosas, ¿cuánto dan por el PDF?




lunes 26 de octubre de 2009

La actriz porno que quiere que la tomen en serio


Es 2009 y Marina Ann tiene 21 años. Han pasado sólo 3 años desde que le entró el gusanito (o gusanote) de pertenecer a la industria porno. Ahora se hace llamar Sasha Grey y quiere que la tomen en serio.

El camino que escogió para lograr que los directores serios (es un decir) la tomen en cuenta fue hacer una película experimental llamada The Girlfriend Experience, la cual es malísima. Reto a cualquiera a ver más de 10 minutos, sin aburrirse.

El problema principal de TGE es que carece de un argumento sólido y al correr de los minutos el espectador (siempre quise hacer una reseña usando la palabra "espectador") comienza a tener la sensación de que no está ocurriendo nada y que le vieron la cara de pendejo descaradamente. Yo lo sentí, snif.

Se me ocurren por lo menos 3 historias más interesantes con los mismos personajes, el mismo presupuesto y hasta la misma cámara desenfocada. Y no soy un guionista profesional, es más, ni siquiera soy guionista.

Mientras en sus películas porno Sasha no se tienta el corazón ni piensa en su salud a la hora de hacer marranadas, en TGE se le ve mansa, dopada, sin emociones, con una risa que peca de falsa y un desnudo simplón que me hizo pensar "carajos, no pudiste aguantar las ganitas de encuerarte, ¿verdad?"

Vaya, ¿cómo bajarla de puta si no demuestra lo contrario? Con el dinero que se embolsa por que la revuelquen frente a una cámara bien pudo hacer una película independiente mucho mejor que eso.

Y es que son punto y aparte sus contribuciones al mágico mundo del porno. Sasha hace de todo y para todos: le hacen capirucho entre varios, se arriesga en los A2M y se viste como niña inocente. Esto le ha valido premios de la industria, con todo y que le hayan infectado de clamidia. Es decir, talento para putear no le falta, tiene el estómago necesario.

Por tanto, con este churro llamado TGE, es difícil que sus fans dejen de verla como un pedazo de carne ansiosa por que la traten como una perra (o algo así) y comiencen a pensar en ella como una actriz común, capaz e ingeniosa.

El respeto es algo que se gana. Jenna Jameson (más vieja y más sabia que Sasha) escribió un interesante libro acerca de su experiencia en ese mundo de mala muerte. Aquí pueden leer unos extractos. Es obvio que Jenna no queda como una persona inteligentísima pero por lo menos deje ver que es una mujer común, con los sentimientos terrenales de todo ser humano. Y eso es bastante ganancia.

domingo 25 de octubre de 2009

La rata gigante

Escribí un cuento, uno que se me ocurrió estando entre dormido y despierto. Es como para niños, creo, no sé.

Vayan y léanlo.

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martes 13 de octubre de 2009

Cómo ser feliz

Mucho se alega que el dinero no da felicidad y ok, ok, no la da. Y mucho se alega también que el amor da la felicidad y digamos que la da pero no la da toda (y si piensas que sí, entonces algo anda mal).

Entonces ¿dónde coño está la perra felicidad? ¿En Dios? No. ¿En el sexo desenfrenado con desconocidos? Casi, pero no. ¿En matar a nuestros padres? Caliente, caliente pero tampoco. ¿En la Navidad? Largo de aquí.

La felicidad está —adivinó, querido lector— en las cosas simples de la vida. En esas cosas que no cuestan mucho, que se disfrutan en determinado lapso de tiempo y que mueren dejando una sensación agradable... sensación que también morirá en algún momento. La felicidad explosiva que tal vez usted anhela con desesperación sólo existe en las películas, en esos libros rosas que lee, en su imaginación permenentemente viendo hacia el futuro o hacia el pasado.

Cosas simples que tal vez le hagan feliz (mi lista no tiene porqué ser la suya):

-Chingarse un cigarrito de mota y escuchar buena música
-Echar pata cuando llueve
-Comer algo sabroso, que no coma regularmente (tortas de cochinita pibil tssss)
-Aprender algo nuevo e interesante
-Joder a los morritos pero sin pasarse de culero
-Un día, nomás por gusto, no ir a trabajar y no estar de chillón con "me van a descontar el día bujuju!"
-Caminar sin rumbo
-Una plática banquetera con una caguama a lado. De preferencia Indio.
-Abrazar sin ser cursi ni chicloso ni mamón
-Reirse hasta que duela la panza, acá, salvaje el pedo
-Levantarse hasta tarde, comer en la cama y volver a dormir. No tema, no es pecado.
-Practicar algún deporte en equipo sin creérsela tanto. Nadie es tan verga como para sentirse soñado.
-Quedarse un ratote bajo el chorro de la regadera
-Conocer a alguien interesante. Es difícil, lo sé, pero posible.
-Permitirse algo prohibido
-Hacer algo que solía hacer cuando era niño, como romper botellas a pedradas afinando la puntería
-Elucubrar un plan pendejo pero emocionante
-Dibujar. Dibujar aunque se haga mal. Dibujar más.
-Ayudar en buen plan, sin intenciones de hacerlo para quedar bien ante los ojos propios
-Caminar descalzo en el pasto, corriendo el riesgo de que un puto bicho nos hinque el colmillo
-Ver fotos de hace 5 ó 10 años y cagarle el palo a los que se veían más ridículos que nosotros
-Echarse unas carreritas hasta sentir que se va a vomitar el corazón
-Escribir recados a mano. Como con los abrazos: sin ser cursi, chicloso ni mamón.
-Prenderle fuego a algo
-Escuchar música en una azotea, con buena compañía


Ya se me ocurrirán más.



No sea holgazán, hágase responsable de su miseria. Yo, por lo pronto, me largo a dormir.

lunes 12 de octubre de 2009

¿Que le pasa a Lupita?

No sé pero sí sé qué es lo que quiere: bailar.




Bailar es un acto ridículo por donde se le vea: quítenle la música a cualquier baile y verán el tan sinsentido que es. Aunque, eso sí, lo ridículo no le quita lo sabroso.

Y es que bailar se siente bien, el headbanging se siente bien, tomar de la cintura a una vieja y darle vueltas a lo pendejo se siente muy muuuuy bien. Hay un gen, estoy seguro, en el que están escritos los movimientos primitivos del chancleteo aparentemente involuntario.

En cuestiones de bailar, cualquiera baila. Incluso hay tipos que pagan a una mesera por bailar con ella una pieza cumbianchera. Son mujeres ajenas a este mundo, putas del baile que por 20 pesos rentan sus carnes pero no sus miradas. Las excepciones, las que disfrutan el ritual, las que sonríen y parecen a gusto, de verdad empapadas de un sudor que quiso salir (no que debió salir) son las que mayor clientela tienen. Las demás o ignoran la fórmula o se hartaron de fingir.

No importa si se hace bien o mal, en el baile lo importante siempre es la transacción. A veces son 20 pesos, a veces es el momento de diversión, a veces el coqueteo, ese preámbulo del evento a cuatro patas que se antoja romántico o salvaje pero sin duda necesario.

Y el buen bailarín se siente seguro: da sus vueltas, sus maromas, eso que él llama "el sello personal" y se regodea en silencio pero con una sonrisa que lo delata. A la pareja puede resultarle de pena ajena, admirable o sufrimiento puro en caso de inexperiencia. No siempre es igual.

En el otro extremo, el bailarín ignorante tiene una buena carta de presentación, a pesar de los pesares. Puede pasar un buen rato y tener mejor tema de conversación a causa de su ignorancia; es el aprendiz, al que le dicen "y ahora ese pie para atrás, así, ajá" y él lo hace, sonríe y no hay signos de regodeo en ello pues ¿quién se enorgullece de su estupidez?

Pero no hay nada peor que alguien que baila con ánimos deprimentes, esa gente que pone cara de muerta y no sonríe, no mira, no platica. Son cadáveres movidos por la inercia social del "bueno, debo bailar" o la incapacidad de decir "no, no quiero bailar". Esa gente es, mierda, tan inolvidable gracias al mal momento.

-¿Cómo te fue anoche en el antro?
-Chingón, conseguí nalguita pero no mames, primero bailé con una pinche muerta
-jajajaja pendejo

De ese tamaño.


¿Y el baile onanista? Tema aparte.
¿Han visto a esos entes que se menean solitarios e intoxicados en una melodía que pareciera les está descifrando el significado del universo? Perdidos en su mundo, se masturban entre la masa. Me corroe mal pedo la envidia porque me queda la sensación de que viven en el orgasmo contínuo ¿y quién no quiere vivir así por lo menos unas horas? Pero luego lo pienso de nuevo, los miro a detalle y me doy cuenta que yo no soportaría eso ni 5 minutos sin sentir vergüenza conmigo.

Tal vez algún día lo haga. Tal vez, si llego a viejo, lo haga. Porque los viejitos siempre bailan bien aunque lo hagan mal. Ha de ser por las prisas de la muerte que nos orilla a hacer las cosas como se debe, pasándonos por los huevos las leyes que dicte el gremio. Y entonces pienso "sí, pinche negro, bailarás solito cuando llegues a viejo". Con una chela en la mano, con mi sonrisa chimuela y mi vieja sentada en su mecedora gritándome "yaaaa, coño, ven y siéntate aquí que me dejas en ridículo".

Hermoso el futuro que me espera.




Ah, casi lo olvido:

¡Ruuuudy, Ruuuudy, Ruuuuudy!


Servidos.

lunes 5 de octubre de 2009

Hijos maleducados

Un enorme, sincero y pulposo "¡chinguen a su madre!" a todos los padres de familia que tienen hijos berrinchudos y jodones.

Nadie los soporta, ni siquiera ellos que los parieron. Se avergüenzan, sonríen nerviosos a los desconocidos como diciendo "uy, este mi hijo, otra vez con sus cosas" y los demás les sonríen condescendientes pero pensando "asquerosa bestia mal educada, mereces al padre que tienes".

Demonios compactos que saben que su voluntad es indiscutible, que son libres de moverse y que serán perseguidos sin consecuencia, que pueden hablar con desconocidos en el tono confianzudo de la impunidad. Y los padres, carajos, siguen sonriendo.

No quiero decir mucho, sólo que los detesto y que el día que tenga un hijo ojalá lo quiera lo suficiente como para arrearle un vergazo al primer berrinche... bueno, al segundo, tampoco hay que ser tan ojetes.


Si usted tiene un hijo berrinchudo, por favor, por favorcito, no me sonría. Si tiene un hijo y este no es un animal intrusivo del espacio personal ajeno, mis más grandes felicitaciones: ha contribuído con la civilización (de un modo humilde, que quede claro, pero contribución a fin de cuentas).

viernes 2 de octubre de 2009

Sobre escribir

Escribir en twitter apendeja. Uno deja de ver el mundo en párrafos y comienza a verlo en 140 caracteres, cuántos quedan, qué le cabe, qué puedo decir. Luego, el monólogo existe durante el tiempo que los demás están sin escribir. Tan pronto escriben algo, tu monólogo se desplaza, se va apagando y se pierde entre la mierda de los demás monólogos. Si alguien dijo algo bueno a las 9 de la mañana, a las 3 de la tarde nadie lo recuerda.

Entonces te ves en la necesidad de seguir cacareando durante más tiempo para seguir existiendo en las líneas de tiempo de los demás. Si quieres ser leído debes escribir más, no mejor.

***

Acepto que le tengo una hueva indescriptible a escribir en papel. Se lleva más tiempo y odio mi letra. No tengo la letra estética, ni la línea recta, ni siquiera mantengo un tamaño constante durante la escritura: tengo letra de psicópata.

Sin embargo ahora hago la ridiculez de cargar con una libreta pequeña con un bolígrafo. Tan grande es la incomodidad, que no he puesto ni siquiera mi nombre en ella por la vergüenza de que al hacerlo, mi yo interior se cague de risa y me diga "¿qué pedos? ¿ahora te sientes escritor?". Y se aleje de mí buscando una barra de bar, platicar con una mesera culona y me mire de reojo en evidente victoria. La realidad, me dirá con eso, no es escribir tus pendejadas.

***

He llegado a la conclusión de que la falta de ideas se debe a falta de práctica. Tal vez leer ayude pero tengo la mala costumbre de que termino escribiendo en el tono y estilo de lo recién leído. La originalidad de la que me enorgullezco en silencio, en el baño, mientras me rasuro, se va por el drenaje de una imitación infantil que no detecto sino a la mitad de un texto que generalmente no tiene sentido.

Ya no escribo mejor ni siquiera cuando traigo un trozo de mierda atorada en el pescuezo. Saco el trozo, lo escupo, me asqueo y la sensación de entera libertad sigue puteando quién sabe dónde. Estás sólo, me dice aquel desde la barra de bar.

***

Tengo la mala espina de que a este paso terminaré convirtiéndome en la copia de lo que solía ser en los buenos tiempos de 2004/2005. Me gustaba lo que escribía. Luego no sé qué pasó exactamente, algo se rompió o sólo comencé a aburrirme. O fue la decepción: un día, me di cuenta que el reino blogueril está plagado de posts como los míos y no porque me los hayan pirateado sino porque he sido, sin proponérmelo, la sombra de una voz adolescente que bala al ritmo natural de las edades.

Tengo 29 años, carajos, no puedo pretender que tengo 24 y brincar como macaco ante una retahila de incoherencias.
***


Lo que me queda por hacer, es escribir. Tengo una idea base sobre la cual trabajar pero me empeñé demasiado jugando con un software y haciéndome el diseñador. Será un PDF con una historia larga o varias cortas con un hilo conductor. Se llamará "La Fuga de los Demonios" y espero, de verdad, tenerla lista muy pronto.
Aqui la portada.




La intención es sacar historias constantemente en este formato para que ustedes, si quieren, hagan labor de distribución entre sus conocidos. La otra intención, la subterránea, la sabrán a su debido tiempo... aunque supongo que la sospechan.




Un abrazo, perras.