Alguna vez vi un documental en el que un pájaro se dedicaba a coleccionar cosas azules para impresionar a la posible pareja. Tal cual: cosas azules. El pobre pajarraco se quebraba el lomo buscando basura azul que no le serviría de nada, ni siquiera como nido, con tal de tener una oportunidad de pisarse a la pájara. A ojo de buen cubero, la pájara decidía si el esfuerzo por lo azul había valido la pena y le aflojaba las plumas o no.
Hay casos más humillantes. En otra especie, y no me pregunten cuál, el macho debe hacer un baile ridículo para poder darle gusto a la hormona y reproducirse. La misma historia: la pájara dice "¡ay qué bien bailas, papito, vamos a coger!" y todos felices. O casi, porque también hay pájaros a los que les va mal porque su coreografía es jodida y deben esperar todo un año para tener otra audición.
He visto casos cómicos y tristes como los de esos pobres animales. Tipos que se esfuerzan tanto por ser la mejor versión de sí mismos con tal de impresionar. Tan carismáticos y tan comprensivos, de tan buen humor y esa amabilidad salida de quién sabe dónde. I Choo-Choo-Choose You. La misma ridiculez del pájaro que baila nervioso pero esperanzado y con su corazoncito a toda máquina. Hasta que un día se desploman, hayan sido aceptados o no, pues no hay función que dure toda la vida.
O las tipas que con basura azul aflojan las nalgas. La sonrisa excesiva, los ojos brillantes y la plática que no tiene sentido pero con cuánto entusiasmo se mantiene, porque para hablar son buenísimas y pueden hacerlo por horas. Y del sexo les nace el amor o algo que se le parece. Hasta que un día el tono pierde el encanto o azotan de culo en la realidad. Si es lo primero, se repite el ciclo.
En ambos casos, al final hay un dolorcillo inevitable, claro, pero el ínter es delicioso y supongo da esa sensación de que se ha cubierto una cuota de felicidad. Yo voto por eso a pesar de la comicidad y la tristeza de los sketches. Vaya, está bien para ellos y siempre nos tendrán a nosotros como buen público paralítico y hambriento.
Regrésenme mi silla de ruedas, malditos.
*** El título del post se debe a una serie de grafitis que he visto en el transporte público. El mismo tipo escribió en varios camiones (y en varias partes de cada camión) el mensaje de amor para Blanca.
Prefiero no conocer al autor ni a Blanca. Me parecen interesantes así. Sería un madrazo a la ilusión descubrir que Blanca es sólo una mujer ordinaria, sin mayores atributos que gustarle al tipo, y que el tipo sólo sea un enamorado común, sin mayor habilidad que garabatear repetidamente un mensaje que lo acerque más a acostarse con ella o a creer que lo que siente será para siempre. ***
P.D. Nada qué ver con el post pero recordé algo que me hizo sonreir: la gente es muy sensible cuando se le critica. O sea, está bien criticar a los demás y ser un grupito unido y reirnos de ellos pero está mal si somos críticos entre nosotros. Niño malo, niño malo. Me parece una soberana estupidez que sea así. Es decir, el tipo de allá es un pobre gordo relleno de mierda y seguramente carece de autoestima pero en cambio tú, mi amigo, tú solamente estás pachoncito. Sí, claro.
Esta regla implícita, aunque pendeja, la acepto a regañadientes en la vida cotidiana, en el día común con la gente que convivo por necesidad o por gusto porque finalmente me mantiene flotando en las aguas de la mierda social. Pero resulta un pastelazo de comicidad involuntaria en el mundillo de los blogs. Uno no debería ofenderse tan fácil por lo que lee en otro blog o en los comentarios del propio. El cuchillo cebollero debería apuntar filoso hacia afuera pero las más de las veces hacia adentro pues se ganan dosis saludables de inmunidad en el ejercicio. Uno no acaba siendo retazos de sí mismo, lo garantizo, y digiere de forma diferente las críticas... que son sólo opiniones con espinas de sabor artificial.
Buenos días.