La música ya iba llegando al último compás

19 de mayo de 2016

I
No es un secreto que poco a poco le he perdido el gusto a postear aquí. Aún me queda algo pero ya no es la misma emoción de hace 7 u 8 años. Supongo que por mucho tiempo me negué a aceptar que los blogs personales habían muerto y que lo de hoy es escribir los mismos azotes en otros lados. Me negué por egoísmo, claro, porque me gusta(¿ba?) más ver una página entera escrita por mí, que mis pedacitos flotando entre los pedacitos de otros, y luego verlos perderse entre videos de gatos, protestas sociales y memes insuperables. Video Killed The Radio Star.
Gracias a este blog he conocido a personas extraordinarias, algunas han marcado tanto mi vida, que aprendí a extrañar en pixeles. Suena tremendísimo, pero fue bastante natural, el blog lo hacía natural. Creo que durante buena parte de la vida de este sitio, escribí sólo por el gusto de conocer personas.
Facebook no me ha hecho conocer a nadie de los que comparten mis estados o comentan mis babosadas. Hubo un día que la página de FB amaneció con un montón de likes y el crecimiento fue como de 500% o algo por el estilo. Todo gracias a un meme. Y es la fecha en la que sigo sin tener señales de todas esas personas, aunque ahí siguen, porque un like no es un lector ni un conocido ni nada. Un like es una dosis de alegría para el ego, pero se diluye rápidamente.

II
Siempre quise que escribir me diera de comer. Bueno, no siempre, pero sí desde hace ratote. Sé mis limitaciones y que mi casi nula calidad literaria es como mi guapura de banqueta: habrá personas a las que les guste, pero nunca apareceré en la portada de Men's Health. Ni modo. Pero a pesar de los pesares, quería que mis obritas se vendieran y esa es una confesión que debería avergonzarme porque qué pinche capitalista, qué poco amor al arte, qué pinche mercenario, qué te crees, mi negro, ni que fueras Jemingüei. Y no lo soy ni me interesa serlo, pero sí quiero que lo que escriba se venda y se venda bien o por lo menos lo suficiente como para pagarme lo básico para vivir, como el agua, la luz y los vicios. Por eso nunca terminé el libro que siempre les dije que ya merito y hasta nombre y portada tenía: sentía que regalaría algo que en realidad quería vender y no me atrevía a venderlo porque me daba muchísimo miedo el fracaso. Era tan ingenuo, tan cobardito.
Durante muchos de estos últimos meses me revolqué insistente en un lodazal del que no me siento orgulloso. Lo único de provecho fue cuando terminé y dije: bueno, pues, ¿qué sigue? Sigue tirarme de cabeza al pozo y con los ojos cerrados, vender mis posts como si fueran literatura, de la baratita, pero literatura.
¿El género? El bolillo que se vende y que, hasta eso, creo que se me da. Hago changuitos por que funcione pues mi cabeza me dice que es una estupidez, pero que, sí, tengo que hacerla y no morirme con la duda.
Si no funciona, siempre se puede volver a la opción standard de las 8 horas, del por fin es viernes, del ¿ya depositaron? y del qué bueno que este fin es puente, hurra.
Sólo un favor: mátenme si un día me ven saliendo de trabajar de una oficina, con gesto de tristeza y caminar pesado y una nubecita sobre mi cabeza en la que fantaseo con lo que debí hacer desde años. No se preocupen: no será homicidio, será eutanasia, un acto de compasión.

III
Gracias por todo y hasta pronto.