Breves
Instagram y el talento de los filtros
Alcanzo a ver cómo Flickr se revuelca en su casi tumba ante la preferencia masiva por un Instagram que vino a destronar los detalles técnicos (qué apertura ni qué nada! qué obturación ni qué mis huevos! qué modelo de cámara, por favor!) por unos filtros bien monos: el photoshop de bolsillo para el fotógrafo aficionado y sin ganas de aprender. ¿Y el fotógrafo profesional? También está en la aplicación pero bien dicen que el perico donde quiera es verde. Y pues sí.
¿Flickr tiene app? Ni idea.
#YoSoy132
El movimiento está lejos de ser la vuelta de tuerca que se propone. Aunque ya pusieron a pensar, amenazar y a hacerse los tolerantes a los del PRI, aún queda por cambiar la médula del triunfo: la doñita que acepta una despensa, el don al que le dan 500 varos por dejarse acarrear, el paisa en la sierra que acepta ayuda económica por que necesita seguir estudiando y, ni pedo, ahístá mi voto.
Se ven arrasadoramente hermosos protestando en las ciudades todos esos iberitas, unamitas y vietnamitas, genial, ahora vayan y cambien la mentalidad de la gente de pueblo. Péguenle una pancarta a un rarámuri antes de que se aviente a un barranco, diciendo que él, con $132, la habría armado bien chingón para tragar.
Mis vecinos tienen dos pinches perros que ya no aguanto
¿Saben porqué se murieron los blogs personales? Por que la cotidianidad dejó de ser interesante en párrafos tan largos, excepto para un puñado de nostálgicos hipsterosos (ya ven, ahora todo es hipster). Eso me recuerda que debo escribir uno de esos posts larguísimos con la vieja intención de que no lo lean completo sino que se salten al final, como en las pornos.
Claro, nunca falta quien argumente que los blogs están vivos sólo por que ve un par con entradas recientes. Asume que la mal llamada blogósfera tiene pulso y en realidad es sólo un montón de carne agonizante.
Lo de los perros es cierto.
El mundo nunca será para los ciclistas
Uno no puede andar por la vida trepado en una bicicleta, sin el temor de morir aplastado a pesar de las precauciones. El ciclista es el estorbo del automovilista, la puta pulga en el culo, lenta como un río de mierda e invisible aún con un árbol navideño de 500 luces encima. Échate una bendición en cada cruce con preferencia y vacúnate contra la rabia cada 5 esquinas por que los perros, como los automovilistas, carecen de educación vial.
Por eso quiero largarme a Holanda, paraíso de los ciclistas (lo de la moi es un pretexto despistador por que en este país se produce desde la panteonera hasta la que vale 49 decapitados).
Ninguna sorpresa musical
Mi reproductor de música es una bazofia sobre valorada que no me ofrece mayor sorpresa que la de un juego para niñas del que me estoy volviendo adicto: Diamond Dash.
Su función principal (reproducir música chingona) la relego debido a mi abulia en ascendencia. El panorama musical que me pongo a la mano es tan reducido que en mis ratos muertos del trabajo, además de mendigar vidas en Diamond Dash, entro a musiteka.net a ver qué hay que pudiera valer la pena y no encuentro un sólo álbum que me pida a gritos ser escuchado. De ese tamaño.
Tanta y tan buena música esperando a que la baje y yo ahí, haciendo nada, escuchando las mismas 2 mil canciones de siempre. Mis tímpanos se caen en pedazos a falta de caricias.
Recomiéndenme algo, además de dejar de comer esos Gansitos que se depositan poco a poco en mis lonjas Marinela.
--Ya hasta siento como que los quiero de nuevo.


